Archivos para Enero 2008

30
Ene

Comité ciudadano negociador de promesas

Aunque me he tomado unos días de vacaciones para esquiar y así desconectar de lo que pasa en el mundo, esto de que haya wi-fi en los hoteles hace que sólo en parte haya podido cumplir mi objetivo. Me olvido mientras estoy por las pistas (me tengo que concentrar tanto para no pegármela que no me queda otro remedio), pero luego me reconecto con el mundo.

De los últimos días debo reconocer que la promesa preelectoral (lo digo porque no ha empezado la campaña) de Zapatero de devolver 400 euros a los contribuyentes es lo que más gracia me ha hecho. Creo recordar que a los contribuyentes trabajadores y jubilados, parece ser que los autónomos no pagan hipotecas ni sufren la subida de los precios. Ese bonito argumento de que este es un gobierno que ahorra y que luego en los momentos difícil puede ayudar a sus ciudadanos es de lo mejor que se ha oído en los últimos tiempos. En primer lugar porque ese ahorro lo generamos los propios ciudadanos con nuestros impuestos y, en segundo, porque al menos parte de ese ahorro se ha generado por la mayor recaudación de impuestos (como el IVA) derivada de las subidas de los precios. Si lo que antes valía 100 ahora vale 108, el 16% de esos ocho que han aumentado los precios es lo que recauda de más no el gobierno (como afirma ZP) sino el estado.

Leí ayer en El País, perdonad que no ponga el enlace, pero estoy de relax, que Zapatero decía creen que no habrá ningún español que crea que intenta comprar el voto con los 400 euros. Es verdad que ha prometido devolvérselos a la gente con independencia del voto y que uno que vote al PP o IU los recibirá igual que un votante del PSOE, pero, aún así, a mi me suena muy mal, por la formulación de la promesa y porque creo que esa no es una medida seria de política económica. Vamos, que suena a las propinicas de las que tanto ha hablado Solbes.

Me hace gracia también ese decodificador del pensamiento de los españoles que parece tener Zapatero. Hace días, vi en televisión una rueda de prensa, en la que alguien le planteó una pregunta sobre el reconocimiento que hizo en la entrevista de El Mundo de que se habían mantenidos contactos con ETA tras el atentado de la T-4, algo que había negado reiteradamente anteriormente. Dejando al margen lo que me parezca el hecho en sí, que un presidente nos haya mentido y tristemente tenemos otros antecedentes de hace tan sólo cuatro años, lo que me chocó fue una frase de Zapatero que creo reproducir textualmente: “los españoles lo van a comprender, cómo no lo van a comprender”. Es decir, cómo no me van a dar la razón a mi si he hecho en todo momento lo que debía hacer. Me causó tanta pesadumbre ver a un presidente prisionero de su escafandra de autocomplacencia, que llegué a la conclusión de que una vez más, y no es el primero, el máximo mandatario de nuestro país era rehén de si mismo. Que poco deben escuchar, que poco deben atender a los demás, y cuánto temor deben generar en la corte de siseñores que son incapaces de decirlo no al líder.

Por otra parte, y como nos quedan decenas de promesas que escuchar en las próximas semanas desde este blog quiero proponer una idea novedosa para nuestras citas electorales. Se trata de crear un comité ciudadano de negociación de las promesas, un pequeño grupo de personas que nos represente y que negocie con los partidos cada promesa. Así, por ejemplo, si ZP nos ofrece 400 euros, nuestro comité negocia que sean 600, con un pago aplazado si hace falta. Si Rajoy promete rebaja de impuestos, pues se negocia con él como afecta a los tramos, las deducciones, etc. Que Chaves promete internet gratis para los andaluces, pues el comité negocia que compre también los partidos de los equipos andaluces que se emiten en pay per view. Es que yo ya estoy harto de que nos prometan lo que les dé la gana y que no nos dejen modificar las promesas. Sobre todo porque, aunque no sea muy común, cumplen alguna y sería muy bueno que fuera una promesa negociada. Será que presenté el concurso El Negociador y que me ha dejado huella.

26
Ene

Un poco más de hielo

En mis anteriores post sobre los glaciares, creo que me comprometí a dedicar otro a los témpanos que uno se encuentra en los lagos donde va a morir el glaciar. Así que quiero cumplir con la palabra dada. En esta ocasión nos vamos al sur de Chile, al Parque nacional de las Torres del Paine. Para llegar allí hay que viajar hasta Punta Arenas, a donde llegué en agosto del 2002, cuando todavía hacía El Informal. Tal voz por ello, hice esta fotografía, sabiendo que a mi compañero Florentino le encantaría regentar un comercio de la “polla”, que, si alguno no lo sabe, es como llaman allí a un tipo de lotería.

punta-arenas.jpg

Desde Punta Arenas, hay un trayecto largo en coche para llegar hasta Torres del Paine. Cuando uno se adentra en el parque, las imponentes torres son una referencia constante, con su porte majestuoso de roca orgullosa. Esta es una vista de cómo son

hacia-torres-del-paine-3.jpg

El parque tiene unos pocos establecimientos hoteleros, especialmente en esas fechas de invierno austral. Yo estuve en un hotelito pequeño, de casitas de madera, que tenía un comedor común donde nos dábamos cita para desayunar, comer y cenar los pocos huéspedes que estábamos alojados. Hasta llegar al hotel transitas por caminos de tierra entre montes y lagos, mirando constantemente de un lado al otro, intentando grabar para siempre las imágenes de ese paisaje.

El hotel estaba a orillas del lago Grey, lago en el que termina su andadura el glaciar Grey. Aparte de algunas excursiones por la zona, la navegación por el lago en una embarcación tipo zodiac fue el momento de más intensidad. El lago tenía una capa de hielo que íbamos rompiendo con la embarcación, de tal forma que el crujir del hielo al romper era el que envolvía la marcha junto con el del motor. La primera impresión del lago era más o menos así.

glaciar-y-lago-grey.jpg

Una vez te ibas acercando al frente del glaciar, el hielo empezaba a cobrar protagonismo, pero no el de la superficie del lago, sino el de los témpanos, unos témpanos a los que te podías acercar y podías tocar.

glaciar-y-lago-grey-3.jpg

El contraste de las aguas pardas, el hielo y la tierra era el que predominaba en los primeros compases de la navegación. Pero luego empezaban a predominar otros matices.

glaciar-y-lago-grey-4.jpg

Por un lado la grandiosidad de los bloques de hielo, por otro el reflejo matizado sobre las aguas heladas y, finalmente, el comienzo de la fiesta del azul que proporciona la refracción de la luz sobre el hielo, consiguiendo unas tonalidades que en ocasiones llegaban a parecer imposibles.

glaciar-y-lago-grey-6.jpg

Azules opacos y profundos, azules translúcidos, azules casi translúcidos, azules tamizados por el reflejo helado… y, de vez en cuando, interrumpidos por otro festival, el de las formas.

glaciar-y-lago-grey-9.jpg

Las formas como la de este navegante en el que se suma la belleza de sus formas con la de las líneas que lo definen en una especie de estratos que delatan su edad, rompiendo esta vez con predominio del blanco el fondo oscuro de la montaña. Y otra vez el azul nos arrebata la mirada, mientras juega caprichosamente con las formas.

glaciar-y-lago-grey-13.jpg

Y, cuando creemos que ya lo hemos visto todo, que no puede haber nada que nos vuelva a sorprender, un golpe final nos demuestra que hay tonalidades que sólo la naturaleza nos puede ofrecer en un instante único e irrepetible.

glaciar-y-lago-grey-14.jpg

Porque este momento es irrepetible. Sólo la combinación de la forma de ese témpano, en la posición que se encontraba, con la forma en que incidían en él los rayos del sol y la posición en la que nosotros nos encontrábamos podía dar como resultado un instante de una belleza tan descarnada. Una vez más, el hielo nos daba calor.

24
Ene

Que me perdone el dios canon

estella1.jpg

(Recuerdo que lo que lleva en la mano el dios canon es la cajita de un CD)

Mi familia, mis amigos, mis vecinos, el que me cruzo yendo en bicicleta por el parque madrileño del Retiro, esa chica que va en el metro, el niño que acaba de cruzar la calle y millones de personas en todo el mundo delinquen. Perdón, se me olvidaba, yo también soy un delincuente.

Según informa El País, Atlantic Records ha demandado a una familia en los EE.UU. bajo la hipótesis de que es delito grabar en el disco duro de un ordenador los CD que uno ha comprado de manera legal, por cuanto de una sola copia luego pueden generarse millones de descargas a través de los programas p2p. Según la información referida, la Asociación de Empresas Discográficas Americanas dice no pretender impedir que los compradores de música realicen esas copias, aunque en su web dicen que el comprador no tiene el derecho legal de transferir una copia al disco duro del ordenador o al reproductor portátil.

Para a aumentar mi deuda con Federico Trillo, mi reacción, una vez más, no puede ser otra que la de entonar un sonoro ¡manda cojones! Podemos pensar, “qué tontería, esto no saldrá adelante”, pero en los EE.UU. ya ha habido precedentes de gente condenada a pagar unas cantidades desorbitadas por ofrecer canciones en programas de intercambio de archivos.

La supina memez de las discográficas podría llevar a la paradoja de que un comprador compulsivo de CD legales se convirtiera en un delincuente de cuantía mayor cuantos más discos comprara. Es decir, que cuanto más dinero les das, mas denunciable eres. Por curiosidad, he consultado una base de datos en la que he ido anotando todos los CD que tengo en mi casa y resulta que he comprado más de 1.000 a lo largo de mi vida. Pues bien, para las discográficas, en lugar de ser un tipo al que deberían cuidar para que siga haciendo el memo comprando y pagando un precio muy por encima de lo razonable, en realidad lo que soy es un peligro social y un sujeto al que habría que llevar a los tribunales. No sólo eso, sino que no he insonorizado mi casa y es muy probable que, cada vez que pongo un disco, lo oiga algún vecino de fino oído. Adicionalmente, he puesto esos discos en mi coche cuando he viajado con amigos o familiares, incluso en mis fiestas de cumpleaños, y he cantado esas canciones en la ducha tras haber hecho una copia en el disco duro de mi cabeza. Y, ahora, que en la reflexión me enfrento a todo este tipo de conductas reprobables, debo reconocer que me empiezo a dar un poco de asco por haber contribuido a la ruina de esta pobre discográfica, Atlantic Records, de la que yo he comprado 45 CD según la búsqueda que he hecho en mi base de datos.

No tengo perdón del dios canon. Pero aún así, me arrepiento, no de haber copiado discos a mi ordenador, sino de haber comprado esos 45 de Atlantic Records. A partir de ahora miraré el sello. Empezaré la campaña de objeción del sello.

22
Ene

Los tiburones muerden al ciudadano

 1200989278_1.jpg

Aunque yo estudié Ciencias Económicas, reconozco que ya no recuerdo nada de lo que estudié. Tal ves por ello, este mundo en el que vivimos me resulta de lo más extraño, de lo más incomprensible muchas veces. En la última semana, los desplomes de las bolsas han hecho que el patrimonio de muchísimas personas se haya reducido, en algunos caso de forma importante. Hoy no es raro que la gente tenga inversiones en acciones y, aunque no las tenga en forma de inversión directa, es muy probable que esté expuesto a los vaivenes bursátiles a través de participaciones en algún fondo de inversión o de pensiones. Por eso las turbulencias financieras acaban incidiendo en el patrimonio de muchísimas personas.

Se habla de que el desplome bursátil tiene que ver con el temor a una recesión. Sin embargo, son muchos los especialistas que coinciden en señalar que los indicadores económicos todavía están lejos de sugerirla y que, por tanto, la crisis financiera no es el reflejo de una crisis de la economía real. Si vamos a la génesis de lo que está pasando en los últimos meses, nos encontramos con esas hipotecas basura que proliferaron en los EE.UU., unas hipotecas que, seguramente, nunca hubieran superado los criterios de riesgo que aplica nuestra banca nacional. La concesión de créditos hipotecarios con unos altos niveles de riesgo tiene la contrapartida de unos tipos de interés superiores a los que se aplican a clientes más solventes y, de esa combinación, mayor riesgo-mayores tipos, se infiere claramente que la probabilidad de impago es notoriamente superior al de las hipotecas normales. La subida de tipos, evidentemente, hace que el riesgo de que haya impagados crezca espectacularmente.

La extensión de esta práctica por parte de entidades intermediarias entre los bancos y el cliente final, hizo que el volumen de estos créditos subprime excediera un nivel asimilable para el sistema financiero y con esos temores empezaron las primeras dudas de los mercados financieros, aunque nadie tenía del todo claro la magnitud del asunto. En la pasada semana, con la presentación de resultados de la banca americana, se pudo constatar que la magnitud del problema era grande y asistimos ya a una semana negra en las bolsas de todo el mundo. Además de ese efecto sobre los mercados financieros, la crisis de las subprime hizo que las entidades financieras revisaran el riesgo que estaban dispuestos a aceptar, lo que tuvo como efecto inmediato la restricción de crédito. Es decir, que ahora es más difícil obtener una hipoteca, que los bancos se piensan mucho dejarse dinero los unos a los otros (la famosa crisis de liquidez) y que las empresas ven endurecido el acceso al crédito.

Un proceso como ese tiene el peligro de que una mala práctica bancaria acabe trasladando una crisis financiera a la economía real y que, finalmente, todo ello afecte al crecimiento o al empleo. El endurecimiento del acceso al crédito hipotecario, por ejemplo,  está teniendo ya un efecto claro en el sector de la construcción, con pisos que ya no venden fácilmente, precios que empiezan a marcar descensos (lo cual no está mal), y con el consiguiente impacto negativo en el crecimiento económico y el empleo.

El otro problema adicional de una crisis financiera como la que afrontamos es su efecto en la confianza, sin lugar a dudas un factor capital en la marcha de la economía. Al dinero le gusta el marco de confianza, de la estabilidad y, cuando eso no se produce, se empieza a batir en retirada en espera de mejores tiempos. Por ello, nuevamente existe el riesgo de que lo que comenzó como un mal momento de los mercados financieros acabe haciendo que una recesión que parecía lejana, pueda acabar siendo real.

Todos los ciudadanos deberíamos tener derecho a iniciar una causa contra los que decidieron hacer su agosto con las subprime. Pero la mayor parte de ellos se irán de rositas con unos bolsillos capaces de soportar estas e incluso una mayores turbulencias. Así es este mundo global, en el que los tiburones de las finanzas acaban mordiendo el bolsillo del ciudadano

21
Ene

De tambores y cocina

img_0090.jpg

Este fin de semana he podido vivir la tamborrada de San Sebastián en compañía de mi amigo Goyo González. Ambos habíamos sido invitados a una cena en el Kursaal por Jesús Cid, productor de televisión y donostiarra, que quería compartir con un grupo de amigos esa tradición de su ciudad. La experiencia ha merecido la pena y, como siempre, los donostiarras nos han obsequiado con su amistad y generosidad.

Llegamos cuando aún no había amanecido en la mañana del sábado y habíamos quedado a desayunar con otro amigo, Juanjo Mendioroz, crítico de gastronomía que ahora tiene un programa de radio en Herri Irratia. Juanjo ha sido siempre nuestro guía por el mundo de la incomparable cocina dosnostiarra. Nos invitó a su programa de radio, en el que compartimos micrófono con una de las sensaciones de los últimos años: Andoni Luis Anduriz, alma del restaurante Mugaritz, que sigue sumando estrellas Michelín.

La conversación con Andoni, que en esta semana va a estar en Madrid Fusión, una cumbre gastronómica internacional en la que se reúnen los mejores del mundo, fue sumamente interesante. Es un hombre joven, enamorado de su profesión, con el que es fácil mantener una conversación. Uno de los temas de los que nos habló fue de su peculiar defensa del “insipidez”. Andoni mantiene que la textura de los alimentos es un elemento que debe defenderse en la cocina y que un producto de extraordinaria calidad se aprecia especialmente en eso, en la textura. Eso es lo que hace que él prime en determinados productos la textura por encima del sabor y ponía como ejemplo los guisantes de lágrima, un producto de temporada primaveral y la sensación que crea en la boca la textura del producto en sí, sin mayor artificio. Así que habrá que ir a Mugaritz a poner en práctica el disfrute de las texturas en algún momento de nuestras vidas.

Otro eje de la conversación giró en torno a las investigaciones que están realizando para el uso del hueso de aceituna para carbón en la cocina. Por lo visto, dice Andoni que se trata de un producto sumamente interesante. Entre sus características está la de poder mantenerse durante mucho tiempo a baja temperatura, por una lado, así como la capacidad de, mediante el aporte de oxigeno, subir rápidamente a temperaturas mucho más elevadas. Dice que si los estudios siguen por buen camino en algún tiempo tal vez podamos usar ese carbón, que tiene un aspecto granulado muy interesante, para hacer nuestras barbacoas, aunque parece que su encendido no es fácil y ese es otro de los frentes de su trabajo. Todo esto formará parte de una ponencia que va a dar en Madrid Fusion.

Otro tema de conversación fue la presión en la que hoy en día se mueven estos primeros espadas de la gastronomía. Presión de los medios, presión de los organizadores de congresos, que constantemente tiran de ellos para dotar de contenido a las ponencias de los mismos. No debe ser fácil, por un lado, mantener el equilibrio necesario para no convertirse en cocinero mediático y, por otro, conseguir el balance adecuado entre la respuesta adecuada a las peticiones que uno tiene y el tiempo necesario para seguir investigando en la gastronomía ya que, al fin y al cabo, sus pucheros son muchas veces tubos de ensayo de nuevas propuestas sorprendentes.

Me gustó también el respeto que estos grandes cocineros sienten por la cocina tradicional. Juanjo nos había organizado una comida en la sidrería Zapian (probamos la primera sidra), en el restaurante Rosario, y Txaro Zapiain se encargaba de prepararnos un menú inolvidable. Andoni no podía asistir por razones familiares y se le notaba que hubiera disfrutado compartiendo sidra, mesa y mantel con nosotros. Unos pimientos cristal, cardo, alcachofas tortilla de bacalao y lubina compusieron un menú inolvidable, con el broche final de un sencillo bizcocho de un sabor incomparable. Y, por si faltaba algo, una buena conversación con Txaro, que explicaba cómo esa tortilla obedecía a la receta de su madre, y cómo consiguen los productos…

Tiene uno la impresión que estos grandes de la cocina contemporánea nacieron del disfrute de la cocina hogareña y tradicional. Por eso un grande, como Andoni, sigue sintiendo admiración por otra grande como Txaro. Y yo por los dos.

18
Ene

Hablar con máquinas

index6.gif

Dicen que vivimos en la sociedad de la incomunicación, que casi siempre estamos rodeados de gente con la que no hablamos y que cada vez tenemos mayor sensación de soledad. No charlamos con quienes viajan con nosotros en el metro ni con el quiosquero al que le pagamos sin mediar palabra alguna ni con los que entran en nuestro ascensor ni muchas veces con nuestra familia, absortos todos como estamos viendo los insultos que se dirigen en un programa de televisión, por poner un ejemplo. Afortunadamente, esta triste incomunicación se ve contrarrestada por algo que hacemos cada vez con mayor frecuencia: hablar y escuchar a las máquinas.

Todo empezó con aquel “su tabaco, gracias”, que nos hizo saber que, en este mundo de malos modales, por lo menos las máquinas expendedoras de cigarrillos estaban bien educadas. Era tan grata la sensación, que hasta los no fumadores comprábamos una cajetilla de vez en cuando con tal de poder disfrutar de aquellas mecánicas “gracias”.

Desde entonces son muchas las máquinas parlantes que se han ido incorporando a nuestra vida. Nos habla el surtidor de gasolina, que con su “esta usted repostando gasolina 95 eurosuper”, a pesar de resultar un tanto frío, nos evita el error de repostar gasóleo y causar un serio problema a nuestro coche. Nos habla también el ordenador si hemos sabido configurarlo, que al recordarnos “son las dos en punto” nos avisa de que ya está bien de navegar a lo tonto por internet y de que ya es hora de irnos a dormir.  Y también le hablamos a algunas máquinas, como cuando le damos instrucciones al teléfono móvil: dices “cabrito” y al oír la palabra llama sin dudar a tu jefe. Una bendición.

Nos guía el GPS del coche, “en la próxima rotonda gire en oblicuo a la izquierda”, una instrucción difícil de interpretar pero útil para ir a nuestro destino. El GPS, además de orientarnos, tiene otras características muy interesantes, como hablarte con la voz que tú deseas, que puede ser tanto el  sensual tono de una chica que te permite fantasear sobre tu compañía, como la cálida voz de un amigo que te reconforta en un día malo. Tiene otra virtud, que habla lo necesario, lo justo, que no te agobia. Pero lo mejor, sin duda, son las discusiones con el GPS: duran poco y siempre te acaba dando la razón. Recibes una instrucción, no le haces caso, te dice una o dos veces que des la vuelta y, finalmente, acepta tu criterio y recalcula la ruta. ¡Qué pocas veces pasa eso en la vida! Por si fuera poco, algunos GPS se han convertido además en infiltrados y chivatos, hasta el punto de que nos alertan del radar que ha puesto la guardia civil. Un verdadero servicio para ganarse a los puntos el cariño de su dueño.

También hay máquinas con las que mantenemos diálogos. Tal vez las más interesantes de esta categoría sean los servicios automatizados de atención al cliente, los de “si llama por una consulta de tipo técnico, pulse uno, si quiere consultar su factura, pulse dos, si… pulse cinco”. Estas máquinas nos mueven a la reflexión y nos obligan a aclarar nuestras ideas. No sé a ustedes, pero a mi me pasa muy a menudo que después de escuchar el pulse uno, pulse dos… pulse cinco, en realidad no sé muy bien qué pulsar porque no sé definir con precisión cuál es mi problema. Así que cuelgo, me pongo a pensar y sólo me atrevo a llamar de nuevo cuando lo tengo meridianamente claro. Vuelvo a marcar el teléfono, pulso el dos y otra vez me empieza a dar opciones sobre las que no se me había ocurrido pensar. Así que cuelgo otra vez y a reflexionar un ratito más. La mayor parte de las veces ni acabo de identificar bien el problema ni lo resuelvo, pero la máquina me ha proporcionado un cursillo acelerado para ser capaz de analizar en el futuro todas los opciones posibles ante cualquier circunstancia de la vida. Y, aunque a veces nos enfademos con ella, hace bien, que frecuentemente llamamos para reclamar en pleno calentón, a lo loco, sin pararnos a pensar un segundo, y todo porque tenemos un problema, como si fuéramos los únicos del mundo que tienen problemas. Qué bien hace esa voz mecánica en movernos a la reflexión, en recordarnos que somos seres pensantes por mucho que a menudo no lo parezcamos.

Tal vez sea ese el paso que den las máquinas parlantes del futuro, el de pensar además de hablar. Si hubiera sido así desde el principio, las cosas habrían sido bien distintas. La máquina del tabaco no hubiera dicho “su tabaco, gracias”, qué va. La máquina en cuestión hubiera empezado diciendo, “¿sabes lo que haces insensato?, ¿me estás pidiendo que te dé unos cigarrillos que van a arruinar tu salud?”. Y, ante nuestra cara de sorpresa, hubiera añadido “tú, desde luego, eres tonto, o tonto o un suicida en potencia. Porque me coges de buen humor, que si no, te daba el tabaco asesino que me pides, pero has tenido suerte y te voy a evitar sufrimientos y una muerte horrorosa. Así que dame las gracias tú a mi, porque, en lugar de ese cigarrillo mortal, te voy a dar esta trocito de plomo. ¡Pum!”. Vamos, que empezaría de máquina de tabaco y acabaría de flamante ministra de sanidad.

16
Ene

Se rompe la Esperanza de Gallardón

82b0bd626867f94c90397ff50b6a3fd3_extras_albumes_0.jpg

En esta vida conviene que uno tenga claros cuáles deben ser sus criterios de decisión y en qué marco toma sus determinaciones. Yo no sé la historia verdadera de lo que ha pasado con Alberto Ruiz Gallardón, si son ciertas las presiones de Esperanza o no, si Gallardón era una amenaza o no para Rajoy, pero, al margen de la historia oculta de todo este culebrón político, lo que me interesa es si Rajoy tiene no claros sus criterios de decisión.

Digo esto porque desde la lejanía del observador desapasionado de la política, tengo la impresión de que el nueve de mayo Rajoy sólo debe contemplar una hipótesis: o gano o adiós. No creo que nadie piense que podría seguir al frente del Partido Popular con una segunda derrota ante Zapatero en la mochila. Ese sería, bajo mi punto de vista, el marco en el que Rajoy debe sopesar todas sus decisiones. Un Rajoy perdedor es un Rajoy amortizado. Un Rajoy ganador es una fuente de poder interna balsámica para cualquiera. Los liderazgos, hoy en día, sólo los bautiza el poder, mientras tanto se es líder del limbo y si no que se lo pregunten a Almunia, a Borrell o al mismísimo Bono. El control del partido sirve en épocas de transición y, si no se corona la cima de ganar unas elecciones, el propio partido te acaba devorando.

Bajo esta premisa es bajo la que creo que hay que analizar la decisión de Rajoy. Si aparta a Gallardón para no enfrentarse a un sector del partido, Rajoy se ha equivocado de batalla. No nos cabe duda de que la maniobra de Gallardón, bajo la piel de cordero de ayudar a Mariano a Ganar las elecciones, escondía a un  lobo con tribuna en las Cortes si el PP perdía. Y no nos cabe tampoco ninguna duda de que Esperanza Aguirre aspira también a alimentarse de la derrota si esta se produce. Pero esa guerra no es la de Rajoy y, sobre todo, no es la de Rajoy ahora. Porque si pierde, qué más le dan sus futuros enfrentamientos y, si gana, el poder crea tantos afectos que tendría bálsamo suficiente para curarse de cualquier urticaria que le hubiera salido en el proceso electoral. Porque Rajoy, que no se engañe, sólo puede jugar a la carta de su victoria.

Con esa manera de mirar las cosas, ¿acierta o se equivoca Rajoy? Antes de responder a la pregunta, a mi me da la impresión de que los dos protagonistas de la marejada de fondo han seguido evoluciones políticas inversas: parece que Esperanza Aguirre ha transitado desde unas posiciones liberales a unas más conservadoras, en tanto que Gallardón ha recorrido el camino inverso. En ese sentido, contentar a Aguirre supone hacerlo con un sector más conservador dentro del partido, que por otra parte parece asimismo el más fuerte en este momento. Contentar a Gallardón sería, de puertas hacia adentro, justo lo contrario y muy probablemente le generaría a Rajoy incómodas enemistades hasta las elecciones, que de incómodas pasarían a letales si perdiera o a un “pelillos a la mar” si ganara.
De puertas hacia fuera, el análisis debe establecerse en la capacidad o no de Gallardón para conseguir votos para Rajoy. Se supone que el alcalde de Madrid puede servir de banderín de enganche para un electorado de centro que sólo daría su voto a un PP que perciban como menos derecha y más centro. Un sector de la población que vota alternativamente PP o PSOE o que, desde hace algún tiempo, simplemente se abstiene ante el triste panorama que ofrecen los dos partidos mayoritarios. La alternativa la parte de esos votantes que no vayan a votar socialista es no dar su voto a PP y desmovilizarse. En ese sentido, parece que Rajoy renuncia deliberadamente a ese grupo de gente. La cuestión es si incluir a Gallardón puede o no producir una desmovilización equivalente en el electorado más conservador. La pregunta relevante, por tanto, es ¿prefiere el electorado más conservador que gobierne el PSOE para castigar la afrenta de incluir a Gallardón en las listas de Rajoy? A mi me parece difícil, pero vete tú a saber.

Yo, si hubiera sido Rajoy, hubiera contado con Gallardón. ¿Que amenazaba Aguirre con dimitir? No me lo creo más allá del farol, porque con esa decisión Esperanza hubiera quedado  en evidencia. Que Gallardón se vaya (que ya veremos si lo hace) se entiende, es una derrota personal, pero Aguirre se hubiera descubierto demasiado con esa maniobra, que podía ser suicida si Rajoy ganara las elecciones. Me parece demasiado lista para eso. Y hubiera contado con Gallardón porque si pierdo, qué más da y, si gano, siempre lo puedo desactivar políticamente. Ya que tanta ilusión tenía por ser diputado, pues qué mejor que sea Presidente de las Cortes, el futuro que Zapatero tiene pensado para su gallardón Pepe Bono.

Pero quien también tiene que tener claros sus criterios de decisión es Gallardón. Espero que entienda que en las municipales fue elegido por los madrileños para gobernar Madrid, no para ir a las listas de las generales, sino simple y llanamente para gobernar Madrid. Esa es su obligación y sólo sería lícito que se planteara irse por algo relacionado con el gobierno de Madrid, no con sus aspiraciones a vete a saber qué. Si el partido le retirara su confianza para ese desempeño, se entendería que se fuera, pero hasta donde sabemos lo único que han hecho es no incluirle en unas listas, como, por otra parte, es norma general en el PP con sus alcaldes. Si se fuera en unas circunstancias como las actuales, también Gallardón se pondría en evidencia y creo que perdería una gran capital político. Hasta ahora, sólo se ha roto la Esperanza de Gallardón.

14
Ene

La basura electrónica

close-up-of-a-huge-pile-of-com.jpg

Mientras voy en el avión que me lleva a Lanzarote, leo un titular que dice “El acelerado consumo tecnológico dispara la basura electrónica” publicado por el Universal, un diario de Iberia para sus viajeros. Esos artilugios que, en un momento determinado, sus dueños deciden que deben pasar a mejor vida conforman lo que se llama e-waste, una basura electrónica que empieza a plantear un importante reto de reciclaje. Según la Fundación Bip Bip, en España se producen anualmente más de 40.000 toneladas de esos deshechos y tan sólo un 8% de ellas se reciclan. Estamos por tanto ante un problema ya importante y cuya tendencia será la de agravarse, por cuanto cada vez se recorta más el periodo de obsolescencia de los productos.

Esta situación nos obliga a plantearnos la necesidad de afrontar este problema. Parece ser que algunos países, como China, India y Pakistan, se han convertido en destino de esta basura electrónica, pero que lo único que hacen es extraer algunos materiales de cierto valor, sin dar ni una solución definitiva ni hacerlo en condiciones de seguridad. Parece necesario, por tanto, que las soluciones las plateemos en nuestros propios países. Algunos aplican ya alguna tasa, como la que pagamos para neumáticos y algunos electrodomésticos, que cubra y garantice su futuro reciclaje.

Al margen de ello, esta noticia me mueve a otro tipo de reflexión. Siempre he tenido la impresión de que, con la excepción un grupo muy reducido de población, casi todos utilizamos nuestros distintos dispositivos tecnológicos muy por debajo de sus potencialidades y, a pesar de ello, vivimos en una carrera continuada de reemplazo y sustitución de aparatos. Cada vez nos dura menos el ordenador, el móvil, la PDA, el DVD, que ahora tendremos que sustituir por los de alta definición, las televisiones que ya no concebimos sin TDT integrada, HD y disco grabador… y todo ello lo hacemos arrinconando, cuando no tirando, aparatos que están en perfecto estado de uso.

La carrera permanente por aumentar los megapíxeles de la cámara de fotos, la capacidad de memoria de los dispositivos, la posibilidad de añadirle algunas funcionalidades, etc, nos mete en esa espiral enloquecida en la que todo nos dura poco, cuando, en realidad, sólo de vez en cuando aparece algo realmente novedoso que merezca la pena adquirir. Sólo cuando hay saltos cualitativos importantes el cambio está realmente justificado, o cuando nuestras necesidades también dan ese salto y se justifica un cambio de equipo. El resto entra dentro de nuestros comportamientos al hilo de la sociedad que nos lleva por la senda continua del consumo.

Yo también estoy en ello, para qué negarlo, aunque intento darle un cierto sentido a lo que hago (debe ser para no reprochármelo demasiado). Cambio de ordenador cuando tengo un destino claro para el mío. Así mis iMac anteriores han pasado a manos de mi amigo Fermín y de mi cuñada, quienes por cierto se han sumado ya al mundo de la manzana. Cambio poco de móvil y tras varios años con el mismo (por cierto también ha pasado a manos de mi cuñada ya que a pesar de su desgaste le gustaba el diseño), sólo el iPhone me ha impulsado al cambio, entre otras cosas porque tampoco me había comprado un iPod. Mantengo mi Powerbook G4 en el que estoy escribiendo, que tiene ya unos cuantos años, así como la cámara de fotos que va cumpliendo años, después de que un regalo sustituyera a la anterior que fue ofrecida a mi sobrina Marien, quien por cierto es la primera mujer que se hace cargo de la redacción de un periódico en República Dominicana. Lo único que me tranquiliza, en definitiva, es que no tiro nada, reciclo dueños. Es más tengo que llamar a mi tía Marisol a ver si conserva todavía mi primer Mac, que es ya casi una pieza de museo.

Pero sucumbo al fin y al cabo como tantos otros. A veces me planteo que los Gobiernos debería legislar sobre el asunto para que no se nos quede cara de tonto al ver que, al cabo de pocos meses, nuestra última adquisición está obsoleta y ya se puede comprar a mucho menos precio. Que sé yo, deberían fijar que sólo se puedan presentar novedades cada 18 meses, por ejemplo, y dar así un mínimo de estabilidad a nuestro entorno electrónico e incluso a la relación de algunas parejas que encuentran motivo de conflicto en estos temas. Luego, además, se podrían organizar campañas de recogida de e-waste, como se organizan las de los árboles de navidad o las de los muebles viejos, que coincidieran con los periodos de cambio de los aparatitos. E incluso exposiciones para venta de saldo o donaciones. Es broma, pero tendría su gracia.

Por otra parte, creo que se va imponiendo ya un low cost electrónico, es decir, sacar al mercado productos más básicos dirigidos a una parte de la población que sólo aspira a las prestaciones más básicas de los aparatos y que no quieren complicarse la vida con más opciones. Ahora que hay ya low cost en casi todo. Yo sé de muchos que se apuntarían (yo no).

(Fotografía de la ciudad de Guiyu en China. Greenpeace)

13
Ene

El himno escrito con mala letra

seleccion.jpg

Todo empezó porque alguien pensó que sería bueno que nuestros campeones tuvieran algo que cantar cuando celebraran sus triunfos. Pero el asunto puede acabar en derrota colectiva.

No tenía muy clara mi opinión sobre si el himno nacional debería tener letra o no. Siempre me ha parecido emocionante ver a las gentes de otros pueblos entonar con determinación su himno nacional, no tanto por el himno, como por el rito que supone que una muchedumbre decida cantar al unísono. Esta razón me inclinaba a pensar que sería bueno que el himno tuviera letra.

Por otro lado, me parecía un poco artificioso que, después de tantas décadas sin letra, de repente nos pusiéramos a cantar más allá de “nino, nino, nonianoninino, nino, ninoniiii, nonianoninoniiii…”, letra ésta además que permite múltiples variables en función de las preferencias individuales (como el chunda, chunda). Además de artificioso, me parecía un reto colectivo que podía dejar en evidencia a más de una generación. No sé a vosotros, pero a mi cada día me resulta más difícil aprenderme una canción (la letra, no la melodía), de tal forma que me veo repitiendo una y otra vez las canciones que me aprendí antes de llegar a los treinta. Desde entonces, son muy pocas las canciones que he sido capaz de incorporar a mi repertorio. Por ese motivo, temía quedar en evidencia cuando, al llegar a la tercera estrofa, me frenara en seco buscando palabras escondidas entre mis neuronas. Estas razones, me llevaban a pensar que era mejor no ponerle letra al himno.

Suponía que, finalmente, todo dependería del resultado del proceso de elaboración de las letras. Y, desde luego, así ha sido. Mira, para cantar lo que ha aprobado ese jurado (¡ya les vale!), yo casi prefiero el “nino, nino…”. El autor ha puesto toda su buena voluntad, nadie duda de ello, pero creo que muchos de nosotros hemos sido capaces de escribir letras de similar altura en escasos quince minutos. Un poquito de diversidad, pluralidad, paz, libertad, unión… se mezcla adecuadamente y da lugar a un pastelillo como letra nacional.

Reconozcamos también que la estructura musical del himno ayuda poco. Ofrece poco lugar para el lucimiento, ya que obliga a condensar en no más de siete sílabas alguna expresión patriótica e identitaria. Difícil, sin duda, difícil. Yo no me veo capaz y, en mi opinión, si nos ponemos a ello, más que abrir el proceso a voluntariosos ciudadanos, debería haberse cerrado para acreditados maestros del lenguaje.

En definitiva, que visto lo visto pido que se anule el proceso seguido, que al autor de la letra seleccionada le agradezcamos con una palmadita en la espalda su buena intención, que los miembros del jurado sean inhabilitados de por vida hasta para ser jurados de Operación Triunfo o Mira quién Baila y que, si no somos capaces de recuperar el talento de Quevedo a partir de no sé qué nueva técnica genética, aparquemos de momento el proyecto de la letra del himno. Espero que Plácido Domingo no tenga que cantarla tal y como estaba previsto. Que siga con el “Hala Madrid” del centenario, de momento, porque el himno nacional está escrito con mala letra.

Por si alguno aún no la ha leído, esta es la letra seleccionada
¡Viva España!
Cantemos todos juntos
con distinta voz
y un solo corazón.
¡Viva España!
Desde los verdes valles
al inmenso mar,
un himno de hermandad.
Ama a la Patria
pues sabe abrazar,
bajo su cielo azul,
pueblos en libertad.
Gloria a los hijos
que a la Historia dan
justicia y grandeza
democracia y paz.

Por cierto, es bastante jodidillo cantar los de “justicia y grandeza” sin convertir la palabra “grandeza” en esdrújula en lugar de llana.

11
Ene

Que pague canon la Virgen del Pilar

virgen-de.jpg

Cómo se está poniendo vivir en Zaragoza. No lo digo por la Expo, a la que le deseo todo el éxito, sino por unas sentencias que, cómo no, tienen que ver con la SGAE. Con la cantidad de asuntos que llevan estos señores a los tribunales, digo yo que el Ministerio de Justicia debería cobrarles un canon por uso excesivo de la justicia. Vamos, que entre la SGAE, las demandas que debe generar el Tomate y las que se ponen entre sí los famosillo de cuarta, no me extraña que luego se acumulen retrasos y más retrasos en nuestros tribunales.

Digo lo de Zaragoza porque los representantes de la SGAE en la capital maña deben tener a gala ser tozudos y cabezones y llevar a litigio hasta quien se atreve a cantar la jota de “la Virgen del Pilar dice…. Que no quiere ser francesa…”. Y es que hoy me he encontrado con dos noticias de la SGAE con origen zaragozano, con dos sentencias favorables a los autores.

La primera de ellas condena a tres compañías de autocares de Aragón por impago de los derechos de autor. Según parece, esas empresas realizan un pago único y, a partir de entonces, cuentan con la bendición para emitir obras musicales y audiovisuales durante el periodo de vida del vehículo.

La segunda condena a una asociación de vecinos a pagar 500 euros por no pagar el canon de algunos actos organizados por la misma. Resulta que a los vecinos les dio por montar una actividad cultural con entrada libre y eso, en lugar de ser un acto de promoción cultural, en realidad lo que es de estafa a los autores que no se han beneficiado del pago del canon correspondiente. Y es que, como bien dice la SGAE, pagarles a ellos es defender la cultura. Actuar gratis, por supuesto, es un acto anticultura. Parece ser que entre esos actos había hasta un acto benéfico por el tsunami de Indonesia que, mira por donde, les va a dejar unos eurillos a Tedy y sus compañía.

Lo que más me ha gustado de estas noticias es un comunicado de la SGAE en el que, según reproduce El Periódico de Aragón, afirman: “compartir un trayecto o un viaje con el talento y la inspiración de un creador, sí tiene un precio”. Manda huevos con la frasecita (no se preocupe el Sr. Trillo que si hace falta le abono algo en concepto de derechos del manda huevos). Porque anda que no hemos acabado muchas veces hasta los mismísimos de la bazofia de música que nos ha tocado padecer en más de algún viaje. En ese caso, quienes en realidad tenemos derecho a algo somos los sufridos pasajeros a los que nos ha tocado padecer los maullidos de supuestos artistas.  Porque, no nos engañemos, creadores puede haber muchos, pero anda que no se crea basurilla, no te jode.

Para mas inri, algunas  fuentes dicen que los autocares en cuestión se utilizaban para el transporte escolar. Imaginad la atención que prestarían los pitufos y los adolescentes al “talento y la inspiración del creador”. Los unos con el follón que montan y los otros porque irán con su iPod pagacanon…Y es que una cosa es que se oiga y otra que se escuche. ¿Habrán tomado declaración en el juicio a los chavales? Porque, si no escuchaban la música, entonces ponerle precio a compartir un viaje con el talento y la inspiración de un creador sería una auténtica estafa. Anda que no son presuntuosos. Lo próximo que pague la Virgen del Pilar, que también tiene compañía de cantos en las misas.