24
Feb
16

Y si…

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En la vorágine de noticias sobre la posible formación o no de un gobierno, acostumbramos a no mirar mucho más allá de lo inmediato. Lo inmediato de hoy ha sido la firma del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. A continuación nos espera el aluvión de declaraciones de políticos y de quienes, a través de las tertulias, quieren influir más que aquellos en nuestros pensamientos y decisiones.

Es obvio que los dos partidos no “suman”. Y, como ni Sánchez ni Rivera son tontos, no hace falta que se lo recordemos constantemente. Ya lo saben. La cuestión es si, ante el panorama de la repetición de elecciones, quienes no han firmado el pacto están dispuestos a sumarse o a abstenerse, porque al fin y al cabo este acuerdo lo que obliga es a retratarse a cada cual ante algo que es mucho más concreto (con todas las ambigüedades que contenga) que unas negociaciones.

En un panorama político tan volátil o más que la bolsa, nadie tiene muy claro qué podría pasar en caso de repetirse las elecciones. Del primer vaticinio de que eso sólo favorecería a PP y Podemos, se ha pasado a un todo más o menos igual e incluso a algunas encuestas que prevén un retroceso de PP y de Podemos. ¿Qué pasará en junio? Absolutamente difícil de aventurar. Pero hagamos alguna suposición. Visto lo sucedido en diciembre, no parecería muy aventurado imaginar que Podemos intente confluir todavía más y que, esta vez sí, se intente un acercamiento con Izquierda Unida con la idea de superar al PSOE. Quedaría por ver si su actitud en estos meses (en especial la del “vicepresidente”) les puede penalizar algo o no, pero, aunque así fuera, sería posible un crecimiento en esa izquierda. En una situación como esa, la única opción que le quedaría a los socialistas es intentar crecer con un voto algo más moderado lo que, de algún modo, puede responder a la filosofía de su acuerdo con Ciudadanos. Queda por saber el efecto que la actitud de Rajoy y lo nuevo conocido en materia de corrupción pueda tener sobre su electorado.

En esa tesitura, con un acuerdo ya firmado, ¿es descabellado pensar en una posible coalición electoral PSOE-Ciudadanos si se repiten las elecciones? Si proyectamos los resultados de diciembre, esa coalición se situaría ya por encima de los 130 escaños actuales y es razonable pensar que, ante lo sucedido (llegaríamos allí por negativas de PP y Podemos). Si sumarían más apoyo o si sus bases electorales penalizarían esa opción es algo sobre lo que tal vez las encuestas deban empezar a preguntar.

Si se da esta situación, es posible que el PP deba replantearse su postura, porque igual dejarían de ser la fuerza más votada, con lo que perderían el sustento de su argumento político actual con el que niegan a Sánchez legitimidad para encabezar un gobierno.

Todo esto no son más que conjeturas de un tipo que va en el AVE. Va tan rápido que te hace fabular sobre el futuro. Seguramente, sin el menor fundamento. ¿Conclusión? Ninguna, sólo quería aportar mi granito de arena a la confusión.

09
Feb
16

Luis escritor

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Todos los que habéis leído el blog de El Duende de la Radio conocéis bien la capacidad de Luis para la escritura. De tal forma que a ninguno nos resulta extraño que un día le diera por escribir un libro. Luis, en consecuencia, se embarcó en la aventura de escribir sobre uno de sus personajes más conocidos: Doña María.

En gran medida, escribir sobre Doña María no era muy complicado. Se trataba de trasladar al papel las innumerables historias que durante tantos años de radio había ido creando alrededor de aquella mujer “gruesa de los nervios”. Es más, muy probablemente la mayor complejidad del trabajo no era tanto la escritura como el cribado de las historias de la gladiador del hogar.

Desconozco el método de trabajo de Luis, pero imagino que se dedicó a escribir historias sueltas en el ordenador con el que tan mala relación tenía y que, una vez recopìladas las que fueran necesarias para componer un libro, las juntó y las releyó.

El problema de Doña María es que tenía un universo amplio. El próximo, el de su marido, Oscar Luis, Tatianita, Petra Mari y Rubén estaba bajo control. El problema es que las anécdotas de Doña María se movían entre otros muchos personajes y es ahí donde apareció el problema.

Un día recibí una llamada de Luis…

  • Hola, Luis (al ver que era él quien me llamaba)
  • Javier, soy Luis (a continuación ese silencio habitual de Luis a pesar de que fuera él quien te llamaba). Quería preguntarte una cosa
  • Tu dirás
  • Mira, es que estoy con el libro de Doña María y quería saber tu opinión.
  • Mi opinión sobre qué
  • No… bueno, que si tú crees que es importante que los personajes se llamen siempre igual
  • (Ante lo raro de la pregunta) ¿Te refieres a que si es importante que te refieras a ellos siempre con el mismo nombre?
  • Sí, es que he visto que en un capítulo les llamo de una forma y luego de otra y no sé
  • Pues, Luis, es importante si quieres que el libro se entienda. Si no…
  • Vaya, eso me imaginaba, gracias (y colgó)

Supongo que Luis necesitaba una cierta confirmación de que era necesario realizar un trabajo que no le apetecía nada hacer. Eso de revisar le debía resultar tedioso. Si no recuerdo mal, creo que fue alguno de los hijos quien se encargó de la labor de hacer coherente el libro, pero serán ellos quienes puedan confirmarlo.

Vamos, que este post lo podría haber iniciado contando que Luis decidió escribir un libro sobre Doña María y que, cuando Adolfo acabó de escribir las historias, Antonio se dio cuenta de algunas incoherencias en los nombres de los personajes, de tal forma que Fernando me llamó para preguntarme si eso me parecía importante.

El libro, afortunadamente, se publicó.

08
Feb
16

De los pactos

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El lío que montamos los electores con nuestros votos en las pasadas elecciones de diciembre lo están magnificando los elegidos, incapaces hasta el momento de haber ido un metro más allá de la línea de salida en la que les dejamos los ciudadanos.

Por fin empiezan a producirse los primeros movimientos, aunque no sabemos si, más allá de echar un ojo a izquierda y derecha, alguien ha sido capaz de coger el mínimo impulso de ánimo como para ir hacia adelante.

La situación, para “divertímiento” de quienes participan en las tertulias políticas (esa gente en la que muchos han delegado su capacidad de pensar para luego repetir en bares y oficinas sus mantras), da para mucho comentario, pero la otra situación, la del país en que vivimos, merece que valoremos lo que de verdad nos estamos jugando.

Venimos de una crisis perversa, de un terremoto económico al que le vienen siguiendo réplicas de mucha intensidad que vuelven a regar de miedo los mercados, los países y a los ciudadanos. Este inicio de 2016 es un claro ejemplo de ello. Y, con el temor a la siguiente réplica, ni tan siquiera podemos decir eso de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, porque nuestro “estar” no es aceptable en un país en el que el paro sigue siendo brutal y en el que la pobreza es la triste realidad de mucha gente. Es cierto que nuestra situación económica ha mejorado en los últimos dos años, pero lo que tenemos ante nosotros es el reto de seguir avanzando hacia una situación más próspera y justa frente al riesgo de volver a la pavorosa casilla de salida. Ese debe ser nuestro objetivo, algo que sigue siendo difícil por el entorno en que vivimos. España, para levantar las persianas, necesita que nos sigan prestando ingentes cantidades de dinero. En nuestra mano está generar la confianza necesaria para que eso suceda (podemos ser un polo de atracción en un panorama internacional sombrío) o una desconfianza que puede meternos en un lodazal del que nos cueste mucho salir.

Este mundo globalizado que nos ha tocado vivir ha roto los equilibrios clásicos entre el poder económico y el político en detrimento de este último, con el consiguiente recorte en la capacidad de decisión de los gobiernos.  Como debemos mucho, vivimos en parte supeditados a los mercados, a que nos refinancien la deuda existente y la nueva. Y vivimos también bajo la supervisión de los organismos europeos. Vamos, que la soberanía existe, pero ya no es lo que era cuando las ligas se jugaban en casa. En este contexto es en el que se enmarcan nuestros deseados pactos y, también en este contexto, deberíamos valorar si lo que nos prometen unos y otros es o no viable.

Las elecciones las ganó el Partido Popular, como desde ese partido se repite una y otra vez. Liderado por un hombre experto en esperar, parece que esta vez se está esperando a sí mismo y no se acaba de encontrar, motivo por el cual no ha hecho el menor esfuerzo que sepamos por constituir un gobierno. Rajoy apuesta su éxito al fracaso ajeno, sin darse cuenta de que corre el riesgo de que ese sea su propio fracaso. Pero la cuestión de fondo es si el PP puede liderar un gobierno en las actuales circunstancias. En mi opinión, va a resultar muy difícil incluso en el caso de que consiguiera los apoyos necesarios. En los próximos años el PP va a estar expuesto a un rosario de juicios por las tramas de corrupción ya conocidas, que puede hacer la situación insostenible para el propio partido y para quienes pudieran apoyarle. Hasta ahora el PP ha aguantado el tirón apoyado en su sólida mayoría absoluta. ¿Se puede aguantar lo que se le viene encima con 123 diputados? Cuanto menos, esta situación convertiría en inestable cualquier gobierno presidido por Rajoy, que no sabemos si podría ser suficientemente fuerte.

Frente a un Rajoy que parece dispuesto a gobernar si no queda otro remedio, nos encontramos con un Pedro Sánchez que no tiene más remedio que gobernar dada la situación en la que se encuentra en su partido. Sus alternativas son pocas y difíciles de poner en pie, más aún si tenemos en cuenta que las primeras reacciones de sus posibles socios excluyen la posibilidad de un pacto con Podemos y Ciudadanos, lo cual, dada su concepción de la sociedad es bastante fácil de entender.

La opción de un acuerdo con Podemos, que necesitaría de otros apoyos (por lo menos en forma de abstención) parece arriesgada. Dada la manifiesta intención que tiene Podemos de acabar ocupando el espacio del Psoe, cualquier acuerdo nacería bañado con una pátina de desconfianza. Podemos manejará una estrategia de comunicación en la que lo que crean bueno se habrá conseguido gracias a ellos y en la que lo que no se haga será sin duda culpa de estos socialistas que ya no son lo que eran. Para Podemos, dejar caer ese gobierno siempre será una opción una vez crean que el desgaste del Psoe les pueda permitir conseguir su objetivo. De algún modo, es la tesis que Iglesias y los suyos están abonando ya ante una posible repetición de las elecciones (prefieran pactar con las derechas). Y en esa hipótesis no debería descartarse un acuerdo con IU que haga que, esta vez sí, el Psoe no pueda mantenerse como segunda fuerza política en el país. Tal vez los ofrecimientos de Podemos sean sinceros, pero también es legítimo pensar que son una mera estrategia para no alcanzar un pacto y cargar sobre la espalda del Psoe la responsabilidad del fracaso.

La otra opción que tiene el Psoe es el acuerdo con Ciudadanos, aparentemente más viable por la correlación de fuerzas y por su actitud de partida. Como socio, parece que Ciudadanos no plantea los riesgos comentados en el caso Podemos, aunque indudablemente el partido de Pablo Iglesias tatacaría al Psoe con el ya comentado pacto “con las derechas”. La forma de evitar ese riesgo de “contaminación” estaría vinculada a la acción reformista de ese gobierno y al componente social de sus políticas, algo en lo que creo que es posible consensuar con Albert Rivera y su equipo.

El problema es que no suman y que necesitan alguna suerte de apoyo del PP para que eso pueda salir adelante, algo que, en este momento, parece poco probable. Y, de nuevo, aunque ese apoyo se diera en la investidura, estaríamos frente a un gobierno con una débil base parlamentaria expuesto a una crisis que en cualquier momento podría provocar el PP situándose en su contra. Lo cual, de nuevo, es un importante riesgo para los socialistas.

Finalmente, nos queda la opción que a día de hoy parece más inviable, la de una gran coalición PP-Psoe-Ciudadanos. Parece difícil, en primer lugar, por la mera confrontación de programas. Lo es también por los riesgos que supone para los partidos de cara a su electorado, mayor seguramente en el caso del Psoe. Por otra parte, da la impresión de que, tras el debate electoral, la relación entre Rajoy y Sánchez quedó bastante tocada y la política tiene también un componente de de entendimiento personal que puede favorecer o dificultar acuerdos. ¿Qué formación presidiría este gobierno? ¿La más votada con lo que le espera en los juzgados? ¿El Psoe con menor respaldo electoral? ¿Ni los unos ni los otros? Complicado.

Esta opción, seguramente la preferida más allá de nuestras fronteras, necesariamente debería contemplar grandes acuerdos nacionales, porque, de no ser así, carecería de sentido. Por otra parte, si fueran capaces de consensuar grandes pactos que reformaran en profundidad la sociedad española para actualizar el pacto constitucional, el bipartidismo ganaría tiempo para lamerse las heridas y dejaría en la oposición (donde a veces hace mucho frío) a un Podemos al que se le cambiaría el paso en el manejo de los tiempos. Puede que Ciudadanos sufriera en esa hipótesis (para qué hace falta un tercero si entre los dos grandes han llegado a acuerdos), pero de su habilidad política y de comunicación dependería la capacidad de salir airoso de esa situación. ¿Y cómo saldrían los grandes del experimento? Eso dependería de los resultados de la acción ese gobierno, de la capacidad de convencer a los ciudadanos de que pusieron los intereses de país por delante los partidarios, aunque todos sepamos que estos últimos siempre estarán ahí. Muchas incógnitas, sin lugar a dudas.

Hay quienes contemplan esta solución sin Rajoy ni Sánchez, con una presidencia que recaiga en alguien con un prestigio internacional importante, con una agenda de reformas ambiciosas, el apoyo de los tres partidos y una legislatura relativamente corta. ¿Política ficción? Lo que estamos viviendo ahora lo parecía hace tan solo un año. Así que vaya usted a saber.

PD. Aliñemos todo esto con las decenas de encuestas que nos van a servir (intención de voto, valoración de pactos, pactos preferidos, valoración de líderes…), un poco de Cataluña, nuevas redadas, titiriteros, filtraciones… ¡Qué baberidad!

(Fotografía: MARISCAL EFE)
19
Ene
16

LUIS, LOS ZAPATOS Y EL BUZO

 

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Ayer, cuando venía en el tren a Madrid, me puse a escribir una segunda entrega de las anécdotas prometidas de Luis. Es curioso, porque hoy, leyendo al Duende del Duende, me he enterado de que justamente ayer Luis hubiera cumplido setenta años. De alguna forma, por esos vericuetos de la mente, en el día de su aniversario me acordé de Luis sin ser consciente de que era ese día. Me alegro de la coincidencia. Y ahora os transcribo lo que escribí.

Tal vez Luis era un experto en eso que han dado en llamar pensamiento lateral. Lo que sí es cierto es que tenía una forma alternativa de acercarse a la realidad.

A la vuelta de unas vacaciones veraniegas, al reencontrarnos el equipo de la radio, Luis afirmó solemnemente: “vaya veranito que he pasado”, dando a entender que sus vacaciones habían sido de todo menos tranquilas. Todos pensamos que le había sucedido algo relativamente grave y, ante nuestras preguntas sobre qué era lo que le había pasado, nos respondió con la historia que os voy a contar. Poned las próximas palabras en boca de Luis.

Resulta que un día salí en el barco de unos amigos, que son muy pesados con eso de no pisar con los zapatos la cubierta. Total, que llegamos a puerto para desembarcar y, claro, yo con mis zapatos en la mano, con la mala suerte de que, cuando saltó a tierra, uno de los zapatos se me cae y poco a poco va hasta el otro lado del muelle y se va al agua. (En ese momento entendimos que esa era la causa de su nefasto verano). Me asomo y veo que se hunde lentamente hasta que desaparece de mi vista y entonces pienso que, con un poco de suerte, igual el zapato sale a flote y lo puedo recuperar. Me quedo esperando a ver si el zapato aparece, pero al cabo de un rato llego a la conclusión de que se va a quedar en el fondo. Y entonces pienso, para qué quiero yo un zapato solo. Así que lo que decidí fue tirar el otro al agua también. (Atención porque llegados a ese punto va a aparecer Luis en estado puro). Porque pensé que si un día un buzo se ponía a bucear por esa parte del puerto y se encontraba un zapato le iba a pasar como a mí, que no le serviría de nada, pero si se encontraba el par la cosa cambiaría mucho. Por eso tiré el otro zapato al agua.

En ese momento le dijimos que, efectivamente, tenía que haber pasado un verano horroroso. A lo que añadió: y al tirarlo y ver cómo se hundía, cuando ya me iba, me avisan de que el primer zapato acaba de salir a la superficie. Pero ya no esperé a que saliera el otro, que se hacía muy tarde.

Todos en la radio lo sentimos mucho por el buzo. Lo que os decía, pensamiento lateral.

PD: la foto es del 17 de enero de 2006, el día de su cumpleaños. Se estaba probando el regalo de sus compañeros de la radio

 

27
Dic
15

LUIS FIGUEROLA-FERRETTI

captura_de_pantalla_2015-11-25_a_las_13.18.29Cuando se va el compañero de tu vida, la persona a quien comprendías al primer atisbo del gesto, con quien vivías en una provocación constante a su talento en la seguridad de que siempre te sorprendería, cuando pierdes a quien siempre reía contigo, sientes la pérdida de lo que fuimos: una unidad de dos. Pasan los días, pero da igual. Vuelves a él todos los días. En cualquier momento, no importa en lo que estés ocupado, salta un recuerdo, la añoranza y el enfrentamiento a la triste realidad de que ya nunca podrán conversar los personajes que en ti habitan con los que moraban en él. Y la seguridad de que ya no habrá más anécdotas (de esas que sólo le pasaban a Luis) que incorporar a la mochila de los momentos inolvidables. Así que uno vive en un estado de emoción melancólica que siempre deriva en una sonrisa acogedora, porque cualquier recuerdo de Luis acaba alegrándote el alma.

Todos los que nos conocieron saben que teníamos una relación peculiar. No éramos unos simples compañeros de trabajo ni unos amigos que compartieran su vida. Teníamos una relación de apariencia distante, un insinuado desapego que nos permitió estar juntos tanto tiempo. Pero, más allá de esa puesta en escena, nuestra relación se construía sobre dos pilares fundamentales: la admiración y un enorme cariño. En eso y en el convencimiento de que juntos éramos mucho más que una suma de talentos individuales. Nos hacíamos crecer mutuamente y jamás competimos por brillar el uno más que el otro. Antes al contrario, lo que hacíamos era cedernos el testigo para, juntos, seguir creciendo. Por eso y por los momentos que me hizo vivir tengo que estarle eternamente agradecido.

Conocí a Luis en 1985, cuando yo era becario venido a más en el Instituto Nacional de Hidrocarburos y se presentó con su agencia a un concurso para una campaña de publicidad. Una creatividad magnífica presentada como solo Luis era capaz de hacerlo, es decir, quitándole importancia a su idea al tiempo que afirmaba que eso de la publicidad era un engañabobos. Yo pensé: qué forma más rara tiene este hombre de vender su campaña. Tal vez como consecuencia de ello, no la consiguió, a pesar de que, para el becario, la suya era la mejor creatividad. Pero la venta, así entre nosotros, creo que nunca fue uno de sus fuertes.

Meses más tarde nos juntó en la Cadena SER Julio César Iglesias. Nos sorprendimos mutuamente, porque yo no sabía que él hacía personajes ni él que yo fuera capaz de recrearlos. Y nació una pequeña sección radiofónica en la que su Manuel Fraga se enfrentaba a mi Felipe González sin más guión que lo que surgiera en el momento. Aquella sección acabó derivando en La Verbena de la Moncloa, un aquelarre radiofónico en la que llegamos a juntar más de 40 personajes en dos horas radiofónicas de pura y dura improvisación. Y, partir de ahí, veinte años contemplaron nuestras travesuras.

Siempre me sorprendió el contraste entre el Luis metido a personaje, siempre seguro y nada dubitativo, y el Luis-Luis, un ser despistado, curioso, culo inquieto, contradictorio, pero siempre genial y, sobre todo, distinto. Luis era esa persona que se aburría yendo al colegio todos los días por el mismo camino y que decidió que, para entretenerse, lo que mejor que podía hacer hacer era leer los rótulos al revés. Y tanto debió practicar el nuevo entretenimiento que mantuvo durante toda su vida una espectacular capacidad para hablar a la inversa.

Después de tantos años de convivencia, llegué a entender que Luis siempre se repartía entre dos mundos: el que acontecía a su alrededor y ese otro al que él viajaba constantemente y en cualquier circunstancia. Tras un arduo esfuerzo de recopilación de datos, llegué a la conclusión de que Luis prestaba atención al 50-60% de lo que estaba pasando y que el 40% restante lo pasaba atendiendo a lo que acontecía en su otro mundo. Lo que debo confesar es que nunca supe distinguir el momento en el que me estaba haciendo caso de aquel otro en el que, aunque te mirara, estaba preguntándose vete tú a saber qué cosa. Así que ibas a una reunión con él y se enteraba de menos de la mitad de lo que se hablaba. El resto tenía que completárselo yo, para su sorpresa, en conversaciones posteriores.

Son muchas las anécdotas vividas con Luis y, como la memoria es traidora, temo que, con el paso del tiempo, algunas de ellas se me vayan olvidando. De tal forma que, antes de que eso suceda, quiero compartir con quien lo desee esos momentos vividos, muchos de ellos contados y reídos en la radio y en reuniones de amigos. Porque, además, Luis contaba con toda naturalidad las cosas que le sucedían.

La primera anécdota que quiero traer es una de la que me enteré el mismo día del fallecimiento de Luis. Me llamó un amigo común para compartir nuestro pesar y me dijo que hacía unos meses, después de mucho tiempo sin verse ni hablar, le había llamado Luis por teléfono. Debo decir aquí que las llamadas de Luis solían empezar por un saludo acompañado de un momento de silencio que desconcertaba las primeras cien veces, luego ya un poco menos. Llegué a la conclusión de que él utilizaba esos segundos para recordar por qué te había llamado en un viaje relámpago de regreso de su mundo. Volviendo a aquella llamada, reproduzco a continuación como fue:

  • ¿Javier? (también se llama Javier el amigo común)
  • Hola soy Luis Figuerola-Ferretti.
  • Hombre Luis, qué alegría.
  • (Silencio) ¿Te acuerdas de un reloj que tenía yo que te gustaba mucho?
  • Sí, creo, que sí.
  • Pues se me ha estropeado (silencio).
  • Vaya, pues lo siento mucho (con un poco de desconcierto matizado por el hecho de que quien llama es Luis).
  • Y he pensado que me invites a comer un día.
  • Bueno, bien, hace mucho que no nos vemos…
  • Y te lo regalo. Eso sí, la reparación te la pagas tú.
  • Bueno, vale, me parece bien.
  • Bueno, pues me llamas y lo organizamos, adiós.
  • Adiós, Luis.

Para tristeza de nuestro amigo, no acabaron organizando esa comida y no pudo ver a Luis antes de que se lo llevara la enfermedad. Así era Luis y estoy convencido de que quienes le conocían no se sorprenderán por una llamada un tanto surrealista como esta.

Pretendo, de vez en cuando, compartir con vosotros las cosas de Luis de las que yo me acuerdo. Sirva esta primera entrega para recordarle con todo el cariño y para volver a expresar el dolor por esta pérdida tan injusta. Un abrazo fuerte, genio, amigo.

21
May
14

Un nicho productivo

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La participación de los oyentes en Radio Nacional hace que, de vez en cuando, tengamos la ocasión de escuchas historias que, perteneciendo a la vida real, parece fruto de la imaginación de un gran narrador. La semana pasada Federica, una oyente de Toledo, nos refirió una historia que quiero compartir con todos vosotros. Hace más de dos décadas, un primo suyo se quedó en el paro y su madre (la tía de Federica) pensó que lo mejor era dejarle dinero para que pudiera montar un negocio. Sin embargo, el tío de Federica no era de esa opinión y, para evitar ese préstamo, se fue al banco, sacó el dinero y lo escondió. El hombre, que había sido yesero, estaba ya jubilado y, al parecer, debía considerar que el dinero que había ganado toda su vida trabajando no debía ser entregado al hijo.

Con el paso de los años, nadie supo qué diablos había hecho aquel hombre con el dinero. Todos imaginaban que lo debía haber ingresado en otro banco, a pesar de que él siempre decía: “llevadme al cementerio y no me llevéis a los bancos que a mi no me gustan”.

Veinte años después de aquello, el tío de Federica falleció sin que nadie supiera qué había sido de aquel dinero que, por cierto, ascendía a la cantidad de quince millones de pesetas (unos 90.000 euros). Celebrado el funeral, al abrir el nicho donde iba a descansar se comprobó que en el interior del mismo había una mochila. Al abrirla, cuál no sería la sorpresa de todos los presentes cuando lo que sacaron fueron unos billetes amarillentos que sumaban aquellos quince millones de pesetas que el tío había sacado del banco hacía más de dos décadas. Por lo visto, el hijo del finado sufrió un ataque de ansiedad mientras lo único que salía de su boca eran sonoros “¡hijo de puta!” que el cura neutralizaba santiguándose sin parar. El shock que sufrió la viuda fue tal que parece que ya nunca pudo recuperarse hasta que falleció al poco tiempo. Los billetes, afortunadamente,  pudieron cambiarse por euros a pesar de su estado.

Esta es la historia del tío de Federica, el yesero que del banco fue al cementerio, abrió el nicho, escondió el dinero y se pasó veinte años con su “llevadme al cementerio y no me llevéis a los bancos que a mi no me gustan”.

14
Nov
13

Dormitorios separados

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En Madrid, como cementaba ayer en Twitter con esta foto tomada a escasos metros de la Glorieta de Bilbao, ya se puede dormir rodeado de mierda, pero no es a esto a lo que me refiero con lo de los dormitorios separados. Eso lo dejo ara el final.

Estos diez días de huelga hacen que muchos intenten poner el foco en la actuación de los piquetes esparce-mierda, centrando en ellos la responsabilidad de la situación y exculpando de responsabilidad política al Ayuntamiento de la capital. Si bien estoy en total desacuerdo con esas actuaciones de los piquetes, como manifesté en mi artículo de The Objective, creo que seguir repitiendo día tras día este argumento nos aleja de lo central de esta cuestión. Todo parte de una decisión del Ayuntamiento de Madrid de licitar la prestación del servicio con una rebaja importante sobre los contratos anteriores. Y lo hizo sin fijar un número mínimo de trabajadores para la prestación del servicio en una actividad muy intensiva en el uso de mano de obra, que supone una parte muy importante de los costes. Como consecuencia de ello, las ofertas que se reciben de las empresas concesionarias están incluso por debajo de la rebaja de la licitación porque ese ahorro prevén trasladarlo a sus costes de personal. Y, ante la gran cantidad de despidos que contemplan (1.134 de un total de 6.000 trabajadores), estalla el conflicto.

El hecho es que llevamos diez días de huelga, que la situación se está volviendo insoportable y que hasta ayer la alcaldesa no tuvo el detalle de desenroscarse el tapón para salir de sí misma, tomar aire y hablar. Aunque, para lo que dijo, tal vez se podría haber quedado en su interior. En un resumen libre de sus manifestaciones, lo que vino a comentar fue: “mira, que como me enfade…” y dio un pseudo-ultimatum que ni Michael Landon. Que si en 48 horas no se resuelve denunciará ante la fiscalía el incumplimiento de los servicios mínimos y que contratará a barrenderos de una empresa pública inmersa también en un ERE para que limpien las calles. A que acojona. Vamos que yo casi cojo una escoba por si la alcaldesa se enfada conmigo. Los trabajadores de esa empresa pública ya han dicho que con ellos no cuenten, así que tampoco sabemos qué grado de eficacia puede tener la escoba de la botella.

Lo más grotesco del asunto es que el Ayuntamiento ha aclarado que esto se hará sin  que le cueste ni un euro adicional a los contribuyentes. Lo del ultimatumcillo podía tener su gracia, pero esto último es casi un insulto a la inteligencia. Cómo se puede decir eso y quedarse tan tranquilo. El Ayuntamiento por supuesto debe garantizar que esto no cueste un duro a los madrileños, faltaría más. No sólo eso, sino que lo que debería hacer es descontar del próximo recibo el resultante de dividir la tasa por 365 y multiplicarla por el número de días que estemos sin servicio. Tasa que pagan hasta las plazas de aparcamiento, que deben tener productores autónomos de residuos que no habitan en las casas que también pagan la tasa. Pero bueno, así tenemos para unos cuantos asesores más.

Perocomo deben considerar que nuestra memez es descomunal, desde el Ayuntamiento han debido presionar a las empresas concesionarias (es una hipótesis) para que afirmen lo siguiente:  “el Ayuntamiento de Madrid no conocía la aplicación de este tipo de medidas laborales (despidos y rebajas salariales)”. Es verdad que el “lerdismo” está más extendido de lo que creemos, pero ¿puede alguien pensar que se va a rebajar más de un 20% el coste de la prestación del servicio sin despidos ni recortes salariales en una actividad en la que el coste de personal tiene un peso tan importante? A lo mejor se les olvidó pensarlo, ya que sólo veían la botella medio llena del ahorro y no la medio vacía de los despidos. En fin, sin comentarios.

Nadie dice que la solución sea sencilla, ni tan siquiera que una actitud activa de la alcaldesa hubiera propiciado una pronta solución del conflicto. Lo que no entiendo es que haya optado por este acercamiento “marianil” al problema: que pase el tiempo que se arreglará sólo. Con lo que dice Aznar de Mariano, digo yo que estos días en casa deben dormir en dormitorios separados.




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