El País publica un interesante artículo sobre el mundo de los blog y los intentos que empiezan a darse para poner coto a la impunidad en la red. Dicho artículo hace referencia a los insultos y los comentarios ofensivos de los que yo soy enemigo, pero no sólo en internet, sino en cualquier ámbito de la vida. Aprovechar la impunidad que ofrece el medio, para mi no es más que una demostración de cobardía y de una personalidad un tanto miserable.
Una vez he dejado claro lo anterior, me parece especialmente interesante lo que hace referencia a la forma se elija para luchar contra esas conductas en internet, que en la mayor parte de los casos no van más allá de meras anécdotas, pero que en otros pueden llegar a ser campañas perfectamente orquestadas que acaben afectado al prestigio y el honor de personas, empresas, marcas… En el Reino Unido, según la información de El País, un juez ha obligado a los propietarios de una web a identificar a los autores de una serie de comentarios ofensivos, por acusar a los directivos de un club de fútbol de “avaricia, egoísmo, desconfianza y deshonestidad”. Excepto lo último, que podría inducir a pensar que han cometido actos fuera de la legalidad, lo primero no sé yo si son insultos, pero bueno, supongamos que sí. La idea de los jueces de perseguir a los autores de los comentarios tiene sentido. Si alguien es responsable de esa conducta son ellos.
Otra cuestión distinta será marcar el límite entre la libertad de opinión y lo que exceda a la misma, pero en ese terreno hay que suponer que hay jurisprudencia más que suficiente para acotar convenientemente las decisiones judiciales.
En España, tal y como hemos leído en muchos blogs últimamente, la línea que se ha seguido no ha sido la de la identificación de los autores de ese tipo de comentarios insultantes y difamatorios, sino más bien la de responsabilizar a las páginas web o a los bloggers de lo que otros comentan en sus espacios. El caso de alasbarricadas y Ramoncín es un claro ejemplo de ello. Se condena al espacio en que se cuelgan los comentarios y no al autor de los mismos. Es como si yo pongo una pintada insultando a alguien en una edificio de la Ronda Univerdidad, en Barcelona, y condenan a la comunidad de vecinos del edificio por prestarme el espacio para la pintada sin borrarla de inmediato. Podemos incluir matices, claro que sí, pero a veces conviene exponer las cosas a lo bruto para desnudarlas al máximo. Pensemos en un programa de televisión, en uno de esos en los que se adereza todo a base de descalificaciones e insultos. Es posible que en algunos casos, aparte del autor de los insultos, sea responsable la cadena, cuando todo ese espectáculo forma parte de un guión preconcebido. Pero, en principio, el responsable último es quien hace los comentarios y sólo en algunas circustancias quien los emite. Aunque el control que tiene una cadena sobre lo que sucede es muy superior al que tiene alguien en internet, especialmente los bloggers como nosotros, que no siempre disponemos del tiempo necesario para revisar todo lo que entra en nuestro blog.
Yo, por mi parte, si me enfrento a un comentario lleno de insultos lo quito, especialmente si se refiere a terceros, pero, afortunadamente para mi, hasta ahora sólo he tenido que poner unos puntos suspensivos en el lugar de una palabra bastante fuerte dirigida, cómo no, a la SGAE, lo que habla muy bien de todos vosotros, los que aquí entráis. Pero todos sabemos que ni tenemos el tiempo ni muchas veces la posibilidad de controlar todo lo que entra en nuestras páginas. Si eso me pasa a mi con este modesto blog, no quiero saber lo que pasará con otros de mucho más tráfico.
Sí me parece necesario que se abra un debate sobre este asunto, con la premisa de que internet no puede ser mirado con una lupa de mayor aumento que el resto de medios y que los criterios de responsabilidad deben ser los mismos que se apliquen en otros ámbitos sociales. Porque detrás de este debate, hay muchos que ven sombras con un perfil sgáico, que quieren posibilitar intervenciones mucho más radicales. La responsabilización de las webs en este terreno abriría las puertas para que también lo fueran en otros, algo que pretende desde hace tiempo la SGAE, aunque alguna sentencia, como la de sharemula.com, hace pensar que la cordura se acabará imponiendo.



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