
Qué suerte tiene Obama de que exista Zapatero. Sin la experiencia de nuestro presidente, no cabe duda de que el pobre Obama estaría hoy absolutamente perdido, desorientado en el mar de preguntas en el que acaba de sumergirse, preguntas para las que sin un ejemplo a seguir seguramente no encontraría respuesta. No es lo mismo asumir el cargo de presidente de los EE.UU. sin alguien que te marque la senda (veáse el desastre de Bush) que hacerlo con un faro que te orienta en la noche de las dificultades que se nos vienen encima. Y si Obama tiene suerte por ello, en realidad, es el mundo el que tiene suerte de que tengamos a Zapatero, porque de todos es sabida la descomunal influencia de los EE.UU. en el destino del planeta.
Después de leer algunas de las frases que ha dicho Zapatero sobre el discurso de Obama, me lo imagino escuchandolo en compañía de su propio yo y asintiendo a cada frase del nuevo presidente norteamericano mientras se le escaba un “ves, ya lo decía yo”, “exacto, como yo digo” o “hay que ver este Barak, parece que me ha copiado el examen”. Da la impresión de que se siente como el maestro del Pequeño Saltamontes.
Según Zapatero, Obama ha hecho un discurso “nítidamente socialdemócrata” y una clara “defensa de lo público y de la acción del Gobierno”. Dice también que su visión de la crisis parte de la denuncia de la falta de regulación del mercado. La acción del Gobierno ya no es “parte del problema” como se consideraba en otras administraciones, sino “parte de la solución”. Ha destacado también la apelación de Obama al mundo musulmán. Así dicho, parece que efectivamente Obama bebe de fuentes zapateriles, pero ¿de verdad hay tanta coincidencia en el mensaje?
Empecemos, por ejemplo, por la causa de la crisis, que Zapatero siempre ha achacado a la codicia y a la falta de regulación de los mercados americanos. Obama ha hablado de la crisis como una “consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era”. Es cierto que coincide en la primera parte con Zapatero, pero para mi lo relevante es la segunda parte de la frase, en la que menciona la inexistencia de la toma de decisiones difíciles para prepararse para una nueva era. Nunca Zapatero ha hecho una reflexión autocrítica de ese tipo, aunque sea una crítica colectiva, ni mucho menos en lo económico ha tomado ni una sola solución difícil hasta la fecha.
También ha dicho Obama: “no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo”. Mientras Obama afirma esto, nuestro Presidente nos sigue diciendo que para junio la cosa empezará a mejorar claramente. A no ser que para Zapatero el medio o largo plazo sean seis meses, el mensaje es igualico.
Y sigue Obama: “el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”. Igual que el mensaje que recibimos aquí, con esa monótona apelación al mantenimiento del gasto social que permitirá aguantar hasta que las cosas mejoren por arte de birlibirloque.
Según Zapatero, Obama ha situado la acción del Gobierno como parte de la solución. Y es parte de la solución, sin duda, si las cosas que se hacen tienen sentido. Obama habla de “sentar nuevas bases de crecimiento”. “Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos”, añade. Vamos, que Obama le da el mismo enfoque a la acción de su gobierno que Zapatero a los 8.000 millones que ha dispuesto para los ayuntamientos, que en su mayor parte se van a gastar en proyectos absolutamente intrascendentes (véase un ejemplo) cuyo único objetivo será parchear los datos del paro. Así, mientras nosotros nos gastamos los cuartos en repavimentar calles que tal vez ni lo necesitan, otros creen que sentar las bases del futuro es algo que pasa, por ejemplo, por invertir en líneas digitales. Más les valdría a los pueblos españoles pensar en esos términos, pero claro, para ello necesitamos de una clase política que entienda lo que significa una apuesta de ese tipo.
“La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán” Obama dixit. ¿Nos ponemos a analizar así el gasto público en España? Molaría, ya lo creo que molaría. Es decir, no se trata de que el tamaño del gobierno o de lo público sea mayor, sino de que sea eficaz, productivo e incluso que con el mismo dinero se puedan alcanzar objetivos mucho más ambiciosos.
El inventor de la Alianza de Civilizaciones está encantado con las palabra de Obama dirigidas al mundo musulmán. Yo también, me gusta ese gesto. Ha afirmado Obama: “Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto”. Pero también ha dicho cosas como estas: “A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño”; “No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos”.
Para mi, el discurso de Obama, en lugar de llenar a nuestro presidente de autocomplacencia, le debería servir como serio punto de partida de una profunda reflexión. Yo no sé si Obama será capaz de poner en práctica lo que dice, lo que sí sé es que para apreciar su discurso hay que escuchar todo lo que dice y no sólo lo que le parece bien (o mal) a uno. Y miro en busca de alternativas y sigo sin encontrar nada.
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