Me están esperando, nos están esperando. No son más de cincuenta, pero sé que la batalla va a ser dura e intensa. Nosotros somos pocos, muy pocos diría yo. A última hora, Fermín, mi amigo cuyo enlace encontraréis en el blogroll, ha caído víctima de una gastroenteritis inoportuna. Y encima yo estoy lesionado, con una contractura en la espalda que me tiene dolorido desde hace un par de días. Y no tiene pintas de que vaya a mejorar para el duro bregar que nos espera.
Mi hijo, que es un roble fibroso, está intentando escaquearse el muy puñetero. Y el resto del equipo: mi mujer, mi hermana, su hija, su nieta de dos años y su yerno. Él está fuerte, la verdad, pero teniendo en cuenta que todos ellos viven la República Dominicana y que mañana estaremos a diez grados (frente a los 30 de su hábitat), me temo que juegen en un ambiente climático hostil.
Muchos se retirarían, pero nosotros no. Contamos con refuerzos locales, Fernando y Pedro, la noche y el día. Fernando no para de hablar y Pedro es el silencio caminante. Trabajan juntos desde hace tiempo, son el complemento perfecto y, sin su ayuda, la derrota estaría asegurada.
Son fuertes, robustos, retorcidos, pero, a pesar de ello, les haremos freente. Hace dos años les ganamos en jornada y media de dura pelea. Pero en esta ocasión no las tengo todas conmigo. El año pasado ellos se batieron en retirada ofreciéndonos unas tablas. Nos ganaréis fácil, dijeron, pero no os merece la pena el esfuerzo. Y nos convencieron.
Pero ya que tenemos cincuenta olivos, digo yo que habrá que varear y recoger la aceituna. Para los que somos de ciudad el esfuerzo es grande, acaba uno baldado, con agujetas para un par de días, pero merece la pena. Hace dos años cogimos unos mil kilos y el año pasado, por eso de que según me cuentan los olivos son veceros, la producción era muy baja y algún revés meteorológico hizo que nos mereciera la pena. Este año también ha habido alguno y creo que recogeremos muchos menos… pero que mas da. Luego el aceite lo valoras más. Me voy hoy viernes. A la vuelta os contaré cómo ha ido todo. ¡Ay, mi espalda!



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