Tiene que haber una medida para todo, un referente que nos haga entender si lo que nos acontece es normal, relativamente normal, relativamente anormal o anormal del todo. Sin esos referentes, vivimos sumidos en la confusión y en la angustia. ¿Cuál es mi condición? ¿Soy del montón? ¿Mi montón es bueno? ¿Soy un tipo raro? ¿Es lo mío un problema?
Muchos debían vivir en esta indefinición hasta que han llegado unos urólogos y han objetivado el término “eyaculación precoz”. Lo que hasta ahora era una sospecha de sí o de no, a partir de ahora se va convertir en algo sometido a un patrón que va a objetivar lo que no eran m´s que puras sensaciones subjetivas. La Asociación de Urología Americana acaba de definir y acotar bien el concepto: hay eyaculación precoz cuando entre la penetración vaginal y la eyaculación pasa menos de un minuto. Así que me veo ahora a montones de tipos que, disimuladamente, van a incorporar un cronómetro a sus relaciones sexuales para saber si son unos eyaculadores precoces o si, por el contrario, entran dentro de la categoría de eyaculadores a secas, aunque tal vez esta expresión no sea la que mejor se adapta a tan húmeda consecuencia.
Esa cara de alivio del tipo cuando, tras el éxtasis momentáneo recupera el conocimiento, mira de reojo el cronómetro y comprueba que ha tardado ¡un minuto un segundo! Sí señor, ya no me van a poder acusar en falso, a partir de ahora ya tengo el diploma de eyaculador normal expedido por la Asociación Americana de Urología. Aunque, así las cosas, yo sugeriría que hubiera una autoridad que homologara los records, no vaya a ser que algún tramposo retrase a drede el momento de pulsar la tecla del cronómetro. Por otra parte, ¿a partir de qué instante se puede hablar de penetración en sentido estricto? ¿Cuenta a partir del primer milímetro o centímetro, o acaso se requiere una profundización mayor para homologar la marca? Son matices estos tan importantes que por ello sugiero que todas estas cuestiones se diluciden ante un equipo de jueces y con unos cronometradores como los del los Juegos Olímpicos.
Tal vez por la polémica como la arriba descrita, el estudio efectuado añade que, además del tiempo, debe “incapacidad para retrasar la eyaculación en todas o casi todas las penetraciones vaginales, y consecuencias personales negativas para el hombre, como estrés, preocupación, frustración y/o un rechazo ante las relaciones sexuales”. Digo yo que esto, más que un adendo debería el núcleo del asunto, pero reconozcamos que estoy lejos de ser una autoridad en estos temas.
Por otra parte, tiene su gracia que el estudio incida sólo en la penetración vaginal. Con el estudio efectuado, los gays estarían libres de eyaculación precoz, lo cual no sé yo si será del todo cierto. Así que tal vez sería conveniente ampliar el tipo de relaciones sexuales contempladas en el estudio, ya que todo el mundo tiene derecho a disponer de su propio patrón de medida.
Me ha gustado mucho la frase de Ira D. Sharlip, principal autor de este estudio, que afirma “no hace falta que sufran en silencio”. Peligrosa frase que puede llevar al equívoco. Espero que nadie acabe tratándose la eyaculación precoz a base de Hemoal.











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