Aunque me he tomado unos días de vacaciones para esquiar y así desconectar de lo que pasa en el mundo, esto de que haya wi-fi en los hoteles hace que sólo en parte haya podido cumplir mi objetivo. Me olvido mientras estoy por las pistas (me tengo que concentrar tanto para no pegármela que no me queda otro remedio), pero luego me reconecto con el mundo.
De los últimos días debo reconocer que la promesa preelectoral (lo digo porque no ha empezado la campaña) de Zapatero de devolver 400 euros a los contribuyentes es lo que más gracia me ha hecho. Creo recordar que a los contribuyentes trabajadores y jubilados, parece ser que los autónomos no pagan hipotecas ni sufren la subida de los precios. Ese bonito argumento de que este es un gobierno que ahorra y que luego en los momentos difícil puede ayudar a sus ciudadanos es de lo mejor que se ha oído en los últimos tiempos. En primer lugar porque ese ahorro lo generamos los propios ciudadanos con nuestros impuestos y, en segundo, porque al menos parte de ese ahorro se ha generado por la mayor recaudación de impuestos (como el IVA) derivada de las subidas de los precios. Si lo que antes valía 100 ahora vale 108, el 16% de esos ocho que han aumentado los precios es lo que recauda de más no el gobierno (como afirma ZP) sino el estado.
Leí ayer en El País, perdonad que no ponga el enlace, pero estoy de relax, que Zapatero decía creen que no habrá ningún español que crea que intenta comprar el voto con los 400 euros. Es verdad que ha prometido devolvérselos a la gente con independencia del voto y que uno que vote al PP o IU los recibirá igual que un votante del PSOE, pero, aún así, a mi me suena muy mal, por la formulación de la promesa y porque creo que esa no es una medida seria de política económica. Vamos, que suena a las propinicas de las que tanto ha hablado Solbes.
Me hace gracia también ese decodificador del pensamiento de los españoles que parece tener Zapatero. Hace días, vi en televisión una rueda de prensa, en la que alguien le planteó una pregunta sobre el reconocimiento que hizo en la entrevista de El Mundo de que se habían mantenidos contactos con ETA tras el atentado de la T-4, algo que había negado reiteradamente anteriormente. Dejando al margen lo que me parezca el hecho en sí, que un presidente nos haya mentido y tristemente tenemos otros antecedentes de hace tan sólo cuatro años, lo que me chocó fue una frase de Zapatero que creo reproducir textualmente: “los españoles lo van a comprender, cómo no lo van a comprender”. Es decir, cómo no me van a dar la razón a mi si he hecho en todo momento lo que debía hacer. Me causó tanta pesadumbre ver a un presidente prisionero de su escafandra de autocomplacencia, que llegué a la conclusión de que una vez más, y no es el primero, el máximo mandatario de nuestro país era rehén de si mismo. Que poco deben escuchar, que poco deben atender a los demás, y cuánto temor deben generar en la corte de siseñores que son incapaces de decirlo no al líder.
Por otra parte, y como nos quedan decenas de promesas que escuchar en las próximas semanas desde este blog quiero proponer una idea novedosa para nuestras citas electorales. Se trata de crear un comité ciudadano de negociación de las promesas, un pequeño grupo de personas que nos represente y que negocie con los partidos cada promesa. Así, por ejemplo, si ZP nos ofrece 400 euros, nuestro comité negocia que sean 600, con un pago aplazado si hace falta. Si Rajoy promete rebaja de impuestos, pues se negocia con él como afecta a los tramos, las deducciones, etc. Que Chaves promete internet gratis para los andaluces, pues el comité negocia que compre también los partidos de los equipos andaluces que se emiten en pay per view. Es que yo ya estoy harto de que nos prometan lo que les dé la gana y que no nos dejen modificar las promesas. Sobre todo porque, aunque no sea muy común, cumplen alguna y sería muy bueno que fuera una promesa negociada. Será que presenté el concurso El Negociador y que me ha dejado huella.



















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