Posts Tagged ‘síndrome de Hubris

19
abr
08

Estamos en manos de enfermos

El Mundo publica hoy un artículo realmente interesante bajo el título “El delirio de los políticos”. El artículo habla del “síndrome de Hubris”, un trastorno que afecta a dirigentes que llevan un tiempo en el poder. Alguno de los síntomas que mencionan son los siguientes: exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad. El síndrome en cuestión ha sido definido por David Owen, neurólogo que, por lo visto, se dedicó durante algún tiempo a la política

En varias ocasiones yo he mantenido que entre los dirigentes políticos se extiende un tipo de patología que hace que su vida, su mundo y su visión de las cosas sea casi lo único que son capaces de percibir. En las pocas ocasiones que he tenido de hablar con extensión con alguno de los dirigentes de primera línea de nuestro país esa es la sensación que me han transmitido. Te escuchan poco, hablan mucho y hasta se extrañan si les das una opinión que no coincide con su visión de las cosas. En realidad te convierten en sustituto del espejo, porque en el fondo, lo que quieren es escucharse a sí mismos.

Esta impresión, que en mi caso nacía de unas pocas conversaciones, la he ido compartiendo con otras personas y he podido comprobar que muchos de los que tienen acceso a esos personajes y que pertenecen a un mundo distinto del de la política la comparten. Recuerdo una cena en la que pude hablar largo y tendido con un científico acostumbrado a ser recibido por altos mandatarios y cómo esa visión que yo tenía hecha a pinceladas el la tenía ya convertida en cuadro clínico.

Según David Owen, “la presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente” y eso lleva a que, por ejemplo, tomen decisiones por su cuenta y sin consultar porque creen que están siempre en lo cierto. La patología es tal que, además y frente a la evidencia, nunca reconocerán la equivocación.

Yo, sin embargo, creo que el desarrollo del síndrome no tiene tanto que ver con la presiones y la responsabilidad cuanto con otro proceso que en ese mismo artículo define Manuel Franco, psiquiatra: “Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta liga. Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible”.
Un proceso como el que describe el Dr. Franco acaba eliminando de una forma más o menos consciente a los elementos críticos del entorno. Aquellos que se atreven a opinar, a expresar una idea discrepante, poco a poco se van convirtiendo en peones incómodos que se van alejando del núcleo duro del dirigente afectado por el síndrome. Algunos simplemente mantienen sus opiniones y se van. Otros, muchas veces porque su modo de vida depende ello, simplemente van acomodando sus opiniones alo que el otro desea oír y finalmente, el círculo más cercano se acaba convirtiendo en un amplificador de lo que piensa el líder. Las críticas por detrás, en pequeños corrillos, en voz baja, sin que se noten.

Eso sería la consecuencia de lo que el Dr. Franco llama desarrollo paranoide: “Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende”.

Muy probablemente, en otros círculos distintos de la política, podamos encontrar cuadros similares. El mundo de la empresa o de los medios de comunicación podría ofrecernos también muchos ejemplos. En política, de todas formas, el ejercicio del poder hace que el riesgo de padecer el síndrome sea mayor y no sólo eso, sino que las consecuencias son mucho más graves. En fin, que puestos a buscar una forma de acabar este post no se me ocurre otra que decir que estamos en manos de enfermos.

P.D. Pongo una foto de Bush por no poner una de los nuestros. Seguro que encontráis alguno con síndrome entre los dirigentes españoles, ¿verdad? Bueno, unos cuantos.




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