Os reproduzco el artículo que he publicado hoy en El Mundo.
“El Mundo me ha pedido un artículo en el que defendiera las posibilidades de la selección española de ganar a la italiana en los cuartos de final del europeo, convencidos de que, en cuanto me pusiera mi brazalete de Capitán, iba a ser capaz de transmitir entusiasmo a la tropa.
Hasta la fecha, la selección ha desplegado un juego más que digno, con algún bachecillo en el desarrollo de los partidos, pero ha mostrado el descaro de un equipo joven similar al de la también joven ministra de Igualdad, Bibiana Aído, con la diferencia de que ella mete goles en propia puerta y la selección lo ha ido haciendo en la contraria. Sin embargo, y a pesar de su juventud, a los jugadores les hemos ido transmitiendo nuestros temores ancestrales: la maldición de cuartos, el poderío italiano, nos bloqueamos en los momentos importantes, no sabemos competir… Para evitar que todos esos temores acaben atenazándoles, sugiero una táctica psicológica, consistente en recurrir a la estrategia política de moda: el uso del eufemismo como forma de enmascaramiento de la realidad.
Si al trasvase le llamamos movimiento de recursos hídricos en las cuencas internas, si al decrecimiento lo definimos como crecimiento negativo y al déficit superávit con signo contrario, si darse de leches dentro de un partido político es el encuentro de distintas sensibilidades en el seno de la organización, o si a la crisis económica nos referimos como desaceleración significativa, el uso de esta estrategia en el terreno deportivo puede marcarnos también la senda del éxito.
Con la técnica del eufemsport, en lugar de hablar de Italia, que inspira temor, nos referiremos al equipo transalpino, lo que tal y como están los conocimientos de geografía en nuestra juventud posiblemente despiste a más de uno. Alternativamente, podríamos denominarles como los churris, versión españolizada y chikilicuatrizante de Azzurri, algo que puede dar mucha confianza a los chicos: “alucinan los churris si creen que van a poder ganarnos”. Eufemsporticamente, en lugar de referirnos a la selección italiana como cuatro veces campeona del mundo, afirmaremos que jugamos contra los catorce veces perdedores del mundial, una forma igual de exacta de interpretar la historia, pero que transmite sensaciones bien distintas. Frente a quienes afirman que el juego de Italia va creciendo a medida que avanza el campeonato, nosotros diremos que su rendimiento decrece negativamente (no olvidemos que menos por menos es más). En definitiva, quién puede temer al equipo transalpino, más conocido como los churris, catorce veces perdedores del mundial, cuyo juego está decreciendo negativamente desde que ha empezado el campeonato.
Por si fuera poco, siempre podremos recurrir a trucos para cargar de emotividad el partido. Así, convendría que todos los jugadores salieran al campo con una estampita del Luis Enrique sangrante del 94 (cuando Tasotti le rompió la napia), con un lema impreso: “vamos a ganar por narices”. Por otra parte, si alguien teme la protección vaticana de la que pueda disfrutar Italia, recordemos que Benedicto XVI es alemán y que reza por los germanos. Además, sólo hace falta pensar que Gatusso es una referencia en Italia para convertir a Aragonés en cura y conseguir la protección divina para el equipo.
Creo haber diseñado una estrategia infalible. Si aún así nos eliminan, siempre nos quedará el consuelo de culpar al PP, que ha descentrado a los muchachos al celebrar su congreso en el fin de semana de los cuartos de final. Tremenda inoportunidad.”











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