El viernes pasado estuve en Gijón invitado por El Comercio Digital para participar en Blog Asturias 2008. Fue una experiencia interesante en la que pudimos compartir puntos de vista y en la que, una vez más, pude comprobar lo poco que sé de todo esto. Ciertamente, lo único que puedo aportar en estos eventos es poco más que la experiencia personal de crear y mantener un blog, que por otra parte esta muy lejos de los que son populares y muy visitados, cómo a parftir de ahí nacieron La Carcajoda y El NOticiero, así como una serie de reflexiones sobre este nuevo medio de comunicación. Porque más allá de esto, mis conocimientos son más bien escasos.
Mi presencia consistió en una breve charla sobre mi experiencia en el mundo de los blogs y formar parte de una mesa redonda, moderada por Miguel Orense, en la que estaban Patricia Fernández y Begoña Puerta (Comparte mi moda), Víctor Ruiz (Barrapunto, Infoastro), Antonio Martínez Ron (Fogonazos), María de Alvaro (Jo Tía), Juan Neira (Largo de Café), Alberto Verdoy (Hipertextual) y Lucía Álvarez (Enredarte). Entre el auditorio estaban también Wicho (Microsiervos), Antonio Ortiz (Error500, Weblogs), Miguel Artime (Maikelnai’s blog), Guilllermo Carvajal (La brújula verde), Alejandro Lombilla (Fútbol de Lux) o Alma Fernández Borbolla (Webmaster libre), entre otra mucha gente que mi mala memoria me impide citar. Fue una mesa redonda bastante participativa y en la que las personas del auditorio plantearon bastantes preguntas.
De lo que pude escuchar en mi corta presencia, ya que llegué a la última sesión, puedo hacer algunas anotaciones. Cuando el blog quiere trascender más allá de una herramienta personal de comunicación, es decir, cuando nos enfrentamos ya a la posibilidad de desarrollos empresariales en torno al mundo del blog (y yo lo ampliaría a todos quienes desarrollan contenidos para la red) nadie acaba de tener del todo claro el modelo de negocio. Da la impresión de que hay una cierta coincidencia en cuanto a la posibilidad de que puedan desarrollarse esos modelos, pero siempre que se piense más allá del corto plazo. Vamos, que parece necesaria una estructura de costes muy ajustada unida a un cierto músculo financiero para poder adquirir tamaño y, a partir de ahí, optar a rentabilizar la actividad.
En segundo lugar, y a pesar de la enorme expansión que ha tenido la blogosfera, creo que todos somos más o menos conscientes de que con honrosas excepciones, llegamos (yo sobre todo) a un universo muy limitado de personas y que hasta quienes ocupan un lugar muy destacado en este mundo de los blogs, suelen ser perfectos desconocidos fuera del ámbito especializado. Sin embargo, ese impacto “limitado” en cuanto a la proyección social de los bloggers, no quiere decir que no tengan capacidad de influencia en la sociedad. Muy probablemente, dicha capacidad la ejercen sobre un grupo de personas que a su vez gozan de cierto liderazgo en sus círculos profesionales y personales, lo cual puede actuar como un multiplicador de la influencia del blogger.
Hubo también mucho debate en torno a los comentarios en los blogs: sí, no, moderarlos, no… Bajo mi punto de vista, esa es una opción del blogger. A mi me gustan y lo único que siento es no disponer del tiempo suficiente para retroalimentarlos. Por otra parte, me sentí muy orgulloso de todos los que entráis en este blog, por cuanto yo todavía no he tenido trolls merodeando por aquí. Eso habla muy bien de vosotros, así como del limitado impacto de este blog que ni siquiera es capaz de movilizar a un troll. En mi caso, siempre apruebo los comentarios y sólo una vez borré uno por su contenido insultante hacia un personaje público. Debo reconocer que he borrado algún otro accidentalmente, cuando wordpress lo pasa a la bandeja de spam y le he dado a borrar sin haberlo salvado previamente.
Al margen de los contenidos de la mesa redonda, luego disfrutamos de un espicha de sidra y tomamos alguna copita. El sábado por la mañana disfruté de un magnífico paseo por Gijón, con unos 22 grados de temperatura y una brisa deliciosa, en compañía de Arturo J. Paniagua, Antonio Martínez Rom y Alberto Verdoy. Lo único malo es que, tal y como sospechaba, acabé quemándome por culpa del puñetero sol.
Foto tomada de aquí.








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