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Ago
07

LA PARADOJA DE MADRID

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En microsievos.com incluyen un comentario sobre la constante de aparcamiento de Rényi. El tal Rényi, cuya existencia yo no conocía, era un matemático húngaro a quien le dio por estudiar, desde el punto de vista científico, el tema del aparcamiento. Pues bien, según sus estudios, que derivaron en esa constante de aparcamiento de Renyi, dado un espacio en una calle, el número de coches que caben equivale al 75% de los que teóricamente pueden aparcarse. Así, por ejemplo, si en una manzana hay espacio para albergar 40 coches, en la realidad comprobaremos que hay 30.

Este estudio de Rényi pone de manifiesto que la ciencia depende mucho del lugar donde se desarrolla. No cabe duda de que el mismo problema estudiado en lugares distintos conduce a conclusiones diferentes. Si bien el desarrollo de Rényi contiene inegrales, exponenciales y demás expresiones matemáticas a las que hoy en día ya no soy capaz de enfrentarme, estoy dispuesto, armado tan sólo de mi sentido común, a discutir la tesis del matemático húngaro.

Así que en este momento presento en sociedad la paradoja de Madrid a la constante de Rényi. Según esa paradoja, dado un espacio de aparcamiento en una calle, el número de coches que hay es del 150% de los que teóricamente caben. No hay más que pasearse por las principales calles madrileñas para comprobar cómo, con la doble fila, las teorías de Renyi se tambalean en su contraste con la realidad. Puede que tenga razón Renyi y que en el espacio inicial haya un 75% de los previstos, pero él desconocía el fenómeno físico de la “duplicación espontánea del espacio” que se produce por mor de la actuación del ser humano. El espacio de aparcamiento es una dimensión movible a voluntad del conductor, variable ésta que Rényi olvidó en sus hipótesis de estudio.

Lo de las integrales, exponenciales y demás, lo dejo ya para quienes tengan ganas y tiempo de formularlo


4 Responses to “LA PARADOJA DE MADRID”


  1. Sábado, 25 agosto, 2007 en 5:58 pm

    Siempre he creído que los madrileños están hechos de otra pasta. Aceptan el aparcamiento en doble fila como algo natural y no sufren por desafiar la normativa vigente acomodando sus vehículos de este modo. Sin duda, la condición de ser madrileño, ya sea de nacimiento o adopción, hace que se enfrenten a este problema derrochando tranquilidad, o al menos eso quieren aparentar. Podríamos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que la resignación se ha convertido en aceptación. Los grandes núcleos urbanos se han quedado pequeños para una sociedad que crece masivamente gracias, entre otros factores, a la inmigración.

    El debate sobre el aparcamiento es una constante cada mañana en la máquina de café de la oficina. Se comentan historias, que no leyendas urbanas, sobre la zona azul, el parking de la esquina, el gorrilla de turno y el policía de siempre. Todos son muy “listos” y no dudan en dar soluciones, en ocasiones, peores que el problema. Una vez oí decir a un señor, de cuyo aspecto no quiero acordarme, que el antiguo cauce del Turia, que vertebra la ciudad de Valencia (hoy día la mayor zona verde que tenemos en nuestra ciudad) debería ser en su totalidad un aparcamiento.

    Personalmente siempre he apostado por un transporte público que funcione las 24 horas del día, aunque reconozco que probablemente no será la alternativa más efectiva. El coche está demasiado arraigado en nuestro subconsciente. Hay gente que va con él a la esquina con tal de no mover más de 5 minutos su sistema locomotor.

    Tampoco apuesto por limitar nuestros movimientos prohibiendo la entrada de vehículos al centro o por la idea de cobrar tasas a los conductores “más osados”. Y los aparcamientos subterráneos además son muy caros como para usarlos habitualmente.

    Después de esta reflexión en voz alta me he dado cuenta que ni yo sé qué podemos hacer. Creo que en realidad nadie lo sabe. Así que aquí estamos, como cada mañana en la máquina de café de la oficina, intentando cambiar el mundo. El tan Rényi, no nos engañemos, hacía lo mismo.

  2. Sábado, 25 agosto, 2007 en 6:40 pm

    Yo (afortunadamente o no) no vivo en Madrid, pero por motivos familiares voy de vez en cuando… como vengo de una ciudad de 220.000 habitantes, podría parecer que no sufrimos esto de la doble fila, pero qué va!!! Lo que es cierto, es que ya somos casi más autos que personas. La solución no sé cuál es pero el transporte público es una buena opción. Cuando subo a Madrid aparco el coche y voy siempre en metro. Habrá gente que viva a las afueras (mucha gente supongo)y que tenga que bajar a la ciudad por trabajo, etc., pero creo que hay muy buenas conexiones con trenes de cercanías etc…. Repito, al no ser de madrid supongo que no entenderé del tema como si viviera allí,pero que opciones hay….
    un abrazo capi

  3. Domingo, 26 agosto, 2007 en 9:54 am

    Yo voy en moto y el coche sólo lo utilizo para viajar fuera de Madrid. Motos, bicicletas, patinetes, patines o andar… así que habrá que resignarse a aseguir padeciendo segundas filas.

  4. 4 Andrés-Segundo
    Lunes, 27 agosto, 2007 en 9:02 am

    Lo primero que me ha venido a la cabeza al leer éste post ha sido: ¿y éste investigador científico, estará becado o habrá hecho ésa ¿”investigación”? por libre?.
    Jajajajaja me da la risa tonta, un investigador científico comiéndose el tarro para averiguar si se aprovecha el espacio en el estacionamiento, jajajajajaja, pa cagarse.


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