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Sep
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Las emociones de Bush

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El titular de El País en el que se leía Bush: “lloro mucho en mi trabajo” nos ha impresionado a todos. La confesión del todopoderoso presidente norteamericano en torno a sus lloros íntimos sobre el hombro de Dios, y la afirmación de que no le gusta que se le noten los pesares que carga en público y que lo único que desea mostrar es firmeza intentan conformar el retrato tópico de la soledad del comandante en jefe. En realidad, se trata de que pensemos que estamos ante un pobre hombre que acepta con resignación haber sido elegido por la historia para tomar decisiones trascendentes en un mar de incomprensión. Y eso en un hombre capaz de haber vencido al alcohol y que, veinte años después, sigue recordando cómo es una resaca.

Mi primeras reacciones al leer sus declaraciones eran muy parecidas a las de los muchos lectores que dejaron sus comentarios. Con una mezcla de ironía y cabreo, me disponía a hablar de sus lágrimas de cocodrilo, de lo tierno que resulta, de su resaca permanente, de las víctimas de sus decisiones, de lo lógico de sus lloros después de ver lo que hace…

Cuando estaba en estas, se me cruzó la lectura de un artículo de Eduard Puset titulado ¿Cómo funciona la conciencia? En ese artículo afirma: “ahora descubrimos horrorizados que no tomamos una sola decisión que no esté influenciada por las emociones que hierven en el subconsciente. Y lo peor de todo, constatamos que nadie nos ha enseñado a gestionarlas”.

Ha sido leer a Punset y creerme lo que dice el pobre Bush. Si lo que afirma Punset es cierto, es el inconsciente de Bush, un lugar lleno de emociones, el que en realidad condiciona todo lo que decide. La racionalidad, por tanto, pasa por ese tamiz emocional que tampoco Bush sabe gestionar y el resultado es el que conocemos todos. No tiene que ser fácil lidiar con la turbulencia del inconsciente que, por ejemplo, acumula las vivencias de cuando abusaba del alcohol, de lo que conoció en casa cuando su padre era presidente, de un tipo que siente observado por todo el mundo y que vive con temor de que algún día pueda avergonzarse de sus decisiones. Si las emociones son las que mandan, se comprende que dedicara poco tiempo a decidir la invasión de Irak, o que no soporte las malas noticias o que no aguante las críticas. Bastante tiene él con lidiar día a día con su volcán en erupción de las emociones teniendo que tomar decisiones importantes, como para que luego le den malas noticias o cuestionen su criterio. No como nosotros, que también tenemos emociones, pero que normalmente sólo tenemos que decidir chorradas.

El problema de las emociones es que necesitan de un contrapeso que las equilibre. Porque las emociones alteran la percepción, nublan la vista y hacen que uno sea incapaz de valorar los datos que aporta la razón. El gran problema es que se pueden sentir emociones pero no tener sentimientos. E igual esa es la causa del llanto de Bush. Si tuviera sentimientos, tal vez sería capaz de poner coto a sus emociones, tal vez mejoraría su capacidad para tomar decisiones, tal vez ya no tendría que llorar.


2 Responses to “Las emociones de Bush”


  1. 1 nekomata
    Lunes, 10 septiembre, 2007 en 9:42 am

    Creo que un presidente del gobierno debe ser totalmente objetivo y aunque su educacion, su situacion personal y su vida privada le hagan sentir unas emociones debe saber en que consiste su trabajo, y si se le ha despertado la conciencia despues de todo lo que ha hecho es normal que se eche a llorar, y si solo se hecha a llorar sera que la conciencia aun esta adormecida.

  2. Lunes, 10 septiembre, 2007 en 10:35 am

    Después de un tiempo leyendo este blog, del que he de decir que me encanta, me animo a dejar un breve comentario.

    Me asusta mucho pensar que las decisiones tomadas por un señor tan poderoso como este no estén tomadas de una manera 100% razonada o al menos no basadas en las emociones del subconsciente, la cuestión es… ¿alguien lo dudaba? ¿de verdad nos creemos capaces de abstraernos completamente de nuestra parcialidad? Pienso en un juez, que se supone ha sido educado y entrenado para hacer esto y dudo mucho que tengan totalmente desarrollada esa capacidad, pensemos que el señor Bush tan solo ha sido educado para ganar las elecciones (si acaso) y qué no decir de nostros, “gente de la calle” en nuestra vida diaria.

    Un saludo y de nuevo, ¡gran blog!


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