El otro día inicié los fotocomentarios y me animásteis a seguir con ello. En primer lugar dejadme redordar que el primer comentario tenía que ver con una tienda de ropa, Etro, lo que me llevó al grito de los estadios de fútbol, ese que dice “manos arriba, Etro es un atraco”. Pues bien, ayer pasé por delante de la tienda y vi un bonito jersey de lana verde, de cuello alto, con dos hebillas en el mismo. Miré el precio: ¡¡¡¡1.000 euros!!!! Sin comentarios.
El hecho es que animado por vosotros me he lanzado a la calle a ver si encontraba inspiración y lo he hecho en un corto tramo de la calle Hermosilla de Madrid, en pleno Barrio de Salamanca. Es curisoso como en este barrio, uno de los más caros de Madrid, con las tiendas más cuidadas de las marcas más in, uno puede todavía realizar un viaje al pasado. Esta foto es un primer ejemplo
Al verla he viajado cuarenta años atrás en el tiempo. El niño con el uniforme (he ocultado su cara por razones obvias), los rótulos, el escaparatismo con esa profusión de paquetes de café y de te, el marmol blanco en la parte baja del escaparate, el respiradero metálico, todo me llevaba a otra época que nada tenía que ver con el ritmo que se vivía alrededor.
Pero mi viaje en el túnel del tiempo ha continuado.
La foto es mala (hecha desde la moto casi sin poder parar). Nuevamente la exposición de enchufes e interruptores de la Ferretería Benidorm invita a un regreso al pasado. No se ve bien, pero todos los elementos están colocados sobre un tablero (el amarillo) de agujeritos, que yo no recordaba haber vuelto a ver en los últimos cinco lustros. La reja, la disposición de los elementos creaban de nuevo la sensación de desperatr en otro momento de tu vida. Pero los establecimientos de otros tiempos seguían apareciendo.
Este otro local, con un rótulo de droguería que no se corresponde con lo que vende, me ha traído a la memoria una tiendecita de Barcelona donde yo iba a comprar unos soldaditos de plástico en miniatura con los que me dedicaba luego a jugar al fútbol en una campo de tela verde. Aquella tiendecita tenía esa misma disposición a la entrada, con un escaparate muy similar y con unos juguetes muy en la línea de los que se ven en esta. Otra vez he hurgado en recuerdos de hace más de treinta años. He pensado combatir el aturdimiento de la añoranza y la melancolía con una cañita y, entonces, me he encontrado con esto
Mola el nombre, el aspecto con el azulejo verde, el letrero con su color amarillo, el número 67 y cómo el menú (nuevamente la foto desde la moto se me ha emborronado un poco) está escrito a mano en un folio y pegado con celo. Vamos, que he pensado que la caña que me iban a dar iba a ser añeja y que igual se me subía a la cabeza, lo cual yendo en moto no es nada conveniente. Por romper con la ensoñación, he intentado encotrar referencias actuales. La primera no lo puede ser más. Su proganonista es Friki.
La foto es también muy mala, pero da igual. Me encanta ver una tienda que llama Friki con una ropa que no podéis ver, pero que me remite un poco a la estética de los niños de hace unas décadas cuando los vestian para ir a misa. (He pasado rápido y puede ser un comentario apresurado, pero esa es la impresión que me ha dado). Así que esta tienda era, en cierta medida, el punto de unión entre el pasado que estaba reviviendo y el presente de una tienda con un nombre tan Friki.
En el presente me he encontrado dos cosas más que me han hecho gracia. La primera es esta.
El frikiministerio, vaya, porque no me digáis que no es un poco friki el carrtel en el que el “a ver si me comprende” de mantenimiento ha dicho “esto se arregla fácilmente”. Y armado de retulador lo ha dejado divino. Que hasta le ha puesto el punto a la i de sociales. Aunque, ya puestos, se los podría haber colocado también a las íes de ministerio. Por otra parte, hay que reconocer que la eses bailonas tienen un ritmo casi contagioso. Qué fenómenos hay sueltos por ahí. Y para acabar una joya, una alegoría de uno de los grandes problemas del país.
Ahí lo tenéis: Bankoa, vasco donde los haya, absorbido por los franceses (Credit Agricole) uno de los frentes de su problema. Y el otro el Frente Nacional español, que ensucia su territorio con su opresión del cristal. Aunque, tal y como están las cosas, más me parece a mi que el lío lo monta el frenta nacional-ista vasco. ¿Estoy mal de la cabeza, verdad? Es lo que tiene viajar en el túnel del tiempo, que alguna neurona se debe caer por el camino.









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