Archivos para 12/12/07

12
Dic

la mala costumbre de pensar en los demás

dsc01846.jpg

Ayer salieron los datos del Estudio General de Medios. Como hace unos meses la nueva dirección de Radio Nacional decidió prescindir de una serie de profesionales entre los que me econtraba junto con Olga Viza, Julio César Iglesias, Luis Figuerola-Ferretti, Fermín Bocos y unos cuantos más, debo reconocer que esta vez tenía cierta curiosidad por conocer los datos.

Cuando trabajaba en la radio nunca me importaron mucho las audiencias del Estudio General de Medios (EGM), entre otras cosas porque es un estudio deja mucho que desear. No quiero entrar en cuestiones metodológicas como que los datos se basen en el recuerdo del entrevistado (hay gente que aún me dice que hace unos días me escucho en RNE) o que las poblaciones pequeñas estén mal representadas en la muestra. Sirva para ilustrar las dudas que me inspira el EGM el recuerdo de una vez me pesaron los resultados de Radio Nacional y, analizando una provincia, decía que RNE tenía cero oyentes. Se trataba de una provincia de poca población, en la que la muestra del estudio debía ser muy pequeña, lo que les llevaba a dar semejante disparate de dato, eso sí, sin ningún rubor.

Pero hay que reconocer que el EGM es el único instrumento de medición y que, si se participa en él, hay que aceptar sus datos, tanto cuando son buenos como cuando son malos. No vale sacar pecho a veces y ponerlos a parir en otras ocasiones. Por otra parte, las cadenas ayudan poco a darle credibilidad al estudio, en la medida en que todos cocinan sus datos y al final nos dicen que crecen de una forma u otra.

Reconozco que cuando prescindieron de nosotros en RNE llegué a pensar que tal vez éramos tan malos que el cambio era necesario. En el último año, la dirección nos obligó a hacernos cargo de la mañana, con una absurda programación fragmentada, con relevo constante de presentadores y hasta con espacios compartidos, rompiendo un proyecto (el de la tarde con El Tranvía) que empezaba a tomar cuerpo y que estoy convencido que, de habernos dejado, hubiera acabado funcionando muy bien en las tardes de RNE. Ese era nuestro proyecto, el de todo el equipo de Olga Viza, y lo de la mañana fue un mala jugada en la que sólo pudimos desenvolvernos con nuestra mejor voluntad, en un terreno que ni queríamos ni en realidad era nuestro.

La forma en que prescindieron de nosotros no fue especialmente elegante, pero eso sólo habla de la categoría personal de algunos directivos de la radio actual. Nada más. Estaban en su perfecto derecho de prescindir de nosotros y sólo se les puede echar en cara que no lo hicieran ni en tiempo ni en forma. Si lo hubieran hecho, tal vez ahora no estaríamos en el paro radiofónico. O igual sí, vete a saber.

Su obsesión era que sonara distinto. Yo, si dirigiera una radio, tendría como prioridad que sonara bien. De momento, RNE sí suena distinto (en las voces, porque en muchas cosas son los formatos de siempre) y los resultados de las principales apuestas están por ver. Hasta ahora, el programa de la mañana, en el tramo que se compara con lo que nosotros hacíamos, baja 45.000 oyentes y, en el global del programa (que incluye más horas) tiene 714.000 oyentes, muy lejos todavía de los registros de Julio César Iglesias y de Carlos Herrera en horarios similares. Es de esperar que la experiencia de Juanra Lucas le permita ir subiendo esas cifras en próximas oleadas del EGM, lo que me alegraría, entre otras cosas, porque sigo teniendo buenos amigos en ese equipo.

La tarde sufre una debacle que yo creo era previsible. Con 127.000 oyentes deja las tardes de RNE prácticamente en la mitad de lo que tenía hace tan solo un par de temporadas, lo que en parte se debe al disparate de cambiar el programa el año pasado y fragmentar la tarde en bloques de dos horas. Pero, sin duda y en mayor medida, eso se debe al estilo de radio por el que han apostado, algo previsible después del precedente de la Cadena Ser. Pero, aún así, me parece que están en todo su derecho de hacer esa apuesta y quién sabe si puede funcionar en el futuro con más rodaje.

Pero ha habido algo que me ha molestado: la especie de “coña” con la que Toni Garrido y sus colaboradores se han tomado el palo recibido del EGM. Me parece bien que le quiten hierro internamente, pero resulta casi ofensivo que, después de sustituir a profesionales de altísima cualificación, se hagan gracias de lo mal que nos va mientras aquellos a los que les iba sustancialmente mejor están en su casa y algunos buscándose la vida. Hay ciertas gracietas que no se pueden hacer cuando uno se deja tirados en el camino miles y miles de los oyentes que tenían sus predecesores, quienes, por cierto, están fuera del medio radiofónico. Será que algunos tenemos la mala costumbre de pensar en los demás, algo por cierto necesario para hacer un buen programa de radio: pensar en tus oyentes.