La memez de las sociedades que gestionan los derechos de los autores no es patrimonio exclusivo español. Una noticia proveniente del Reino Unido que he leído gracias a meneame alerta sobre las nuevas ideas que semejantes asociaciones quieren poner en práctica. En su estrategia de “frente al avance de la tecnología intentemos cobrar por todo lo que se menea con las ondas del sonido”, los autores del mundo ponen su mente a trabajar en ideas surrealistas para cobrar en lugar de ponerse a trabajar en diseñar su nuevo modelo de negocio.
La noticia del Reino Unido parece inventada, en la medida en que a nadie con dosis normales de sentido común se le ocurriría esto. Pero tampoco el common sense (versión anglosajona de lo que han perdido muchos autores) debe abundar por aquellas tierras. Resulta que la Performing Rights Society (la SGAE con el volante a la izquierda, para entendernos) ha demandado a una cadena de talleres que se llama Kwik-Fit. En una primera lectura, me he imaginado que los mecánicos del taller debían interpretar al ritmo de martillazos, acelerones, golpes en la chapa y demás sonidos propios de los talleres melodías compuestas por algunos autores, tal vez en una versión libre, pero sin que ello les eximiera del pago de derechos. Sin embargo, y lo siento si acabo de darles una idea a las sociedades gestoras, mi imaginación ha sido superada por la realidad. Resulta que la demanda surge del hecho de que los empleados del taller ponían la radio con el volumen muy alto, de tal suerte que otras personas podían escuchar la música.
Manda güevos, nuevamente con las sociedades de gestión de derechos. Que se preparen los sordos, porque como sigan el ejemplo, si para oír los 40 tienen que poner la radio a toda mecha, no habrá sueldo que lo resista. Lo siento por los jubilados, que es la parte de la población que peor tiene el oído, pero o Zapatero les sube las pensiones o van a tener que invitar a comer a Ramoncín y sus colegas para compensar el latrocinio al que les mueve su oído perjudicado.
Los memos de la PRS se han debido dedicar a recorrer el Reino Unido midiendo los decibelios de las radios de los talleres. Digo eso porque, según la información, han certificado más de 250 ocasiones desde 2005 en las que los empleados de los talleres ponían la radio alta. Dos años se han pasado los tíos espiando a los talleres Kwik-Fit. ¿No es alucinante? La pregunta es si los mecánicos lo hacían para poder oír la música por encima del ruido propio de un taller o si los muy jodidos subían el volumen para perjudicar a los autores ofreciendo música gratis a todo el barrio lo que, sin duda, debía provocar que la gente se reuniera alrededor de los establecimientos para tararear la música y quién sabe si hasta para bailarla.
Se abre un nuevo e interesante frente de recaudación. Se empieza por los talleres, se sigue con los duros de oído, se continúa con los coches que llevan la música alta con las ventanillas bajadas, se continúa con los vecinos que ponen a Los Chunguitos e incluso se persigue a quienes cantan en la ducha, ya que es muy común escucharles a través del patio de vecinos, lo que convierte un acto íntimo en una actuación en toda regla.
Volviendo a la noticia, resulta que los Kwik_Fit no tenían licencia para poner música (en el Reino Unido cualquier establecimiento debe tenerla aunque lo que se escuche sea una radio comercial que imagino que liquidará los derechos de autor) y por ello lo que les reclama PRS son 200.000 libras esterlinas, ¡¡¡unos 290.000 euros!!! A esos precios, sin duda, merece la pena equipar con auriculares inalámbricos a todos los empleados, invertir en sonotones, aislar acústicamente el establecimiento y liarte a… perdón, que no quiero provocar comportamientos inadecuados.
Así que se vayan preparando los talleres españoles, que ya saben lo que se les puede venir encima. Yo, de momento, ya sé que decirles cuando quieran darme cita para la revisión del coche a un mes vista. O me la das para la semana que viene, o llamo a la SGAE.





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