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Como soy un insensato que no sigue los consejos de la Directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás, esta mañana he leído una vez más la prensa. Y, claro, me he cabreado, como no podía ser de otra forma. Advierto, eso sí, que la noticia la he leído en uno de los periódicos indeseables para la señora Regás, El Mundo, uno de los impresentables medios que no cantan con alegría las loas al Gobierno.
Reconocido mi pecado, no sé si matizado por el hecho de que también leo y con igual interés El País, les reproduzco la frase del Ministro de Justicia que me ha provocado el cabreo: ha pedido a los empresarios vascos y navarros “que resistan la tentación” de pagar a ETA el mal llamado impuesto revolucionario. Que resistan la tentación, sí, han leído bien, que resistan la tentación. Rememorando al cura que al otro lado del confesionario algún día le dijo “querido hijo, no caigas en la tentación del pacer solitario”, el señor ministro ahora se pasa al otro lado de la celosía y les dice que no caigan en la tentación, algo que sería innecesario si el señor ministro cumpliera su obligación y la del gobierno, es decir, la de librarles del mal, amén.
Igual es que todavía estoy influido por haber estudiado en un colegio de curas y que, a pesar de mi agnosticismo, sigo identificando la tentación con otras cosas. Me imagino muchos tipos de tentaciones, todas muy estimulantes, y tal vez por ello jamás colocaría pagar a ETA en el catálogo de tentaciones en las que puede caer el ser humano. ¿Será que soy un vicioso y sólo pienso en otro tipo de cosas? En fin que me quedo bermejo, nuevo sinónimo de perplejo. Bermejo: ser humano que se queda perplejo tras escuchar o leer una declaración del ministro de Justicia.

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