Archivos para la Categoría 'sociedad'

09
Oct

El exceso de información

En este mundo que nos ha tocado vivir ya no sé qué es peor, si la falta de información o el exceso de la misma. Durante mucho tiempo nos dijeron aquello de que la información es poder, pero adaptado a los tiempos que corren deberíamos decir que la información que se puede asimilar es poder, el resto puede acabar siendo ruido.

En esta crisis de confianza que vivimos (desconfianza en los bancos, desconfianza en los gobiernos, desconfianza en la situación económica, desconfianza en las soluciones, desconfianza en el futuro…) empiezo a pensar que uno de los problemas que tenemos es precisamente ese, el del exceso de información. Cada día nos llueven noticias que tienen que ver con la situación de instituciones financieras, las que quiebran, las que necesitan ayuda, las que compran a otras… noticias de lo que hacen los gobiernos con sus planes de rescate, compras de activos tóxicos, compras de activos buenos, garantías de depósitos, nacionalizaciones parciales… noticias de lo que hacen los bancos centrales inyectando liquidez hoy sí y pasado mañana también, rebajando tipos… noticias de previsiones del FMI sobre la economía española, sobre el peligro de recesión mundial, sobre el crecimiento en un horizonte en torno a 2010… noticias sobre empresas que despiden empleados, que disminuyen o aumentan (estas las menos) sus beneficios… noticias sobre la coyuntura económica con la confianza del consumidor, los datos nada buenos del PIB y el empleo, la evolución de la inflación, las ventas de coches y viviendas que no paran de bajar… noticias sobre los mercados bursátiles que bajan en una y otra plaza, que parece que rebotan, que vuelven a caer, que se hunden en Asia, que bajan menos en Europa, que al rato se hunde Europa, que luego el Dow Jones… noticias de declaraciones de ministros de economía, presidentes, responsables del tesoro, funcionarios europeos, analistas financieros… es tal el aluvión de información que se nos viene encima que estamos ante un imparable tsunami informativo que acaba abrumándonos y haciéndonos sentir cada vez más pequeñitos y más asustados. Y, cuando parece que nos recuperamos, llega el tsunami del día siguiente.

Nos acojona ya lo que pasa en Islandia, la situación de un banco que nunca supimos que existía que se llama Hypo, no sabemos si de hipopótamo o de ataque de hipo, unos hermanos llamados Lehman que deben ser peor que los hermanos Malasombra, un aseguradora que se llama AIG que no es capaz ni de asegurarse su futuro, nos hemos aprendido el nombre de Trichet… vivimos en un mar de nombres de mal fario, datos angustiosos, noticias deprimentes y, por mucho que nos pongamos el flotador de quienes llaman a la tranquilidad, nos acabamos hundiendo con la sensación de que va a ser muy difícil volver a flote. Y la espiral crece y crece y crece, no sólo para nosotros, sino para los responsables políticos y económicos, a los que les pasan las noticias por al lado como si fueran bólidos de fórmula 1, sin tiempo ni para ver las pegatinas y al grito de “habrá que hacer algo” se ponen a parir planes que se suman a la ola del tsunami y la hacen crecer. Y lo mismo con los actores financieros que no se fían ni de su padre. Y yo ya no entiendo nada y veo cómo las cuatro acciones que tengo cada día valen menos y que un fondillo de inversión ya no sé ni lo que vale, y como yo millones de pequeños ahorradores en medio mundo, y mientras unos, en medio del aturdimiento, no hacemos nada, otros venden y venden, aunque sea a precio de saldo y los mercados bajan más y, como el miedo cunde, se espera que los beneficios de las empresas sean menores y vende por si acaso es verdad, que es mejor coger el dinero y correr y yo, que no hago nada, pensando si seré bobo, pero bobo de verdad.

Así que puestos incluso en la hipótesis del desastre, empiezo a pensar que la mejor forma de empezar a solucionar esto sería un pacto de silencio. Que durante dos meses o el tiempo que fuera dejaran los medios de utilizar sus titulares con hundimientos, colapsos, caídas históricas, niveles más bajos, quiebras, desplomes, etc. etc., que dejaran de presentarnos nuestros gobernantes treinta planes diarios de salvación que parece que no salvan nada, que nos dejaran de insuflar ánimos, que dejáramos de hablar de todo esto y que sea lo que tenga que ser. No digo que se deje de actuar, no, dijo que se deje de hablar. Porque tengo la impresión de que, en el peor de los casos, el escenario final sería el mismo, pero todos viviríamos con macha más tranquilidad y, si así fuera, seguramente el escenario final sería mejor. 

Que conste que ahora me refiero al tema de la crisis, pero este mismo análisis lo deberíamos realizar en muchos otros campos. Así, a bote pronto, se me ocurre la angustia que se autogenera quien se ve una peca, acude a internet en busca de información y acaba creyendo que tiene un cáncer. Os propongo que, entre todos, reflexionemos sobre este tema del exceso de información y de cómo una asignatura fundamental de los programas educativos debería ser cómo enfrentarse a este hecho y dotarnos de criterios que nos permitan navegar en esa marejada.

06
Oct

El parking de los principios

Leo que el gobierno de España se está planteando hacer aflorar el dinero negro que hay en España. Según se afirma en la noticia, la idea es que los billetes de 500 euros que en nuestro país abundan más que en ningún sitio, salten de estar debajo del ladrillo a habitar en las entidades financieras, de tal forma que los miles de millones que parece que andan ocultos supongan una inyección de liquidez para las entidades financieras y, por ende, para nuestra economía.

 

Parece ser que la propuesta no encuentra unanimidad en el seno del gobierno, por cuanto para lograr que eso suceda se necesita un incentivo para que los billetes de 500 pasen del negro al blanco, una manita de pintura que pasa por cuestiones fiscales para mover un dinero que, precisamente, lo que ha querido (bueno, sus propietarios, no el dinero) ha sido evitar la fiscalidad.

 

En este tiempo de grandes turbulencias, parece que hay quien cree que determinados principios pueden aparcarse (hasta el funcionamiento libre del mercado según el presidente de la patronal) con tal de capear el temporal. En primer lugar, dudo de que los incentivos fiscales (a no ser que se trate de una amnistía fiscal) hagan aflorar ese dinero (algunos concejales de urbanismo incluidos). En segundo lugar, no creo que sólo el sector inmobiliario sea quien haya generado esas sumas, sino que gran parte de esos billetes deben moverse en el entorno delictivo del narcotráfico y sectores afines, y dudo mucho que los delincuentes apuesten por este sistema de blanqueo que tantas pistas sobre ellos podría dar. Pero al margen de todo ello, el mensaje que se estaría transmitiendo desde los poderes públicos a la sociedad sería realmente desmoralizador. Es decir, en virtud de un parche a la situación actual estaríamos aceptando que quienes han estado engañando al fisco, exigiendo pagos en dinero B para vender una propiedad y evitando ingresar en la caja común lo que les correspondía, puedan solventar la situación y legalizar su dinero con un coste mínimo. Si esto afectara a los ciudadanos normales y corrientes (quien más quien menos ha escriturado una compraventa por debajo de su valor), pues oye, la cosa no sería tan grave, pero no sé porqué sospecho que esos miles de millones no andan repartidos entre toda la población, sino que deben estar concentrados en unos cuantos menos.

 

Yo casi prefiero que los principios sigan circulando.

   

02
Oct

Los palos de ciego

Los nuevos datos de paro conocidos hoy confirman los peores temores y la dimensión de la crisis que estamos viviendo en España. Los representantes del gobierno se hartan de decirnos que estamos mejor preparados que otros países de Europa para afrontar la situación, pero lo cierto es que el indicador más dramático, por cuanto afecta a la vida de muchísimas familias, que es el del paro, nos sitúa ya a la cabeza de la Europa comunitaria. Somos los que tenemos mayor porcentaje de paro (nos sigue Eslovaquia) y no parece que la tendencia vaya a cambiar. 

Nuestros políticos se pasan horas y horas los unos acusando al gobierno de no estar haciendo nada frente a la crisis y los otros explicando por qué ellos no tienen responsabilidad alguna en lo que está pasando. Durante unos meses se pasaron echando la culpa de nuestra situación a una maldita conjunción de crisis financiera y altos precios del petróleo, pero lo cierto es que una vez se han moderado estos últimos de forma más que significativa, no hemos visto mejora alguna más allá de unas decimillas en las cifras de la inflación. Pero lo malo es que sigue esta tendencia casi patológica a intentar encontrar fuera de nuestras fronteras la explicación a lo que pasa para eludir responsabilidades. Aquí no se trata de encontrar culpables, sino de diagnosticar bien lo que nos sucede, porque sin duda tenemos síntomas de una enfermedad internacional, en algunos casos (como el sistema financiero) incluso estamos mejor, pero no cabe duda de que hay elementos de esta crisis que son endógenos y que se deben a las características de nuestro crecimiento en los últimos años.

Hemos crecido mucho en los últimos tiempos, es verdad, pero ¿lo hemos hecho de forma armónica? ¿Ha respondido el crecimiento de nuestra renta per capita a una evolución en sintonía de la economía real o parte de ese crecimiento se ha debido a comportamientos especulativos? Mirémonos y digámonos si en verdad se ha enriquecido tanto el país, qué parte de nuestra riqueza tiene cimientos sólidos, cuánto le debemos a los fondos europeos que nos hemos hartado de recibir y cuyo flujo ya se está cortando. Preguntémonos estas y muchas otras cosas para dibujar un panorama real de quienes somos para no seguir equivocando el diagnóstico.

Y digo lo del diagnóstico porque hoy he vuelto a escuchar a la vicepresidenta reiterar el argumento de la responsabilidad del sector de la construcción en lo que estamos viviendo con el paro. Es verdad que ha sido el primer sector en sufrir el frenazo, pero un vistazo simple a las cifras de hoy demuestran que otros sectores, en especial el de servicios, se apuntan con fuerza al crecimiento del paro. Esta no es la crisis de la burbuja inmobiliaria, que también, es una crisis más profunda del modelo económico en su conjunto, de unos años felices años en los que nos creíamos una situación que en parte era un espejismo. 

Si nos seguimos empeñando en echar la culpa de lo que nos pasa a las hipotecas subprime, al precio del petróleo y al sector de la construcción, si no vemos más allá de nuestras narices, seguiremos equivocando el diagnóstico y seguiremos trabajando en parches. Necesitamos una profunda discusión social de qué es lo que queremos ser como país, de hacia dónde queremos encaminar nuestros esfuerzos. Queremos seguir siendo un país turístico con el modelo actual o queremos cambiarlo, nos contentamos configurándonos como el asilo residencial de Europa o no nos convence, pensamos que en cuanto escampe debemos volver a enladrillar España o apostamos por otra cosa, facilitamos el camino a los emprendedores o les seguimos exigiendo heroísmo para salir adelante, estudiamos en qué sectores podemos tener ventaja competitiva y los apoyamos con fuerza o dejamos que sea lo que Dios quiera. Nuestro modelo ha encallado y, o nos ponemos a trabajar colectivamente en lo que queremos ser, o daremos muchos palos de ciego. Y lo malo es que llevamos ya un tiempecito dándolos. A ver s lo que pasa es damos esos palos porque no somos capaces de ver la realidad.

01
Oct

La importancia de decir no… y de mantenerlo

 

La memoria de la Fiscalía General del Estado refleja este año un incremento sustancial de algo que hace unos años nos hubiera parecido inimaginable: las agresiones de hijos a sus padres e incluso a los abuelos. Este es, sin duda, un síntoma de que algo estamos haciendo muy mal como sociedad y un motivo de reflexión profundo para muchos padres cuyos hijos son todavía pequeños pero que apuntan ya maneras preocupantes.

 

Esa violencia hacia los padres, que se manifiesta de forma especialmente dura en la adolescencia, es un fracaso brutal de la convivencia familiar y del proceso educativo, así como la manifestación de un preocupante desequilibrio psíquico del chico o chica que agrede, quien no cabe duda de que ha edificado su personalidad sobre unos cimientos quebradizos además de tristísmos.

 

A una situación como esa no se llega de repente, sino que es el fruto de una educación mal enfocada por la familia en un entorno social que, si bien es cierto que cada día es más complejo, debe ser balanceado en el núcleo familiar. Creo que muchos de nosotros, en nuestro entorno cercano, conoceremos algún caso del que no nos extrañaría que derivara en algo parecido a la situación a la que hace referencia la fiscalía, por cuanto son muchos los padres que hoy practican la educación sin límites o, lo que es lo mismo, la carencia de educación.

 

No soy psicólogo, pero siempre he entendido que a los niños, desde pequeños, hay que hacerles entender qué es lo que y qué es lo que no pueden hacer. Los niños son artistas de llevar las situaciones lo más lejos que puedan dentro de sus intereses y la determinación de los límites es una tarea fundamental dentro del proceso educativo, algo que corresponde a los padres. Decir “no”, por mal que suene, es seguramente una de las grandes cosas que pueden hacer los padres por sus hijos, entre otras cosas porque la vida en sociedad lleva intrínseca el establecimiento de fronteras a nuestras ansias irrefrenables. Un niño al que nunca se le dice que no tiene altísimas probabilidades no sólo de ser un gili… insoportable, sino de estar abocado a fracaso social, laboral e incluso personal en su vida de adulto. Puede que no lo sea, pero en mi opinión tendrá muchas papeletas.

 

Sin embargo, más importante que decir “no” es ser capaz de mantenerse en ese “no” cuando sea razonable. Son muchos los padres que dicen que no a muchas de las pretensiones de sus hijos, pero que sólo son capaces de aguantar el primer o el segundo asalto. Algo que me parece especialmente contraproducente es esa tendencia a que después de un poquito de insistencia machacona, una gracia, un chantaje afectivo, una pataleta, la apelación al miedo o la argucia que sea, el no acabe diluyéndose cual azucarillo para convertirse en un sí. Da lo mismo lo que sea, una consola, una chuche, ver un programa en la tele, dormir en la habitación de los padres, estudiar, ducharse… el no mantenerse en el “no” (entendiendo el no en un sentido amplio, no sólo en el de una negativa) es un tremendo error en la educación de un niño. 

 

Tampoco sirve algo que se escucha con frecuencia, lo de que cuando sea un poco más mayor ya nos lo tomaremos más en serio esto de ponerle límites, pero ahora que el niño disfrute. Y es que la técnica del aplazamiento con mucha probabilidad hará casi imposible recuperar el tiempo perdido cuando no imposible. El niño que no tiene asimilado que en la vida no es posible hacer todo lo que uno quiere a los cuatro, difícilmente lo entenderá a los iete y, cuando llegue a la adolescencia, lo que con otros chavales es un conflicto normal (a veces difícil de aguantar) para su edad, en ellos deriva en una situación insostenible.

 

Los niños necesitan tener en sus padres (padre y madre) un referente afectivo, pero también un referente de autoridad. No se trata de volver al modelo que vivieron nuestros padres, de una familia autoritaria donde el niño era casi el último mono, sino de asumir una tarea de educación en la que todo se desarrolle dentro de la normalidad de la relación entre un niño y sus padres. Eso, además, debe extenderse a la relación del niño con la sociedad, con sus abuelos, con sus educadores en la escuela, con las personas que les cuidan, con lo vecinos, con un mundo que deben aprender a respetar.

 

No es fácil, en muchas ocasiones es más cómodo comprarle al niño la wii, dejarle que regrese a no sé que hora cuando tiene sólo doce años y tantos y tantos ejemplos en los que podemos pensar. Pero la renuncia a ello es el peor favor que podemos hacerles a los chavales y a nosotros mismos. Siempre he mantenido que una familia es eso, una familia, no una democracia, porque en una familia lo que diga el niño (sobre todo a ciertas edades) no puede condicionar decisiones que deben tomar quienes están en el ejercicio de la autoridad, o sea, los padres. 

 

No nos podemos permitir este fracaso colectivo, porque estoy convencido que en estos polvos están los lodos de un fracaso social de parte de una generación, algo que, al final, pagaremos todos. 

18
Sep

el boomerang de la crisis

Al hilo de lo que escribí en mi último post sobre la administración Bush y la evolución de los mercados financieros de EE.UU., en los últimos días se observa una tendencia creciente a señalar a esa administración con un dedo acusador al menos desde el gobierno y el PSOE. El Presidente Zapatero anteayer o Pepín Blanco hoy han insistido en ubicar en ese país la causa de la crisis que estamos viviendo. No seré yo, desde luego, quien discuta que allí se encuentra el origen de lo que estamos sufriendo, pero no cabe duda de que el impacto de la crisis financiera en la economía real nos obliga a buscar otras razones que nos expliquen el porqué la onda expansiva está siendo tan fuerte y con un enorme alcance. Esto no es tan simple como que nosotros somos unas pobres víctimas de los americanos malos.

 

Nuestros últimos gobiernos, los de Aznar y Zapatero, en cierta medida han sido al mercado inmobiliario lo que la administración Bush al mercado financiero. Desde hace más de una década nuestra sociedad era consciente de que la evolución del mercado inmobiliario nos estaba llevando a una carrera loca de edificación y de precios. Se construían muchas más casas de las que parecía razonable en función de la demanda existente, los precios acumulaban alza tras alza en una senda creciente que no parecía tener límite y el esfuerzo de las familias para adquirir una vivienda era cada vez mayor (en los casos en los que se podía intentar el mismo). El dinero relativamene barato y una cierta facilidad crediticia alimentaban un mercado en el que la especulación estaba enormemente presente y, tal como se ha demostrado después de muchas operaciones policiales, el dinero procedente de negocios ilícitos en busca de blanqueamientos también.

 

Las constructoras crecieron de una forma espectacular, las fortunas que se han acumulado en torno a ese negocio también, cualquier avispado con nociones en albañilería se autoproclamó promotor, el que tenía un poco de dinero ahorrado se vio tentado por la especulación (compro, doy una señal, vendo antes de escriturar y me llevo una pasta), grandes constructoras se lanzaron ala compra de suelo y más suelo o la participación en otros sectores acumulando una deuda que no preocupaba (¡esto sigue subiendo, amigos!). Es decir, vivíamos una situación que casi todos los ciudadanos contemplábamos como esa famosa burbuja que hoy, definitivamente, ha estallado con un daño muy superior al que hubiera causado si nuestros gobiernos no hubieran mirado a otro lado.

 

Pero claro, ese era el motor del crecimiento y de la creación de un empleo que ha tenido que venir de fuera, era una fuente inagotable de recaudación para el estado comunidades autónomas y ayuntamientos, era lo que nos llevaba a ser la octava potencia económica del mundo, todo lo que se movía en torno a ese mundo generaba consumo para a otros sectores… Con todo eso, intervenir ¿para qué? Que más da que las bases sean endebles si el modelo sigue funcionando. Pero llegaron los americanos malos y se jodió el invento. La culpa de Bus, sin duda, pero también de unos políticos y una sociedad que se dedicó al carpe diem económico a sabiendas de que lo que sucedía no era normal.

 

Unas pocas promesas de vivienda social (para el pelotón que no puede pagar la hipoteca) y a seguir disfrutando del momento. No soy político ni sé bien cómo se puede hacer, pero estoy convencido de que se podía haber hecho mucho más: legislar contra las compra-ventas especulativas penalizándolas con una imposición que desincentivara las mismas, investigar el origen del dinero de determinadas compras, centrar a la inspección fiscal en un sector que ha movido muchísimo dinero negro, limitar los niveles de deuda que podían asumir las constructoras… no sé, porque ni conozco ese mercado ni soy legislador, pero estoy convencido de que algo se podía haber hecho.

 

No hubiéramos crecido tanto, igual seríamos  la duodécima economía del mundo, pero nuestra estructura económica hubiera sido menos patológica y hoy el impacto del parón inmobiliario sería mucho menor, no habría seguramente martinsas en suspensión de pagos, los niveles de impagados serían menores, etc., etc.

 

Así que a Zapatero y a Pepín y a los que gobernaron antes les sugeriría que no utilicen sus balas dialécticas con tanto inquina contra el presidente americano, un penoso presidente se le mire por donde se le mire, no vaya a ser que en realidad sea un boomerang que les acabe dando en la cocorota.

 

 

13
Sep

Sgae (gratis)

Me he puesto a mirar el programa de la Noche en Blanco que hoy se celebra en Madrid en elmundo.es y en la parte de las actuaciones musicales me he encontrado con ese titualar de “Música (gratis) en la SGAE”. La verdad es que no sé si se trata de una licencia del periódico (imagino que sí), pero me ha hecho mucha gracia esa aclaración de gratis junto a SGAE. Como son conceptos absolutamente antitéticos, el paréntesis sirve para no contaminar la pureza recaudadora de la sociedad da autores, para la que el concepto gratis es algo de oficio perseguible hasta, como han demostrado en ocasiones, en los festivales benéficos cuyo objetivo es recaudar fondos para ayuda humanitaria.

Claro que no sé si, dado el repertorio de la Orquesta Pinha (vals, polka, pasodoble…) lo que sucede es que lo que van a interpretar es tan antiguo que ya no genera derechos. Puede que por ahí vaya la cosa, porque me sigue extrañando mucho que, en su particular concepto de la difusión cultural, permitan que cualquier evento de disfrute colectivo de la música se vaya de rositas sin pagar derechos. Claro que, al fin y al cabo, la mayor parte de los asistentes les habrán generado ya algo de canon con sus teléfonos móviles y otra serie de artilugios.

Nada, que me ha hecho gracia el titular.

09
Sep

Bardem, sigue a lo tuyo

He leído en El País una reseña sobre unas declaraciones de Javier Bardem para The New York Times. Según aparece en la mencionada reseña, Berdem ha afirmado lo siguiente: “Los españoles son duros. Critican mi trabajo y dicen que me he vendido. En esos momentos a uno le gustaría decirles: ‘Parad. Sois un montón de estúpidos’. Pero está claro que no le puedes gustar a todo el mundo”.

 

Que no le podemos gustar a todo el mundo es algo evidente, algo que nos sucede a todos en nuestra vida privada y algo que sucede en mayor medida a quienes como Bardem (o como yo mismo en menor escala) exponemos nuestro trabajo a un juicio público.

 

Tal vez yo no sea español o quizás mi dedicación a una profesión paralela me haga menos duro, pero sinceramente no me encuentro entre quienes piensan que Bardem se ha vendido. Criticar su trabajo, sí, en el sentido de someter a juicio lo que hace, pero, al menos en mi caso y en relación con él, el resultado suele ser positivo. No son un cinéfilo ni un crítico de cine y, por tanto, mi criterio no va más allá del de un simple aficionado, pero Bardem me parece un muy buen actor. Creo que además su físico y especialmente la expresión de su cara hacen que, además, sea un actor con una personalidad muy marcada.

 

Como he dicho no soy un cinéfilo y no suelo leer las críticas cinematográficas. Por esa razón, ignoro si entre la crítica española se le dice que se ha vendido. No acabo de entender muy bien ese concepto. Hasta donde yo sé, Bardem es un profesional de la interpretación a quien le pagan por encarnar distintos personajes. ¿Es venderse hace un cierto tipo de interpretaciones y sin embargo es arte, compromiso o progresía dedicarse a otras? Memeces. En una carrera uno acepta papeles y propuestas por razones bien distintas: porque te gusta el guión, porque te hacen una oferta irresistible, porque te divierte hacer algo distinto, porque el director es un colega tuyo, porque tienes muchos amigos en el casting… no seré yo quién le diga a Bardem lo que debe aceptar ni qué es lo que tiene que rechazar. Lo único que le pido es que en cada interpretación esté lo mejor que sepa y pueda.

 

No sé si la impresión de Bardem tiene que ver con una crítica muy frecuenta por directores frustrados o con un colegueo en el que abunda tanto lo bueno como lo mezquino. A él le va bien, yo me alegro y espero que le siga yendo así de bien. No tiene que pedirnos perdón por el triunfo y, desde luego, no espero de él, como dice en la entrevista que me demuestre que es “el mismo chaval estúpido y limitado de antes y no esa especie de chico de oro”.

 

Sólo conozco a Bardem de una entrevista que le hice junto con Olga Viza en Radio Nacional. Y no me pareció nada estúpido. Por eso creo que esa trayectoria de éxito que le acompaña no le acabará convirtiendo en una estúpida estrella de pedestal. Que digan lo que les dé la gana, pero tú sigue a lo tuyo y disfruta del momento.

 

P.D. La entrevista fue con motivo de un documental que produjo titulado “Invisibles”. Un documental en el que se narran cinco historias de gente que vive en el olvido. Os lo recomiendo.

 

 

04
Sep

Nueva ley del aborto

La Ministra de Igualdad, a la que han tenido calladita después de su debut resbaladizo, ha vuelto a tomar la palabra para decir que en el primer semestre del próximo año habrá una nueva ley del aborto. Este es un tema especialmente delicado, en el que las creencias de cada cual suelen derivar en una toma de postura bastante inflexible y que, además, suele tomarse como campo de batalla entre distintos bandos ideológicos.

 

Es evidente que tenemos una ley del aborto que tiro por la calle de en medio y que deja los supuestos en los que es legal abortar al albur de criterios subjetivos. Ante una misma situación, unos especialistas proabortistas ampararán la decisión de interrumpir el embarazo, en tanto que otros dirán que no existe el supuesto que contempla la ley. Eso, bajo mi punto de vista, hace que la ley sea mala, por cuanto la falta de unos baremos objetivos hace que hecha la ley hecha la trampa en uno u otro sentido. Por ello, yo estimo que es necesaria una reforma de la ley y que, creencias al margen, el establecimiento de criterios no interpretables clarificaría la ley y ayudaría a que todos supiéramos a qué atenernos. Pero, claro, es evidente que una ley en esa línea, como podría ser una de plazos, se encontrará con un rechazo social importante.

 

En este punto, y habiendo dejado claro que yo creo necesaria una reforma de la ley, quiero ir a otro aspecto de esta cuestión. El otro día, en su entrevista con María Teresa Campos, escuché al Presidente Zapatero hablar con convicción de su compromiso en el cumplimiento del programa electoral. Lo que yo me pregunto ahora es si ese programa electoral  está en línea con el anuncio de la Ministra. El Psoe se presentó a las elecciones con el siguiente programa: “promover la reflexión, atendiendo al debate social, sobre la vigente Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la posibilidad de modificarla con el fin de garantizar la equidad en el acceso y la calidad de esta prestación sanitaria. Cualquier posible modificación deberá basarse en un amplio consenso garantizando en su aplicación la seguridad jurídica para los equipos médicos y para las mujeres cuya voluntad debe ser respetada dentro de los límites de la ley”. 

 

Así, en principio, a mi me parece que lo que ha dicho la Ministra incumple el programa electoral del Psoe, que habla de una modificación de la ley y de un amplio consenso. Pues nueva ley y consenso, lo que se dice consenso, me parece a mi que no va a haber, a no ser que la palabra consenso excluya a los partidos conservadores. 

 

El Presidente Zapatero zanjó con María Teresa Campos el debate sobre la energía nuclear diciendo que su programa electoral le obliga por cuanto tenía el compromiso de cerrar centrales nucleares y sustituir esa fuente de energía por otras. Entonces qué pasa, ¿que el programa sirve sólo según me interese? Si sigo opinando lo mismo vale el programa y, si no, el programa está para saltárselo cuando haga falta. Pero, claro, presentarse a las elecciones proponiendo, por ejemplo, una ley de plazos para el aborto, supone poner en riesgo unos votos nada desdeñables que le llegan al Psoe de sectores católicos progresistas pero que, en este tema, puede que no estén de acuerdo.


Insisto en que a mi me parece conveniente una nueva regulación del tema del aborto, pero lo que no me parece legítimo es presentarse a las elecciones con un programa e invocarlo u olvidarlo a conveniencia. Hace falta más valentía o, pare ser exactos, más honradez y coherencia política. Los principios y las promesas no pueden caducar a los seis meses. O sí, pero entonces pueden caducar todos. En realidad es para eso para lo que sirven los programas electorales, para convertirse en papel mojado.

23
Ago

La fe de los órganos

Hace unos días leí un titular que me dejó atónito, pero entre que me iba de viaje y que luego hasta han conseguido que pise la playa me olvidé del asunto. Hoy he conectado mi ordenador a la red telefónica y, con la velocidad de antaño, lo primero que he hecho es buscar la noticia, esperando que hubiera leído mal el titular y que mi perplejidad no tuviera justificación alguna. Pero no ha sido así y mis temores se han confirmado: “El sindicato de médicos egipcio prohíbe los transplantes entre cristianos y musulmanes”.

 

Podríamos pensar que el sindicato en cuestión que, según rezan las reseñas de prensa está liderado por un grupo islamista, cree que los órganos también profesan una fe determinada, pero hasta a ellos mismos les debe resultar tan escandalosa una explicación de ese tipo, que se amparan en  otro motivo: esta prohibición lo que pretende es evitar el tráfico de órganos, ya que según ha explicado el director del sindicato lo hacen “para proteger a los musulmanes pobres de los cristianos ricos que les compran sus órganos y al revés”. Como toda razón mentirosa es endeble se vea por donde se vea, ya que si la razón de fondo fuera cierta, qué pinta la religión por ahí en medio, de lo que se trataría es de perseguir y penar duramente la compra de órganos, ya sea un hígado musulmán, un corazón copto, un riñón budista y hasta una córnea atea.

 

No contentos con enunciar la barbarie, el sindicato avisa de que el especialista que se salte la norma será interrogado y castigado, quien sabe si a donar a la fuerza un órgano en vida, que imaginamos iría a la lista de espera de los herejes y descreídos, por cuanto el órgano de alguien tan impuro lo imaginamos inservible para un enfermo fetén, de los que tienen la fe en condiciones de revista.

 

Tal vez a la norma le falten matices que podrían resultar muy apropiados. Así, podrían abrir un capítulo de excepciones a la norma. Tal vez el hígado de un cristiano abstemio y vegetariano sí podría ser adecuado para un musulmán, en tanto que el de un aficionado al jamón ibérico debería ser inmediatamente descartado para esa comunidad, así como debería excluirse para la lista de católicos practicantes cualquier órgano procedente de alguien que atente asiduamente contra el sexto mandamiento sin que ello le lleve a confesarse.

 

Afortunadamente, se han levantado voces críticas contra la medida, tanto musulmanas como cristianas, pero este es un mal comienzo que hace temer que, en la práctica, muchos médicos, unos por convencimiento y otros por temor, acaben poniendo en práctica tan penosa instrucción.

 

Esta noticia, me ha traído a la memoria una propuesta que desde nuestro programa de radio en RNE hicimos hace unos tres años para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Estoy fuera de casa y no recuerdo los nombres y los datos precisos, pero propusimos que el premio se le diera a dos familia, una judía y otra palestina. En el primer caso, un joven murió en un atentado palestino contra un autobús y, en segundo, otro lo hizo como consecuencia de los disparos del ejército de Israel. En ambos casos donaron los órganos, que sirvieron para devolver a una vida normal a enfermos de la comunidad de quienes habían acabado con su vida. Y en ambos casos las familias estaban orgullosas de ello. Evidentemente, ante unas historias sin lustre de por medio, el jurado pasó de una propuesta que había sido apoyada por varios miles de personas a través de llamada y correos electrónicos. Creo que se lo dieron a UNICEF, que no me parece mal, pero que me parece uno de esos premios obvios que ni ayudan a UNICEF a nada ni reconoce nada que no lo haya sido de antemano.

 

En fin, supongo que muchos recordaréis aquella historia. Si queréis más detalles os los daré en otro post.

02
Jul

El canon de la belleza

 

Cuando yo era pequeño, mis padres tenían lo que en Cataluña se llama una torre, una casa con su jardín que estaba relativamente cerca de Barcelona, en las proximidades Colonia Güell, una población que originariamente sirvió para dar alojamiento a los trabajadores de una fábrica textil y que formaba un pequeño núcleo urbano de casitas bajas verdaderamente agradable. En la colonia Güell, en cuya concepción tuvo responsabilidad Antonio Gaudí, había una maravillosa cripta en mitad de un pinar que forma parte de mis recuerdos de infancia y que siempre me fascinó: aquellas columnas de piedra inclinadas, las nervaduras que iban estructurando el edifico, la unión de la piedra con el ladrillo visto, los ventanales en los que el vidrio y la cerámica cobran protagonismo conformaban un conjunto mezcla de rústico y sofisticación que movía a la emoción. Lástima que la muerte de Gaudí interrumpiera un grandioso proyecto que, afortunadamente, nadie ha querido acometer después, lo que ha mantenido su magia y encanto.

No sé si influido por ese “jardín de infancia”, pero siempre me ha gustado la arquitectura como observador. Las obras de Gaudí ejercen en mi una especial fascinación, pero disfruto con la contemplación de edificios y proyectos que diseñan espacios distintos y especiales. De vez en cuando echo un vistazo a algunas revistas de arquitectura y disfruto analizando la concepción del espacio, la distribución de las formas, el uso de los materiales o la creación de ambientes que son capaces de impulsar algunos arquitectos.

 

El otro día me encontré con un interesante edificio en la revista Diseño Interior. Me llamó la atención, en primer lugar una espectacular estructura en piedra que, enfrentada a un muro conformaba un espacio rotundo, abierto y acogedor, una especie de calle porticada por la que caminar.. El muro abierto de piedra, en que las piezas de gran tamaño apoyaban unas sobre otras abriendo huecos de formas irregulares, me pareció de una contundencia y de una belleza que entroncaba seguramente con elementos constructivos ancestrales. Ese “primitivismo” convivía con el muro de enfrente, un elemento construido con un material absolutamente distinto, que, para mi sorpresa, es una masa de carátulas de cd de policarbonato, cuya función en la de reflejar la luz que se proyecta a través de leds, lo que permite variar las tonalidades, que en las fotos que he visto, pasan de un rojo llama a un azul profundo pasando por verdes de distintas tonalidades. Del interior del edificio, me han llamado mucho la atención los muros de hormigón, en los que se observan unas canaladuras que se han creado al encofrar con troncos de eucalipto.

 

 

La verdad es que el edificio me sorprendió y me pareció una interesantísima apuesta. Así que, una vez vistas las fotos y los pies de foto, me fui hacia las páginas anteriores para saber dónde estaba el edificio y debo reconocer que mi sorpresa fue morrocotuda: se trataba de la sede de la SGAE en Santiago de Compostela. Sí, la SGAE, había puesto en pie un maravilloso edificio de 3.000 metros cuadrados, con un coste que imagino muy, pero que muy alto. Les alabo el gusto, pero me ha sorprendido que esta entidad a la que los internautas han hundido en la miseria haya podido disponer de recursos para hacer esta espectacular obra. Porque, sinceramente, si algo no destila el edificio es pobreza de recursos, por mucho que la pared hecha con carátulas de cd, sean el reciclaje obligado de los que dicen no vender por culpa de internet. Bonito detalle este último. 

 

Resulta difícil que,con iniciativas como esta, nos convenzan a los ciudadanos de las penurias que pasan estas sociedades de autores. Antes al contrario, nos inclinan a pensar que sus desgracias son un mal día de Bill Gates en bolsa. Y es que no basta con ser pobre, hay que parecerlo. Eso sí, ahora que ya ha entrado en vigor el canon, me siento más tranquilo porque al menos, con este edifico, lo han convertido en canon de la belleza.