
La política es lo contrario del fútbol: mientras en el fútbol al que se echa es al entrenador, en la política se echa a los jugadores, es decir, a los ministros. Así, Rodríguez Zapatero sigue al frente de un gobierno cuyo fracaso ha reconocido él mismo sacrificando a un buen número de colaboradores.
El problema de que no cambie el entrenador es que se supone que se va a seguir jugando a lo mismo. Como en el análisis crítico que el presidente hace de su propia gestión abunda más la autocomplacencia que otra cosa, es de suponer que lo que busca es peones más fieles, lo que explicaría el perfil político de algunas de sus incorporaciones, como las de Chaves, Jiménez o Pepín Blanco. Por cierto, que quienes nos movemos en la red deberíamos estar ofendidos con el presidente, por cuanto he leído que el nuevo cargo de Blanco le obliga a renunciar a su blog. Tremenda pérdida.
No tengo motivos para dudar de la “solbencia” en materia económica de la nueva vicepresidenta Salgado. A los economistas se nos acusa con frecuencia (en realidad yo lo soy porque me saqué el título, pero se me han olvidado muchas cosas) de prever con certeza el pasado. Esa acusación siempre me ha parecido injusta, en primer lugar porque siempre hay economistas que alertan de lo que puede suceder. Los ha habido en esta crisis, pero los políticos miraban a otro lado, porque preferían exprimir un presente exitoso que preparar un futuro decente. Y, en segundo lugar, porque la economía nunca podrá ser una ciencia exacta, por cuanto su evolución depende del comportamiento de las personas y ese comportamiento nunca se puede meter en una fórmula. El optimismo, el pánico, la depresión, el miedo, la euforia son estados de ánimo de las personas (o los grupos sociales) que no se pueden medir, pero que tienen una brutal influencia en el devenir de las cosas. Todo esto venía a cuento para decir que me sorprende un poco el perfil de la vicepresidenta económica. No dudo que pueda hacerse con el puesto (más nos vale a todos), pero ese nombramiento dejan entrever una actitud presidencial que se intuía desde hace tiempo: de esto de la economía puede saber uno con un poco de inteligencia, principios políticos y unas clases de Jordi Sevilla. Así, en los últimos tiempos, parecía que Zapatero sabía más de economía que Solbes: lo importante es la razón política que hay detrás… que cuadren los números o que sea eficaz… si esos economistas no saben de nada.
En esta crisis hay cuestiones que deberían afectar y mucho al prestigio del entrenador. Hay cuestiones en las que no vale ese argumento del coro mediático de “esta crisis no la previó nadie” o “es una crisis importada” (como si el descontrol de la construcción hubiera sido cosa de Bush y esos activos semitóxicos que tiene nuestra banca fueran cosas de allende los mares). Esas cuestiones tienen que ver con la atribución de responsabilidades a los ministerios: que a Garmendia se le quiten las competencias de universidades o que la dependencia se atribuya a uno u otro ministerio “dependiendo” del antojo presidencial son claros ejemplos de toma de decisiones a la ligera o ahora o hace un año.
Sorprende también que un gobierno para gestionar la crisis no transmita a la sociedad un mensaje de austeridad. Los misterios de Igualdad y Vivienda (no no es una errata, sino que es un misterio que sigan existiendo) siguen ahí, como si nada, como si sirvieran para algo. Cómo va al entrenador a reconocer que sus fichajes recomendados son unos mantas, sería aceptar que no sabe ver un buen jugador. Claro que igual el problema no es el jugador, sino su ubicación en el campo.
Curiosos también los cambios de criterio: si hace poco la sanidad la debía gestionar alguien de reconocido prestigio en la materia, ahora lo que hace falta es un cargo claramente político. O que hace poco Zapatero prometiera la creación de un ministerio de deportes y ahora, cuando puede crearlo, prefiere autonombrarse presidente deportivo. Péndulo y más péndulo en la dirección del equipo.
Por último, el nombramiento de la Ministra de Cultura vuelve a poner de manifiesto que el listón ministerial se baja de una forma sorprendente. No es que sea un caso como el de Bibiana Aído, del flamenco al consejo de ministros, pero el bagaje que lleva la ministra reconozcamos que no es especialmente impresionante. Me inquieta que Zapatero haga ministros con estos perfiles, como me inquieta que cualquiera se sienta capacitado para dirigir un ministerio. Una cosa es que te lo propongan y otra que lo aceptes. No voy a hablar del lobby cinematográfico, ya hay muchos que lo han analizado, ni del la ministra y su concepción de internet (ya lo hice hace algún tiempo). Pero preocupa, preocupa.
Por el único que me alegro es por Vicente del Bosque. Con Zapatero de responsable de deportes, da lo mismo que pierda todos los partidos de la selección. Ya se sabe la receta: mantenemos al entrenador y cambiamos a los jugadores.

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