Nunca imaginó que pudiera perder el control de su destino de una forma tan tonta. Él se casó, inició una vida en común, luego las cosas se torcieron y, creyendo que tenía el control de su vida, decidió separarse. Sin embargo, desconocía que existía un frente que no había previsto, un elemento fuera de control que le situaría en un mundo que nunca imaginó. Logró separarse de su anterior familia, sí, pero acabó metido en una escena sin poder decidir, el asunto se le había ido de las manos.
Jaime de Marichalar nunca pensó que al tratar de su separación de la Infanta Elena debería haber previsto que un día se había convertido en figura del Museo de Cera. Cuando fue creado y como no podía ser de otra manera, su lugar estaba entre la familia real española. Pero, claro, te separas, y pones a los responsables del museo en un brete. ¿Qué hacen contigo? Te convierten en velas, te funden y te reciclan en otro personaje (da mal rollo estar hecho de la misma cera que Marichalar), te esconden en un armario… o te trasladan a otra escena. Y esa fue la decisión de los del museo, trasladar a don Jaime y convertirlo en figurante de una escena taurina en la que ve los toros desde detrás de la barrera, sin lanzarse al ruedo. Algún malvado podría haber pensado en convertirlo en toro, pero bien es sabido que más allá de evidentes y nada sutiles referencias a adornos de la testa, cuya pertinencia desconozco, convertir a Marichalar en representante de una raza brava no parecía de lo más adecuado.
Así que ahí lo tienen al pobre, contemplando una corrida eterna con El Juli, Enrique Ponce, Jesulín y otro desubicado como él, Islero, el toro que mató a Manolete, que obviamente no fue lidiado con ese cartel. Puede que Marichalar esté contento, y que prefiera inmortalizarse como personaje en decadencia en semejante escena, pero yo creo que uno debería tener el control de esta situación y exigir que le devuelvan a uno mismo en ceras de diseño que siempre vienen bien en caso de apagón, algo que, a los precios que está la energía, puede pasar en cualquier momento.
Cosas como esta hacen que me pregunte en dónde me habrán puesto a mí, no en el museo de cera, sino en no sé que lugar en el que la gente guarde los miles de fotos que me he hecho en estos últimos años con personas que me lo han pedido por la calle, en un restaurante, en el fútbol. Siempre me pregunto qué harán, si me habrán puesto en el álbum pegado a la foto de alguien que me guste o si, por desgracia, ni tan siquiera he sido impreso y me he convertido en un mero archivo de teléfono móvil o en unos cuantos megas de nada. Y lo de las fotos tiene un pase. Pero lo de los autógrafos, ¿qué hará la gente con un autógrafo birrioso que tiene escrito en la servilleta de un bar? Supongo que todos acaban en la papelera y espero que reciclados.



A veces podemos sentirnos personajes de “usar y tirar” si no sabemos dónde nos metemos y navegaos sin rumbo.
Tú, Javier, estás en un vivo rincón de mi memoria. Añoro tu presencia en un espacio como el de una televisión generalista, pero a mí me pasa….es muy difícil este mundo del audiovisual, un mundo de lobos, donde la suerte y el talento no son suficientes.
Quién sabe si algún dia nos haremos una foto juntos, lo que sí es seguro es que seguiré escribiendo en tu blog, animado por tu certera mirada.
Pero es que a este señor le van los toros?
Dios pero que castizo era el soriano!
Besicos
Yo si tuviera una foto contigo, puedes estar seguro que estaría entre mis mejores fotos, muy bien cuidada

Y el autógrafo estaría justo al ladito en la estantería, o mejor aun, dentro del marco, detrás de la foto, no porque no quiera enseñarlo, si no para que no se estropease
¡Un abrazo Capi!
Es muy triste estar en lo más alto, ser útil a los demás, y luego pasar al olvido.
Es en esos momentos cuando uno reflexiona sobre su vida, y se de cuenta que el éxito a veces es un mal vicio, y que uno necesita nuevos retos y nuevos méritos, más nobles si cabe.
Creo adivinar qué pasa en la mente del pobre Jaime desde su desaparición, no sólo por lo doloroso de una separación, el ser un personaje público y por todo aquello que trepas y parásitos de famosos han cambiado (como eres portada de revistas me pego a ti, te conozco desde niño y eres el mejor en todo, pero mañana, tras el batacazo, nunca te he conocido y eres lo peor en todo). Creo que es un momento idóneo para Jaime demostrar que es grande no por haberse casado con una infanta, si no por otras muchas cualidades que seguro que tiene y que puede ofrecer a la sociedad.
El hecho de que su figura esté tras la talanquera resulta irónico, pero también enseña muchas cosas. Por ejemplo, antes estaba acomodado en una familia real, y ahora está más cerca del toro, oliendo el miedo. En finx: uno puede darle las interpretaciones que quiera.
Un saludo, Javier. Eres el puto amo.
Querido Javier: Aunque tu comentario está muy bien escrito, reconozco que la vida de Don Jaime de Marichalar me interesa poco. Su separación no me parece tan trágica como la de tantos otros que jamás acabaron o acabarán en un museo de cera. Ahora bien, a las personas que uno quiere, y entre ellas cuentas tú, se las acuna en el corazón y recuerda hasta la eternidad. Besos. Sonia
Lo ví, y lo ví deshubicado.
Ah, si es que en realidad no somos nada. De todas maneras es una buena metáfora para Marichalar: ahuecado de su sitio por consorte, ha de ver las cosas de su vida desde la barrera.
Saludos.
Buena metáfora, como dice Xman. Pero no hay que preocuparse: En el Museo de Cera de Madrid las figuras son tan malas que nadie lo reconocerá.
Yo que Marichalar denunciaba al museo de cera. Vaya ninguneo :-). Y como tengo sangre soriana en las venas, aprovecho la tesitura para proclamar a los cuatro vientos. AUPA NUMANCIA !!!! VIVA SORIA !!!!
Excelente artículo Capi, digno de una columna de periódico clásico. Una situación de lo más extraña la del muñeco desde luego, aunque pensándolo bien a quién alguna vez en la vida no le han tratado como muñeco de quita y pon… sic transit etc. Que tengan ustedes buen (aunque lluvioso) fin de semana.
Hace unos treinta años se movìa un entramado de ese calibre en los municipios del entorno al aeropuerto. No se si lo propiciaba el propio aeropuerto y los “movimientos” que allí se producían y gestaban.
Valga como muestra un par de imágenes:
Unas timbas o corros de taxistas en torno a una buena hoguera (invierno) y un montón de billetes de dinero. Al pasar y ver aquello se te ponían los congojos de corbata y pensabas según pasabas en el coche, sin siquiera parar, qué se estarán jugando, o apostando. Despues pensabas en el pobre tirista al que esta gente metería el “gran sablazo” despues de haberse tirado en la fila de taxis 3 ó 4 horas perdiendo el tiempo y máxime si encima te había tocado perder, incluso si había aparecido alguna nabaja… Pues bien esto lo veía la policía local del aeropuerto y ¿hacían algo?… Esto era todos los días… Quizás ellos cobraban su “canon”, ya puestos.
La otra imagen es la de cierto policia municipal destacado en el aeropuerto haciendo su ronda por un establecimiento de la zona, el Hotel Osuna en la Alameda de Osuna. Esa arrogancia con la que entraba, siemopre con algún o algunos compañeros, en el que parecía su feudo. Cubata va, cubata viene. Por supuesto cómo se le iba a cobrar, siempre había algo que agradecerle al “marsal dilon” que era lo que parecía. Le llamaban “lorenzo el pistolas”…
Que Dios nos coja confesados…
jajajajajjaajajajjajjaja, me parto el culo, hay señor, señor, no somos nadie.
Hala chaval, de vez en cuando que te den la vuelta y a mirar al tendido.