Leo en El Mundo que la SGAE, en una de sus múltiples artimañas para intentar defender a base de patadas y arañazos un modelo de negocio caduco, ahora utiliza al Ministerio de Industria para obtener informaciones (quiénes son los administradores de determinadas páginas) para luego dirigir su ira recaudadora contra personas concretas.
La impresión que he sacado después de la lectura de la información es que no estamos ante uno de esos casos en los que el poder político baila el agua a los artistas (algunos de ellos sólo presuntos y otros unos auténticos maestros) para mantener una relación privilegiada con los mismos, sino que más bien se trata del aprovechamiento que hace la SGAE de una especie de procedimiento de oficio de esos que las maquinarias burocráticas no saben parar. La SGAE denuncia a páginas porque no publican los datos del administrador y, de esa forma, el mecanismo administrativo empieza su caminar, resuelve la denuncia, se lo comunica a la SGAE y, además, acaba multando a los administradores. La sociedad de autores, entonces, inicia sus denuncias por las presuntas violaciones de la propiedad intelectual.
Da la impresión de que el Ministerio se convierte en herramienta involuntaria de una estrategia con otra autoría y que su uso instrumental muy probablemente le lleve a actuar en contra del espíritu de la ley. Lo que más gracia me hace es que en los impresos de los expedientes se puede leer “Dirección General para el Desarrollo de la Sociedad de la Información”. No deja de ser curioso que una dirección general con ese nombre sea utilizada por la SGAE como estilete contra gente con iniciativa en la red.
Vuelvo a insistir en un argumento que vengo repitiendo desde hace mucho tiempo. Aquí no se trata de discutir derechos de autor sí, derechos de autor no. Evidentemente sí. Aquí de lo que se trata es de la obsolescencia de un modelo de negocio basado en vender copias físicas de obras, copias en las que se nos obligaba a los consumidores a comprar discos con doce canciones de los que sólo nos gustaban tres, de un negocio de distribución más que de creación. Si la SGAE pusiera en el diseño de un nuevo modelo de negocio para los autores el 10% de la energía que pone en perseguir páginas web, novios, autobuses de línea, verbenas, despedidas de solteros, conciertos benéficos y hasta canturreos en la ducha, estoy seguro de que hoy tendrían orientado su futuro.
Por otra parte, al igual que sucedía con la mujer del César, no basta con que el autor sea pobre, sino que también debe parecerlo. Lo digo porque la presunta pauperización con la que justifican su inquina persecutoria no parece que case muy bien con el hecho de que los arruinados autores afronten un macroproyecto de restauración como el del Palacio del Infante Don Luis. En primer lugar, todos sabemos que una restauración de ese tipo compromete unas decenas de millones de euros, algo que, con lo mal que les va el negocio, no sé yo si van a tener. En segundo lugar, según parece, para la SGAE un arquitecto no debe ser un autor, por cuanto en su proyecto prevén alterar sin ningún rubor la obra original. Cierto es que por tratarse de un Palacio Neoclásico los derechos del autor (por cierto, creo que los arquitectos no cobran porque disfrutemos viendo sus obras) pueden haber caducado, pero igual que se pretende prorrogar los derechos de los Beatles y hasta los de Bisbal, digo yo que los autores deberían proteger los de Ventura Rodríguez. ¿O Ventura Rodríguez creo el palacio con licencia Creative Commons? Y en tercer lugar, volviendo a lo de la mujer del César, la sociedad de autores no basta con que sea honesta, sino que también debe parecerlo. Lo digo porque, según informa la prensa, la adjudicación del mencionado Palacio se encuentra bajo la sombra de la sospecha.
En fin, para terminar, sólo quiero decirle a don Teddy, el apóstol que lucha contra el demonio pirateril, que en lugar de intentar asistir a tanto entierro de páginas web de enlaces, más le valdría hacer honor a su apellido y bautizar una nueva forma de concebir su negocio. Más le vale cambiar el rumbo de su apostolado. Que el señor nos libre del deSGAErrollo de la sociedad de la información.








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