Los periodos más o menos vacacionales, en los que pasamos más tiempo en casa, pueden ser muy peligrosos si no tenemos las ideas claras. Los fines de semana también, pero puede que un poco menos. No me refiero a que al pasar más tiempo en casa las parejas vivan más cerca del límite de la discusión, sino a otro aspecto de la actividad doméstica frente al que hay que tener especial prevención: las auto-chapuzas, algo que ahora han dado en llamar bricolage. Por cierto, ya que sale la palabra, no estaría nada mal que hubiera una directiva europea que prohibiera a las televisiones esos perniciosos programas de bricolage, que son una bomba de relojería para la convivencia familiar.
Yo soy un firme defensor de la división del trabajo. No valemos para todo y por eso uno debe dedicarse a lo que conoce y dejar lo demás a quienes saben de otros temas. Esa absurda tendencia que algunos tienen a intentar ser autosuficientes en determinados terrenos lo único que puede provocar es accidentes y una sociedad menos productiva. A nadie se le ocurre hacer una intervención quirúrgica si no es cirujano, ni dirigir los trabajos de una gran infraestructura si no es ingeniero, pero, en cuanto entramos en el ámbito de la chapuza doméstica, salen miles de voluntarios irresponsables levantando la mano y diciendo “yo lo hago”. Qué error, qué profundo e inmenso error.
Mi sentido de la responsabilidad, unido a mi herencia genética, hace que cuando hay que reparar algo en casa mi primera idea sea la de llamar a un profesional, aunque me cobre veinte euros por el desplazamiento. Digo lo de la herencia genética porque mi padre era muy voluntarioso para eso de hacer chapucillas en casa. Se ponía manos a la obra rápidamente, llevando siempre un martillo además de las herramientas realmente necesarias, y los resultados solían ser un calambrazo, un martillazo en el dedo gordo, un desconchón en la pared y que saltaran los plomos, que entonces eran más complicados de recomponer. Recuerdo especialmente el día que haciendo un agujero en la pared de la cocina de una casita que teníamos en el campo dio de lleno en una tubería (hacía falta puntería, creedme) y empezó a salir un chorro de agua que llegaba más allá de los cuatro metros. Un géiser horizontal espectacular, que inundó la cocina y obligó a contratar posteriormente a un fontanero y un albañil. Eso sí, hecho el desastre, después del enfado inicial, se reía de sus aventuras.
Esa imagen, que sigo teniendo presente a pesar de que yo tenía tan sólo siete primaveras, la reviví años después en mis propias carnes y nunca mejor dicho. Se estropeo un foquito, di rápidamente con el problema, conecté un cable que se había soltado y lo arreglé en un suspiro, pero… al bajar de la escalera golpeé con la muñeca en un destornillador que había dejado en el bolsillo con la punta hacia arriba. Lo hice con tal destreza que impacté justo en una venita del lado interno de la misma y, en ese momento, reviví la escena de la cocina, sólo que esta vez el chorro no era de agua, sino de sangre, de mi propia sangre. Lo que podía salir de aquella venilla no se lo imaginan, tanto que, al llegar a urgencias absolutamente mareado, dejé de ver en color y pasé a ver en blanco y negro.
Lógicamente, no volveré a jugarme la vida ni por la electricidad, ni por la fontanería, ni por la reparación del mueble que se ha desvencijado. Sólo cuelgo cuadros y porque hago cálculos matemáticos. Así, por lo menos, si me mato que sea por amor al arte y con método científico.
La advertencia queda hecha y recordad que no hay nada en casa que no pueda esperar a ser reparado un profesional pasadas las fiestas navideñas.



Yo también creo que hace falta algo más que voluntad y que el que no pueda, que llame a un profesional. Pero la cuestión es hacer solo lo que estés preparado para hacer. Yo hago en mi casa todos esos arreglos (y los hago bien), aun así, a veces traspaso el limite de mis posibilidades y el resultado es mas catastrófico cuanto mayor es la envergadura de la chapuza. La última mía fue alicatar un baño y la verdad es que me venia grande. No obstante pude salvar más o menos la situación. Mi consejo seria conocer tus límites y quedarte un par de puntos por debajo de ellos por si acaso.
Yo soy especialista en crear situaciones para llamar a los profesionales, no para arreglarlas… a cada uno lo que le ha tocado.
Jeje, mis recuerdos son un tanto diferentes. Mi padre se ponía manos a la obra rápidamente pero no sólo lo arreglaba/daba con el problema sino que se sentaba contigo y te lo contaba (si querías, que durante muchos años no quise).
Pero con el tiempo te das cuenta que aunque todas esas cosas las arregla un profesional, saber cómo funcionan nunca está de más. Y remangarse y ponerse a ello tampoco. Claro, teniendo en cuenta unos mínimos cuidados!
Quizás es sólo herencia genética (me ha gustado eso).
Lo peor de el bricolaje para mi no son las chapuzas(que también) sino lo que llamo el bricolaje constructivo,a quien no se le ha ocurrido después de ver un programa de estos (coincido con Javier que deberían prohibirlos o al menos poner una advertencia como la de los medicamentos) fabricarse un mueble? error! siempre acabo igual,agotado, con el mueble a la mitad y un aspecto horrible,con el bolsillo vacío de comprar todo tipo de barnices y demás parafernalia y discutiendo con mi pareja a ser posible.
¡Animo Javier!, como dice mi madre: “El que carretea, vuelca”. La verdad es que fue mala suerte. No creo que tenga nada que ver con ser manitas y no. Feliz Navidad, y recuperate pronto!
Qué razón tienes! yo de cocina ni idea,pero te clavo clavos como un cristo! (uf, que mal gusto, nombrar la soga en casa del ahorcado :))
Besitos
Una vez leí:
“Un ser humano debería ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, despiezar un cerdo, ensamblar una barca, diseñar un edificio, escribir un soneto, hacer un balance, levantar una pared, expresarse en otro idioma, remendar un hueso roto, confortar a un moribundo, obedecer órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar en solitario, resolver ecuaciones, analizar un nuevo problema, esparcir estiercol, manejar un ordenador, cocinar una comida sabrosa, sufrir con entereza y luchar eficientemente.
La especialización es para los insectos.”
– Robert A. Heinlein (Tiempo para Amar, 1973)
Yo, no alcanzo a saber más de 2 ó 3 cosas de esa lista
Coincido en exigir que se prohiban los programas de bricolage. (¿Habéis visto lo horteras y kitsch que son todos sus diseños?). En ese sentido, coincido con DaniG en repudiar el bricolage constructor. Una cosa es arreglar una silla desencolada (o intentarlo) y otra muy distinta es diseñar y construir una silla. ¡Qué horror! ¡Qué cosas más feas y más inútiles!
Alex: No sé quién es ese Robert A. Heinlein, pero habría que ver qué sabía hacer él. Como retórica está bien, y esa sería suintención, me imagino.
(Mi padre ha sido siempre un manitas, admirable, pero yo sólo se colgar cuadros geométricamente, como Javier).
Yo es que he sido siempre un completo inútil en ese tipo de labores caseras, así que no es que no las haya hecho nunca, es que ni tan siquiera me he planteado la posibilidad de meterme a fontanero, albañil o electricista dominguero. No sé ni cómo se empuña un taladro, y hasta corto el suministro eléctrico cuando tengo que cambiar una bombilla, por si acaso.
La excepción: el “bricolaje informático” que hago de vez en cuando con mi PC sin tener ni idea de hardware, pero supongo que eso es otra historia. ¿O no?
hola soy chocolatero y mi blog es http://chocolateamargo.wordpress.com y quisiera envitarte a que me visites, me guts mucho tu blog y cuando me des tu permiso quisiera agregarte como link y que ti hicieras lo mismo. gracias de antemano espero tu respuesta
Pues ahora que lo pienso, ¿que arreglo yo en mi casa?, nada,salvo cambiar alguna bombilla que peta y eso a la semana de haberse roto. Sino enfria el frigorifico, otro nuevo y asi con todos las máquinas incluidos los ordenatas, a excepción del coche, la moto y el camion.
No digo que las tarifas de los profesionales sean injustas, ni mucho menos, ellos tambien tienen que comer pero pagar 300 euros de reparación cuando un frigorifico nuevo vale 600 pues como que no le tengo tanto cariño a la nevera, y asi con todo.
División del trabajo si, para eso existen los profesionales, pero sin abusos! (aviso: la tierra es plana (Friedman)).
El que quiera sacar tajada de situaciones como las que explicas, perderá hasta la camisa.
http://elblogdelisma.com/