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Ago
07

NUESTROS BOSQUES GRIEGOS

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No son nubes lo que vemos en la imagen, sino el humo que se desprende de los incendios que están calcinando Grecia. Lo primero que hay que lamentar es esta absurda pérdida de vidas humanas. Es difícil la lucha contra el fuego con viento y con calor sofocante, pero resulta difícil de comprender que los sistemas de emergencia no hayan podido evitar tanta pérdida de vidas humanas, en torno a 60 según las últimas noticias. En Grecia, cuando ya sólo queden los rescoldos de las llamas, se abre un largo proceso de depuración de responsabilidades.

Lo segundo que hay que plantearse, en Grecia como aquí, es la necesidad de dotarse de medios para detener, juzgar y penalizar duramente a quienes intencionadamente queman nuestros bosques. Las cifras en España son desalentadoras, pocos detenidos, menos encarcelados, ante un delito contra un patrimonio mundial, el de los pulmones del planeta.

Eso me lleva a una tercera cuestión, la necesidad de que vivamos los incendios de Grecia, de Croacia, de Rumanía, de cualquier lugar del mundo como algo propio. Cada árbol calcinado es un árbol menos para todos y cada uno de nosotros. Es posible que viendo las imágenes de Grecia sintamos un cierto alivio por comprobar que este año en España, con la excepción de Canarias, las cosas nos han ido mejor, en parte gracias a la extraña climatología de este verano. Pero ese alivio momentáneo debe conducirnos a una profunda preocupación por las consecuencias que todos esos incendios tienen en nuestro futuro colectivo.

Tal vez nos ayude a entender mejor la dimensión del problema un artículo publicado recientemente en la revista Science. Una de las estrategias que muchos gobiernos (incluido el nuestro) han puesto en marcha contra el cambio climático consiste en un creciente uso de los biocombustibles derivados de productos agrícolas. Algunas consecuencias de esa estrategia ya se empiezan a comprobar, como la subida de precios de determinados productos agrícolas y ganaderos (la sufrirán como siempre los más desfavorecidos), así como la tala de bosques para dedicar esos terrenos al cultivo orientado a la producción de biocombustibles.
Pero, más importante que ello, es el artículo de Science al que hacía referencia. En él, Renton Roghelato y Dominick Sprackeln, de la Universidad de Leeds, han comparado las toneladas de CO2 que se emitirían a la atmósfera durante 30 años en el proceso de la transformación en etanol o biodiesel del maíz, la caña de azúcar o la remolacha, con las que se emitirían transformado tierras de labor en bosques durante el mismo periodo de tiempo y han concluido que la reforestación de un área equivalente de terreno es capaz de absorber de dos a nueve veces más dióxido de carbono, que las emisiones que se evitarían si esa área se dedicara a producir biocombustibles durante esas tres décadas. A eso, la sabiduría popular le llama hacer pan como unas tortas.

Si esto fuera cierto, más nos valdría que los responsables políticos mundiales se pudieran a estudiar el tema en profundidad antes de seguir impulsando medidas cortoplacistas. Necesitamos que ciencia y política vayan de la mano para evitar dar palos de ciego.

Lo que sí se pone de manifiesto es que la Unión Europea necesita plantearse urgentemente un política forestal común, en paralelo a su política agraria común. Nos hemos pasado años gastando ingentes cantidades de dinero en una política agraria a veces discutible y sería muy necesario empezar a invertir de forma importante en el mantenimiento de nuestros bosques, en su cuidado, en sistemas de prevención de incendios y en políticas de reforestación de tantas zonas como hay en las que un árbol parece un ente extraño venido de no se sabe dónde. La política agraria es gasto y la política forestal sería inversión.

Para que eso suceda, la opinión pública tiene que comprender que los bosques griegos son nuestros bosques. O impulsamos todos o, una vez más, haremos las cosas mal y tarde.


2 Responses to “NUESTROS BOSQUES GRIEGOS”


  1. 1 Macu
    Lunes, 27 agosto, 2007 en 9:41 am

    Has planteado un tema muy interesante Capi.
    Como soy ingeniero agrónomo y me toca muy de cerca el tema de las ayudas agrarias, te comento que no todas las ayudas son gastos. Algunas sirven para que los agricultores inviertan en su explotación como la reconversión del viñedo y los planes de mejora. Existen también ayudas a la reforestación y hay gente que se acoge a ellas realizando esa actividad pero también hay agricultores que plantaron acebuches para después injertarlos de olivos. Siempre que se dan ayudas aparecen los tramposos y aprovechados, pero no solo en la agricultura.
    Respecto al biodiesel, parece que se ha puesto de moda. Es la mejor solución que han encontrado para disminuir las emisiones de CO2 y nos lo quieren vender como sea, sin pensar en las consecuencias negativas, que por lo que comentas hay algunas. A lo mejor eso es lo que llaman daños colaterales.
    Es una pena que ningún gobierno piense que los incendios forestales pueden prevenirse trabajando en el bosque y en los montes durante todo el año. Pero parece que solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.


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