
Qué contentos estamos de saber que en un ratito vamos a tener claro el tan cacareado nuevo modelo de crecimiento económico para España. En mi ignorancia, me parecía a mi que una tarea de ese tipo necesitaba de mucho tiempo y de muchas mentes pensantes, pero aquí somos tan chulos que en unas semanas nos podemos sacar de la chistera una nueva conjunción de fuerzas económicas que van a hacer que Sarkozy vuelva a temblar ante la pujanza de de su vecino del sur.
Debemos reconocer que en la política deben estar las mentes más privilegiadas del país. No hay más que observar cómo las empresas necesitan de muchos meses y hasta de consultores externos para desarrollar sus planes estratégicos. Qué panda de desgraciados que se ahogan en el vaso de agua de un insignificante proyecto empresarial, cuando nuestros políticos en unas semanas van a dibujar el futuro el futuro reluciente de la patria. Quitamos ladrillo por ahí, metemos alta tecnología en dosis elevadas, hablamos de trabajos relacionados con la dependencia, añadimos unos polvos mágicos de sostenibilidad y… chantatachan… ¡nuevo modelo económico! Ya está, a que es sencillo cuando la gente brillante se pone manos a la obra.
Qué más da que el nivel de formación de nuestros trabajadores esté o no en consonancia con el mismo, qué más da que el desarrollo de las energías renovables se haga en base a subvencionar su alto coste, qué más da que las velocidades de conexión a las redes en España sean bajas, tengan a medio país en la sombra y encima sean caras, qué importancia tiene que estemos rompiendo la unidad de mercado… esos son argumentos de pesimistas que nunca van a crear un empleo, por mucho que los optimistas no hagan ahora más que destruirlos.
Me parece todo tan frívolo, tan falaz, tan irresponsable que acabo por pensar que en realidad el que está mal de la cabeza soy yo. Y encima el presidente nos anuncia un gran pacto nacional en torno a esta nueva nada improvisada del futuro modelo económico. Un país sería tendría desde hace mucho tiempo a las personas más brillantes del país trabajando en ello, en el estudio de lo que somos, de lo que podemos llegar a ser, de lo que necesitamos para llegar allí, de las inversiones necesarias y en qué campos, de las reformas necesarias en la educación y en los mercados laborales, de las infraestructuras que deben propiciar esa transformación y de saber si somos capaces de generar los recursos necesarios para afrontar un proyecto de una magnitud descomunal.
Pero aquí no, aquí damos ordenadores a los niños de quinto de primaria y nos creemos que ya tenemos un batallón de ingenieros informáticos para afrontar la economía del I+D+i. Como si la herramienta hiciera el conocimiento, claro que el conocimiento que demuestran muchos de nuetros padres de la patria tampoco es muy difícil de alcanzar.
En fin amigos, que dentro de poco escucharemos en la barra del bar un “marchando un nuevo modelo de crecimiento económico”, la versión zapateril de croissant plancha en tostadora con microchips.


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