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El vino que tiene Asunción…

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¿Os acordáis de cuando era fácil beber vino? Yo sí. Hace algún tiempo, descorchabas la botella, servías el vino en el vaso y te lo bebías. Un acto sencillo, rápido y placentero. Hoy en día todo esto se ha complicado mucho. Para empezar, los modelos de sacacorchos que hay en el mercado tienden a infinito y es muy posible que, de no estar en tu propia casa, te encuentres con un artilugio al que empiezas a mirar con curiosidad preguntándote cómo demonios se maneja y cómo es posible que eso pueda servir para quitarle el corcho a una botella. Lo siguiente, lo del vaso ha pasado a convertirse casi en un pecado. Servir el vino en vaso, madre mía, qué ordinariez y qué falta de respeto al producto. La copa, una copa enorme que nos cuesta hasta coger, se ha convertido en elemento obligatorio para beber un poco de vino y tampoco se puede elegir una copa cualquiera: una Bordeaux para tintos tánicos y de baja acidez, una Borgogne para los tintos de alta acidez y taninos moderados, una Rolled Rim porque acentúa la dureza y la acidez del vino, la Chardonnay para los blancos con cuerpo y acidez moderada, la Rheingau para blancos livianos, afrutados y ácidos. En fin, que antes de sacar la copa tienes que leerte una ficha completa del vino para no meter la pata y eso si consigues abrir la botella con el último sacacorchos que ha salido al mercado.

Pero, obviamente, los problemas no acaban ahí. Están los obsesionados con abrir la botella una hora antes, por aquello de que tiene que oxigenarse el vino. Siempre me he preguntado qué pedazo de pulmones debe tener el vino para oxigenarse poniendo en contacto con el aire la superficie mínima del cuello de la botella… pero bueno, hay tanto fundamentalista que tienes que ponerte la alarma del móvil para abrirlo con esa hora de antelación, no vaya a ser que un vino insuficientemente oxigenado te arruine la velada.

Pero el auténtico lío empieza cuando llega el momento de degustar  el vino. Un paso mal dado y puedes poner en peligro todo tu prestigio. Lo primero es lo de las sensaciones visuales. Tienes que coger la copa y observar el vino detenidamente. Digo yo que conviene hacerlo contra una superficie que contraste, clara a poder ser, pero la gente lo mira contra cualquier fondo y a continuación sacan el pantone para matizar el tipo de rojo del vino: rojo púrpura, granate, cereza, rubí, teja, castaño, violeta… Y tú intentando afinar cuando, en realidad, lo que te parece es que es simplemente rojo, más claro, más oscuro, pero rojo. Y estás en ello cuando empiezan a hablarte su limpidez, porque puede que esté turbio, mate o incluso brillante. Y, cuando te empieza a asomar una lágrima porque te pican los ojos de mirar con tanta intensidad, alguien habla de la lágrima (me han visto, piensas), pero  se refieren a esa lágrima del vino que cae lenta y gruesa y que nos lleva a pensar en un vino glicérico. Como consejo, di el rojo que primero se te venga a la cabeza y añade siempre con ribete del segundo rojo en el que hayas pensado.

Si lo del color, la limpidez y la lágrima tiene su gracia, no te digo nada cuando pasamos a los aromas. Es curioso cómo napias atrofiadas se convierten en narices expertas cuando se trata de describir un vino. Yo no paso de un qué buen aroma tiene, aunque es verdad que el olfato nunca ha sido mi sentido más desarrollado. Pero yo no me creo que el común de los mortales, cuando introduce su apéndice nasal en la copa de vino, sea capaz de distinguir aromas de fresa, piña, pomelo, violeta, manzana, mora, cuero, nuez, almendra, café, canela, frambuesa regaliz ni, por supuesto, acacia, almizcle, heno o lichi. Porque ya me contaréis quien va olfateando lichis por el mundo. Pero oye, parece que son capaces, lo cual debe ser terrible, porque con tal sensibilidad en la pituitaria, debe ser muy desagradable moverse por un mundo en el que los malos olores abundan tanto o más que los buenos. Lo que sugiero en este terreno es utilizar conceptos como sutil o potente, complejo, limpio y añadir algo de notas especiadas o elegantes maderas, que si ponen cara rara siempre puedes decir que estabas hablando de la tarima del suelo.

Las sensaciones en boca, con la percepción de aromas por la vía retronasal y la sensación de contacto, es otro mundo fascinante. La textura, fluidez, untuosidad y redondez son algunos de los conceptos que saltan entonces a la palestra, acompañados por la rugosidad, aspereza o astringencia. Hemos aprendido, eso sí, que los sabores dulces, los ácidos y los amargos los percibimos en partes distintas de la lengua, pero yo os aseguro que, de la que me detengo a intentar notarlo, ya no me queda vino en la boca, por esa tendencia casi patológica que tengo a tragarme el vino. Nuevamente conceptos amplios como notable estructura, sabroso, goloso comprometen poco y son los que conviene utilizar. Y si hace falta añadir algo más, sensación de sándalo, que no creo que ninguno le haya dado un mordisco a trozo de sándalo,

Con todo esto, tomar vino en público se ha convertido casi en una reválida en la que tenemos que defender argumentos que muchas veces ni conocemos.  Hace ahora 75 años, se establecieron las primeras denominaciones de origen de los vinos de España. Durante un tiempo, aunque hubiera muchas más, todos teníamos en la cabeza cinco o seis denominaciones, pero después de nuestro curso acelerado de enología, todos nos conocemos un montón de denominaciones, lo que hace que, a la hora de pedir en un restaurante, la típica pregunta de Rioja o Ribera a todos nos parezca ya una ofensa. ¿Por favor, mencionar sólo dos denominaciones si yo de carrerilla puedo decir lo menos veinte? A eso se une un factor que hasta hace unos años no teníamos en cuenta: la variedad de uva. De tal forma que, la mezcla de denominaciones con las correspondientes cabernet sauvignon, syrah, merlot, tempranillo o tinta del país o como quieran llamarle, garnacha, mencía, mazuelo, monastrell, graciano, moravia, chardonnay, malvasía, airen, etc., etc., hacen que lo de pedir un vino sea una ardua tarea, que le agobia a uno sabiendo que,después de pedirlo, se te viene encima todo el ritual que antes les contaba.

Así que hoy, abrir un vino y beberlo sin más se ha convertido en un acto de supina ignorancia que puede desacreditar a cualquiera. Yo reconozco que me gusta mucho el vino, que bebo vino todos los días, que he probado vino de muchas denominaciones de origen y tipos de uva y que disfruto mucho con el vino. Sin embargo, me resulta imposible sumarme a la ceremonia, no sé si por incapacidad, por pereza o simplemente porque disfruto tanto de las sensaciones que me provoca, que renuncio a ponerlas en palabras. Reivindico que beber vino vuelva a convertirse en un acto sencillo. El vino que tiene Asunción, que no es blanco ni es tinto ni tiene color, facilita mucho la vida, pero, qué queréis que os diga, yo prefiero uno de los otros.


28 Responses to “El vino que tiene Asunción…”


  1. Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 3:35 pm

    …y sobre todo cuando además el que se pone con esas mariconadas, es fumador… siempre hago lo posible por hacerle notar su soberana ignorancia sobre lo que dice, desde su atrofiado olfato. Y también cuando me consta su escaso conocimiento sobre el tema y exceso de ceremonia…

    Es innegable que cada vino tiene sus usos y acompañamientos, y dentro de cada uva encontraremos mil matices, pero creo que de todos los que apreciamos y disfrutamos un buen vino, o hacemos lo que podemos para acertar en estas situaciones, sólo un escasísimo ¿Uno por ciento? sabe de lo que habla. Y es siempre el tabernero.

    Eso sí, el Ribeiro en taza de barro y la sidra artesana en vaso de cristal fino y muy ancho, por favor.

  2. Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 4:37 pm

    Juas, juas.. y no te olvides del maridaje: si sobrevives a la ceremonia la cagas al elegir el plato ¿o era al revés?

    A mi me gusta el vino, así, en genérico, lo mismo el tio de la bota con gaseosa que un Rivera (de momento, mi debilidad). Y algo de ceremonial está bien, más que nada por eso de hacer aprecio. Además, desde que se han puesto de moda los vinos, la enología y los cursos de somelier, les han puesto dos cifras a todas la botellas.

  3. 3 wallace97
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 5:56 pm

    Con un respeto para ese 0,00001% que de verdad entienden, cuando veo semejantes gilipolleces me relajo, me cachondeo un poco, y punto, pero hay algo que me jode, y es el hecho de que estos fenómenos se extienden y van contaminando en cascada y a otras especies, y claro, dentro de poco ya no habrá restaurantes sin carta de aguas. Y por ahí si que no trago. Que te pretendan cobrar 4 ó 5 euracos por el diseño de la botella, ya clama al cielo. Y lo malo es que poco a poco va colando.
    Siempre lo he dicho: los mejores negocios giran alrededor de la estupidez humana.
    Digo yo una cosa: ¿por qué los que se empeñan en hacer notar lo que ganan no se ponen una pegatina en la frente con su sueldo y se dejan de hacer el chorra? Así dejarían de provocar el encarecimiento de las cosas, no sea que algún alcalde nos enseñe a respirar con matices y nos cobre por salir a la calle. Y no es que quiera dar ideas.

  4. 4 Macu
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 6:14 pm

    Yo creo que hay mucho enólogo-fantasma por ahí suelto y muchos que viven de este cuento. Yo vivo en Jumilla y he conocido a unos cuantos “entendidos” que te hablan con aromas, colores, matices, taninos, frutas del bosque (¿Como va a saber un vino a frutas del bosque si aqui no hay bosques?)y después te enteras de que han memorizado lo que pone en la etiqueta. Tengo un amigo que trabaja en una bodega y me comentó que una vez organizaron una cata ciega, invitando a no sé que sumiller que estaba de moda. Bueno, pues la persona que más supo y conoció los vinos de diferentes bodegas y D.O. fue una compañera suya dejando al sumiller de prestigio a la altura del zapato.
    Toda esta moda del vino ha hecho, como dice Miguel Rebollo, que cualquier botella de vino tenga dos cifras en el precio pero al agricultor no le ha beneficiado nada, siendo como es el proveedor de la materia prima. Y no cuento más no sea que los bodegueros de la zona se mosqueen, sobre todo el que paga mi nómina todos los meses.

  5. Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 6:17 pm

    Como dice mi tío: “Cuando hay buen vino en la mesa, todo el mundo entiende de vinos, pero cuando no, todos a brevar como cabras”.

    Me ha hecho gracia eso de las narices atrofiadas, porque seguramente no distinguen un peo suyo del del vecino (es un decir) xDDDD, pero saben decirte con claridad si es del año 2005 o 2007 y de qué viñedos procede.

    Un mundo curioso este de los entendidos del vino.

  6. 6 José Ramón
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 7:29 pm

    Durante unos años tuve que comer alguna vez con el alcalde de Zascabriejas de Arriba, con algún concejal de Villatal y Villacual o con el dueño de la empresa promotora “Ladrillo Va”. Y de repente todos eran expertos en vinos. Hablaban y hablaban de todas esas chorradas que has dicho. Te aseguro que el avispado camarero les hubiera podido poner el contenido de un tetrabrick peleón en un bonito decantador y no se habrían dado ni cuenta.
    Creo que eso es un síntoma más de nuestra sociedad decadente. Ya no somos capaces de disfrutar de la vida, y tenemos que inventarnos mil falacias y mil aparatosidades a modo de ortopedia para paliar nuestra vacuidad.

  7. 7 Esther
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 9:09 pm

    Jajajaja, que bien has descrito alguna cena que he vivido. En nuestro grupo de amigos hemos institucionalizado el “fin de semana del vino”. Nos vamos a Aranda, visitamos bodegas y allí nos enseñan media pincelada de todo lo que acabas de contar. En realidad, no es más que una escusa para juntarnos, comer cordero y tomar muuuchas tapas (lo hacemos coincidir con el concurso de tapas, pinchos y banderillas). Resultado: llegas cansada, con el maletero lleno de botellas, algún kilo más, la misma ignorancia vitícola y sensiblemente más feliz.
    Un saludo

  8. 8 Andrés-Segundo
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 10:07 pm

    Todo eso pasa con el vino, !!puf!! y yo que le meto al vaso un tercio de vino y dos de agua de toda la vida, no sé despues de leer todo esto sobre el vino, creo que me he equivocado de planeta.

  9. 9 Julio
    Miércoles, 7 noviembre, 2007 en 10:35 pm

    Uno, que no sabe nada de tanto artilugio,tanta copa, tanta cata y tanta cosa – ni falta que le hace- le pide al vino aquello que decía el ciego Borges:

    ” Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
    como si ésta ya fuera ceniza en la memoria”

  10. Jueves, 8 noviembre, 2007 en 10:59 am

    Pobre de mi, que solo consigo distinguir entre vino peleón y “de mas de 3€”. Eso si, me encanta y lo disfruto. Sin embargo, me llaman loco porque me gusta la Coca-cola y odio la Pepsi “si es lo mismo”-me dicen. Y ya que estamos con refranes y frases hechas sobre el vino, dejo una de mis favoritas.

    “Bebo para hacer mas interesantes a las demás personas”.

  11. Jueves, 8 noviembre, 2007 en 5:25 pm

    El mundo del vino es tan complicado como uno se lo quiera montar. Pero también puede ser sencillo. Todo lo que hay que hacer es acostumbrar a los sentidos, “abrirlos” para disfrutar más y mejor. Pero no hay necesidad de seguir un protocolo o imitar al que es entendido o pretende serlo. Que te quieres beber el vino en vaso, ¡pues adelante! Que quieres mezclar el tinto con cola y hacer calimocho,¡pues también! No hay que gritar ¡sacrilegiooooo! cuando alguien lo mezcla si le gusta así. Y si alguno disfruta haciendo el pino-puente mientras cuenta de 0 a 100 para beber vino, pues que lo haga.

  12. 12 Mary Carmen
    Jueves, 8 noviembre, 2007 en 5:26 pm

    Ahora entiendo porque, ayer, que comimos en un restaurante en Motril, era un viaje programado, al llegar a la mesa la botella de vino tinto, estaba abierta. Seria por eso de que tiene que abrirse una hora antes, por lo del oxígeno, digo yo. Claro que la segunda botella que pedimos, era un poco más clarita y ligera y por supuesto abierta. Siempre que tengo invitados en casa, intento poner el vino que vaya a la comida, pero algunos me piden gaseosa. Eso me salva, los demás saben menos que yo o al menos no dicen nada. Saludos.

  13. 13 Mary Carmen
    Jueves, 8 noviembre, 2007 en 5:27 pm

    Ah! no sabia que había tantas clases de copas.

  14. Jueves, 8 noviembre, 2007 en 6:56 pm

    Pues señores, que quieren que les diga…

    Entren en http://www.laboteria.es y vuelvan a hace 50 años, cuando el uso de la bota de vino era de lo más popular.

  15. 15 anton
    Jueves, 8 noviembre, 2007 en 9:04 pm

    Esto del vino es idéntico a lo de la alta cocina que pagas un monton por un garbanzo y una hoja de sabe dios que, Y a la vez es esactamente lo mismo que lo del arte conptemporaneo y sus expertos, todo una tomadura de pelo. SI te tomas un vino y te gusta es bueno y listo ¿Para que necesitamos mas expertos?

  16. 16 ARMANDO BRONCA SEGURA
    Viernes, 9 noviembre, 2007 en 12:59 am

    Pues que quereis q yo os diga, disfruto mas de un vino en una buena bota que no del mas exquisito caldo en cualquier restaurante de renombre, al menos me puedo manchar la camisa y nadie me mira de mala manera. Un saludo.

  17. Viernes, 9 noviembre, 2007 en 7:39 am

    ¡buen articulo¡ voy tomando nota de todo lo que dices, quedaré maravillosamente en mi próxima cena, acabo de descubrir palabras que combinadas van a sorprender a todos mis amigos, jejejeje
    besos Capi

  18. Viernes, 9 noviembre, 2007 en 10:55 am

    Acostumbro a salir de cena los sabados por la noche, y dependiendo de la comida, siempre pido o vino tinto, o vino blanco. En verano, antes que el tinto pido algun buen rosado, pero de los buenos…Reconozco que el que más me gusta es el vino tinto, porque tambien me gusta más la carne que el pescado…

    Un abrazo Capi!

  19. 19 PPPerez
    Domingo, 11 noviembre, 2007 en 3:23 am

    A mi, la “ceremonia” que más me divierte es la que monto en algunas ocasiones:
    me sirvo un chorrito de vino, lo miro en la copa al trasluz, lo agito un poco con mucha parsimonia, lo huelo y repito todo el proceso hasta que me aseguro de que todo dios está pendiente de mi “experta opinión” … entonces, sin decir ni pío, echo más vino y empiezo a bebérmelo lentamente con una amplia sonrisa (y, claro, no comento nada al respecto porque no tengo ni puta idea). El mosqueo general está garantizado 😉

  20. 20 Javi
    Miércoles, 14 noviembre, 2007 en 2:19 pm

    Después de Dios, lo mejor es el vino…

    Ya me he quedado “agusto”…

    Si querís saber lo que me gusta el vino, visitar nuestro blog(de grupo de cata):
    http://www.catavinos.wordpress.com)

    Gracias y buen vino

  21. 21 JaviOlimpo
    Miércoles, 14 noviembre, 2007 en 2:45 pm

    Después de leer atentamente el artículo que ha publicado en su blog oficial Javier Capitán me gustaría responderle desde este blog, dedicado a la cata de vinos. (esta respuesta la podéis ver en: http://www.catavinos.wordpress.com)

    En primer lugar, catar un vino no es lo mismo que beber un vino. Estoy deacuerdo en que beber un vino es un acto “simple”, diario y placentero, pero la cultura del vino va más allá de una simple necesidad “natural”. Si alguien quiere beber un vino porque tiene sed.. que lo haga; pero lo que no acepto es que me tilde de “snob” porque lo disfrute “a mi manera”… es decir, apreciando de él (y hablo del vino con un pronombre personal… lo sé) no sólo con el sentido del gusto, sino con la vista, el olfato y la inteligencia.

    En segundo lugar, catar el vino es un acto de “civilización”. No hace falta que nadie lo haga si no le apetece… A mí me gusta, pero al catarlo no sólo lo estoy bebiendo, lo estoy analizando y, de alguna manera, juzgándolo. Eso no es beber un vino… Si al final me convence, ya lo beberé…

    Finalmente me gustaría decir que este comentario lo hago desde el “cariño y la admiración” que le tengo a Javier Capitán, ya que me consta que es un gran amante del vino.

  22. Jueves, 15 noviembre, 2007 en 6:50 pm

    Antes de nada quería agradecerte (perdona el tuteo)tu aclaración.
    En parte tienes razón con lo que dices… yo también huyo de los aristarcos que cada vez que ven un vino pretenden encontrar en él la piedra filosofal (ha habido alguno que ha encontrado a un vino gusto a saya de monja); pero creo que tu artículo iba más allá y que, de manera amable, fustigabas a todos los que disfrutábamos de manera “diferente” de los vinos.
    Si tu intención no era esa, acepta mis disculpas por la reprimenda.

    Salud y buenos vinos

  23. 23 VInomanuel
    Viernes, 13 febrero, 2009 en 8:13 pm

    Estimado Javier Capitan:

    Nunca es tarde para comentar un acierto.Ahora sí creo estimado Javier que no estoy solo en esta lucha por morigerar esta absorbente y agobiante parafernalia que parece envolver con un manto de oscuridad el “límpido” cielo del mundo del vino. Perdonando la inmodestia: a todos aquellos que han tenido a bien comentar tu artículo les va a interesar mucho el ensayo que he publicado y que bajo el título de ¿POR QUË CASARON AL VINO? – link :http://www.monografias.com/trabajos62/vinos/vinos.shtml. toca entre otros asuntos, temas como el siguiente:

    En los últimos años, se viene observando una “corriente” que tiende a privilegiar en el mundo, ya no el deseo por saborear un buen vino, sino un afán desagradable por asociar a este placer con una serie de “exigencias” que van poco a poco instalándose en la mente de los nuevos consumidores y marcando en ellos una mayor preocupación por la copa a elegir; la manera de sostenerla; la forma de la botella; La calidad del corcho; el plato a elegir; etc. Además de presentarles al vino como un licor que parecería ya no extraído del zumo de la uva, sino mas bien de la grosella; el melocotón; la fresa; el limón; diversas flores y especias y paro de mencionar. Todo lo dicho y más acompañado de una excluyente jerigonza como: estructurado, equilibrado; redondo; complejo; varietal; blend; corte; etc.

    Lo difícil que resulta buscar un sabor que identifique a una cepa con su vino, es quizás lo que explicaría la coyuntura por la que actualmente atraviesa en el mundo este apreciable licor y pudiera haber provocado que esta preocupante “corriente” tome la importancia de la que hoy goza. Muchos expertos en la materia y/o buenos consumidores parecen haber renunciado a trabajar en esa dirección y cautivados por el “boom mediático”, adoptan el “facilismo” de asociar el sabor del vino con cualquier otra cosa menos con la cepa o cepas que le dieron origen.

    Saludos vinomanuel
    vinomanuel@hotmail.com

  24. 24 Perico de los palotes
    Domingo, 14 marzo, 2010 en 5:34 pm

    Cierto es que en el mundo del vino hay muchísimos mamarrachos, casi tantos en porcentaje como los que han comentado esta entrada desde el atrevimiento de la ignorancia. A más de un amigo graciosete que se me ha cachondeado con el tema le he dejado blanco tras decir “moras y violetas”, reirse él socarronamente y tener que darme la razón cuando ha olido el vino. Otro tanto con las copas. Y eso siendo fumador y novato, y es que no hace falta un gran olfato para la cata lúdica, lo que hace falta es memoria olfativa, interés y humildad.

    Eso no quita que, efectivamente, haya mucho payaso. Pero tampoco hacen falta décadas de experiencia para empezar a distinguir aromas, y cualquiera distingue al menos un par en una cata guiada por alguien que entienda. A partir de ahí todo es práctica y memoria.

    Y por cierto, puedo disfrutar catando buenos vinos sin que eso me impida mezclar con gaseosa el “de la casa” que me ponen con los huevos fritos con chorizo.


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