Últimamente, tan entretenidos como nos tiene el Partido Popular con sus luchas internas, nos estamos olvidando un poco de lo que de verdad pasa en España. Mientras la oposición se olvida de enfrentar al gobierno con esa realidad, más preocupados como están de que Rajoy ponga su barba a remojar que de la situación de los precios, del empleo, del mercado crediticio, de la vivienda o de las cuentas públicas, el gobierno parece seguir viviendo en el bálsamo adormecedor de la victoria electoral, sin pulso suficiente para contarles a los españoles la dimensión de la crisis a la que nos enfrentamos y, lo que es peor, sin tomarle el pulso a la situación y empezar a plantear soluciones. Claro que siempre nos quedará Llamazares, cuya intervención más llamativa de las últimas fechas pasa por proponer que se quiten la Biblia y el crucifijo en los juramentos de cargo de los ministros. Y luego se extrañará de que la gente le dé la espalda.
Los datos de hoy hablan de un desplome del mercado de la vivienda. Algunos dirán que se trata de un ajuste no traumático, en esa necesidad casi patológica que tienen de que los hechos se enmascaren, pero un descenso de ventas de viviendas en marzo de un 38% con respecto al mismo mes de 2007. Esas cifras agravan la tendencia que ya se daba en meses anteriores. Y lo que sucede es que con la situación crediticia existente y con las expectativas de los compradores de que los precios pueden seguir bajando, es más que probable que no se quiebre esa tendencia. Y si alguien cree que esos síntomas son exclusivos de un mercado como el de la vivienda, el Banco de España advierte hoy de la “atonía” que se está dando en el sector industrial.
Son muchos los que opinan que, tras la tregua que puede darnos la actividad turística veraniega, a partir de septiembre va a empezar lo más duro de esta crisis, con la finalización de muchas promociones que estaban en marcha y con muchos trabajadores yéndose a engrosar las cifras del paro, con el consiguiente aumento de gastos en el subsidio de desempleo en un entorno de menores ingresos públicos. Por eso no es de extrañar que desde el gobierno los responsables “menos políticos” de la economía empiecen a avisar de que se nos viene encima el déficit, aunque lo enmascaran con expresiones dignas de estudio lingüístico (ver al Secretario de Estado de Hacienda en El Noticiero que colgamos en la tarde de hoy). A quienes nos dedicamos al humor, estas expresiones nos dan mucha cancha y os recomiendo asimismo que veáis como en El Noticiero “nuestro” Solbes acuña ya la expresión superávit negativo.
En fin, todo lo anterior me sirve para afirmar que me encuentro huérfano de gobierno y huérfano de oposición en una situación en la que los españoles necesitamos mucho más que hace unos meses del amparo de nuestras familias.












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