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Oct
07

Qué mal estamos todos por el cambio horario

sol2-3d.jpg

Estoy haciendo un auténtico esfuerzo para encontrarme mal, pero no acabo de dar con razones que lo justifiquen, más allá unas ciertas molestias lumbares. De hecho, ayer fui a darme un masaje y ya me advirtieron de que tenía esa zona bastante cargada. El masaje me dejó muy bien, pero esta mañana de nuevo aparecen las ligeras molestias. De ahí mi preocupación por el tema del colchón, que yo creo que ya ha cumplido su ciclo de vida y empieza a no ser el lugar más adecuado para el descanso. Probaré en el de Portland del anterior post. También es cierto que me quedan restos del trancazo, pero desde que el jueves fui a mi otorrino la cosa ha mejorado mucho: toso menos, la ronquera casi ha desaparecido y el dolor en la zona de la laringe casi no lo noto.

Ninguno de los dos motivos que me permitirían decir que no estoy del todo bien me sirven. Y es que yo quiero poder echar la culpa al cambio horario de algo: de una fotofobia matinal repentina, de un desequilibrio en el sueño, de una pesadilla o un sueño erótico, de inestabilidad emocional, pero no encuentro nada de nada. A lo único que espero es al partido del Real Madrid, no vaya a ser que perdamos con el Depor y, entonces, tengamos que tirar del cambio horario para encontrar una justificación. Por si acaso, ya lo tengo previsto para el nuevo hip hop de Bernardo que tengo que hacer esta tarde para elmundo.es.

Antes cambiábamos de hora y no pasaba nada. Nos dividíamos entre los que creíamos que de verdad sirve para ahorrar y los que piensan que no y ya está. Ahora no, ahora todo es mucho más sutil y complejo. Con el cambio horario sucede como con las alergias, las rebajas, las compras de Navidad, la llegada del calor… los medios de comunicación no hacen (o hacemos, que yo forma parte de ellos) más que repetir los mismos contenidos año tras año. En Navidad comprar con antelación, en rebajas llevar una lista con lo necesario, beber agua en verano… es decir, le dedicamos un espacio a lo que podríamos llamar la parte cíclica de la actualidad, aquellos temas a los que un año sí y al otro también les dedicamos atención como si nunca se hubiera tratado de ellos.

Pues bien, desde hace algún tiempo el cambio horario y sus efectos sobre las personas (y a veces hasta sobre los animales, como si miraran la hora) se han convertido en uno de esos temas. Y yo todos los años intentando encontrar los síntomas que debería producirme adelantar o retrasar el reloj, pero nada de nada. Uno de los primeros recursos es el de las encuestas y los reportajes micrófono en mano. Se me altera el sueño, me cuesta levantarme por las mañanas, estoy cansado… son las típicas respuestas. Resulta que la semana anterior al cambio horario ¿nadie se quejaba de que dormía mal, le costaba levantarse o estaba cansado? Porque esas afirmaciones las oigo yo un día sí y otro también ante cualquier máquina de café, o en cualquier conversación de colegas y amigos. Pues no, resulta que nuestra vida era totalmente placentera hasta que han cambiado la hora. Qué horror, qué tortura.

Lo siguiente es lo de los especialistas. Yo les entiendo a los especialistas. Si no fuera por cosas como esta del cambio horario no podrían tener el momento de gloria de aparecer en las radios o en las cadenas de televisión para fardar delante de amigos y colegas de la profesión. Ya se  sabe que la gente, con tal de salir en la tele, a veces no piensa en el precio que pagan. Ese que va a reconocer que es cornudo, que fue el último en enterarse y que cuando encontró a su mujer en la cama con su mejor amigo pensó que menos mal que estaba ahí su amigo en pelotas, que él creía que su mujer se la estaba montando con alguien, pero para eso están los grandes amigos, para ayudar a impedirlo. Bueno, queda como un idiota ante medio mundo, pero el tío contento, llamando a todos los que conoce para decirles oye, que hoy salgo en la tele.

Pues yo pienso que con los especialistas a veces pasa lo mismo. Con tal de salir, da lo mismo repetir obviedades o hasta alguna que otra memez. Así hoy leo que un psicólogo afirma que el cambio horario “puede crear en algunos casos un desorden biológico muy peligroso para la salud llamado desorden afectivo estacional”, “el desorden afectivo estacional es producido por el bajo estado anímico del afectado al convivir con una baja exposición a la luz natural”, “llega esta fecha maldita para la mayoría de ciudadanos, ya que ven como al salir de sus trabajos la noche ha invadido las calles y además deben de cambiar algunos hábitos que eran más propios del verano”. ¿Baja exposición a la luz natural? ¿Qué pasa que hoy hay menos horas de luz que ayer? Es verdad que las horas de luz se van acortando, pero no por el cambio horario. Y la exposición a la luz es exactamente la misma: antes te levantabas de noche, ahora hay luz, el sol ilumina las horas que le toca iluminar y luego se va la luz. Pero cambiar de hora no es apagar el sol a voluntad, como si se hiciera con un interruptor. El astro rey pasa de nosotros, aunque en la foto que ilustra este post lo veo un poco raro, la verdad, auqnue no sé si será por el cambio horario. ¿Y cambiar hábitos del verano? Pues claro, te tienes que abrigar más, no puedes tomar el sol en top-less, no conviene cenar en una terraza a 8 grados… Siento que el tipo sea psicólogo, porque yo tengo un gran aprecio por la profesión.

En fin, que no niego que alguien en un equilibrio personal muy frágil pueda verse alterado por unos minutitos antes o unos minutitos después. Pero, hombre, hacer de esto todos los años noticia en portada de radios, televisiones y periódicos, me parece una auténtica pasada.

Aunque reconozco que a mi me afectó una vez: fui al fútbol una hora antes (no había cambiado el reloj) y me tocó esperar 60 minutos. Ese día sí pensé a quién cojo… se le ocurrió esto del cambio horario.


16 Responses to “Qué mal estamos todos por el cambio horario”


  1. Domingo, 28 octubre, 2007 en 2:13 pm

    Pues sin duda coincido en que que no veo tampoco donde esté el problema con el cambio horario y tampoco en qué medida real afecte al ritmo circadiano. Pero bueno quizás es que el motivo real sea que hay que escribir sea de lo que sea y aprovechando cualquier circunstancia. 😉

  2. Domingo, 28 octubre, 2007 en 2:24 pm

    A mí eso de dormir una hora más… como que no estoy acostumbrada, incluso tengo menos hambre, ¿será eso malo?

  3. Domingo, 28 octubre, 2007 en 2:59 pm

    Pues a mi nunca me habia afectado. Pero resulta que de repente se me ha ocurrido que somos unos dejados y nos plegamos a todo lo que nos pidan. Yo creo que podemos utilizar la hora para algo más. http://nespral.blogspot.com/2007/10/1-hora-ms-para-qu.html

    Saludos, te sigo por twitter.

    Dioni Nespral

  4. 4 wallace97
    Domingo, 28 octubre, 2007 en 3:18 pm

    Capi, ¿de qué iban a llenar tantas horas de programación de tantas cadenas de tv, emisoras de radio, y tantas páginas de periódicos y revistas? ¿No será que sobra el 90% de ellos?
    Es como en primavera, ese día que amanece radiante, con temperaturas prematuramente altas, y hay un reportero en cada playa ilustrando de cómo los bañistas se dan el bronceador. O de esa nieve que cae antes de San Andrés, y ya tenemos a los mismos reporteros, pero esta vez en cada puerto de montaña, para mostrar cómo ponen las cadenas los vehículos. En fin… “periodismo”.
    Saludos.

  5. Domingo, 28 octubre, 2007 en 3:25 pm

    Pues sí, efectivamente, año tras año, estación tras estación, siempre es lo mismo.

    Tú hablas del cambio horario pero ayer tuve que ir al Corte Inglés por casualidad (ya que no suelo visitarles mucho) y resulta que … ¡ya tienen la decoración de Navidad! Esa si que es buena la que nos espera …

    Cambiar la hora fue portada ayer de todos los informativos, es gracioso sí. Al final los medios de comunicación y las altas esferas empresariales son las que marcan nuestro ritmo de vida, ¿triste, verdad? Con lo que respecta a mí, personalmente, me vino de lujo tener una hora más en la noche de celebración del cumpleaños de mi mejor amigo. 🙂

  6. Domingo, 28 octubre, 2007 en 4:38 pm

    Ah, pero los mejores reportajes, los de Pulitzer, llegan en Agosto, cuando en una pieza de un minutillo nos llevan hasta Benidorm para enseñarnos cómo se hace una paella en medio de la playa. Imprescindibles.

  7. Lunes, 29 octubre, 2007 en 1:58 am

    Bah, a mí dormir una horita más me ha dejado nueva.
    Un saludo!

  8. Lunes, 29 octubre, 2007 en 4:15 am

    !El horario de invierno no conviene!

    Con el horario de invierno hay menos tiempo de luz natural en la tarde. Esto provoca que la población utilize la electricidad desde más temprano. Lo que produce más gasto y contaminación al planeta. Entiendo que el Sol ilumine desde más temprano y que la hora de luz la compense por la mañana, pero en la mañana no se gasta tanta electricidad como en la tarde.
    En cambio con el horario de verano hay más luz durante la tarde, lo que reduce el gasto de electricidad. Además, nos da más tiempo para realizar actividades durante el día con luz solar. Son bastantes las ventajas que nos ofrece el horario de verano que deberíamos de alargarlo todo el año. Por lo menos deberíamos utilizarlo en diciembre, el mes del año en donde se gasta más electricidad, para disminuir el gasto excesivo de ese mes.

  9. Lunes, 29 octubre, 2007 en 7:03 am

    Buenos dias pues a mi lo de la hora solo hace q ayer se me hiciera el dia super largo y q en marzo se me haga super corto. soy asi de simple. bueno voy a ver si consigo currar 1 rato!!! xao a todos! adios

  10. 10 Blogmaster
    Lunes, 29 octubre, 2007 en 10:08 am

    Este es el cambio de horario bueno (el que regala una hora mas de sueño), el malo es el de verano… ese si que es malo…

  11. Lunes, 29 octubre, 2007 en 10:38 am

    No me afecta el cambio de horario, ni lo más mínimo, parece ser que o yo también soy muy simple… o los demás son demasiado complicados. Respecto a que este tema sea portada de periódicos y noticia en los telediarios… prefiero leer y escuchar esto antes que esos “malditos” temas del corazón con los que nos bombardean a todas horas…

  12. Lunes, 29 octubre, 2007 en 2:10 pm

    Es una memez, una leyenda urbana. En mi blog recojo la opinión del Director del Museo de la Ciencia de Valencia en ese sentido

  13. 13 Andrés-Segundo
    Lunes, 29 octubre, 2007 en 2:15 pm

    Para mi el cambio de horario no es mas que otra señal de trafico, me obligan a ir en una dirección y hacia alli que voy. Me deja indiferente total. Así lo quieren y es lo que hay.
    Lo que si me hace gracia es eso que dicen que te cambian los ¿bioritmos? del cuerpo, !!que sensibilidad!!.

  14. 14 Macu
    Lunes, 29 octubre, 2007 en 6:37 pm

    Pues a mi lo que me cambia los biorritmos es el invierno. Diosssssssssssss, que mala leche me entra (con perdón) solo de pensar en el frío. Yo necesito notar el calor en la cara y en los pies, si no me pongo brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. ¡Viva la primavera y el verano!

  15. Martes, 30 octubre, 2007 en 2:10 am

    Es absolutamente cierto que un cambio horario también llamado de ritmos circadianos, pueda afectar al ser humano desde el punto de vista psicológico y biológico, al modificar la secreción de hormonas y determinados neurotransmisores que influyen en el estado de ánimo, especialmente la serotonina.

    Saludos!

  16. Viernes, 2 noviembre, 2007 en 2:23 pm

    Por aquí ahora tenemos una hora de más ( desde mediados de octubre), es decir hemos adelantado una hora la hora valga la redundancia. Y como de este del mundo estamos en primavera hace que oscurezca cerca de las 9 de la noche lo que hace que se reduzca el consumo eléctricto. No mata a nadie que pase eso. Un par de días de acostumbramiento y ya está.
    Con el tema de los medios será que no querrán hablar de cosas significativas. Porque hay cosas importantes para hablar pero no venden. Acá es obligatorio hablar en Turismo ( Semana Santa) de lo desierta que queda Montevideo.Aunque los que se vayan de viaje sean 3 y la ciudad este casi igual de poblada. Es clásico hablar de la supuesta grisura en el carácter de los uruguayos, un gran mito que mucha gente le sirve alimentar.

    Saludos desde Montevideo, Uruguay

    Ana


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