Archivo para 29 diciembre 2007

29
Dic
07

Trabajando para el futuro

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He regresado, con un dolor de espalda menos y un kilo y medio más. La producción olivarera de este año, tal y como esperaba, ha sido escasa. Entre 400 y 500 kilos recogidos en una jornada corta de trabajo. Fernando y Pedro, cuando llegamos, ya habían vareado y armados con una de esas máquinas sopladoras que se utilizan para las hojas, habían conseguido amontonar fácilmente gran parte de las olivas.

A partir de ahí, la tarea de la recogida, la separación de hojas, piedras y demás compañeros de viaje se hizo mucho más sencilla. Así que entre la ayuda de la sopladora, la escasa producción y la colaboración de mi sobrina nieta, quien, sentada en el suelo, por lo menos llenó medio cubito, todo resultó la mar de sencillo.

Para los que andaban preocupados por mi espalda (gracias Belén por tus consejos) debo decirles que no sé si por el efecto balsámico de un antiinflamatorio o porque la muy cobarde tiene miedo al dolor y prefirió arreglarse antes que sufrir los pinchazos, el hecho es que, aunque llegué con molestias, fueron desapareciendo poco a poco. Aparecieron otras en lugares distintos, pero en esta ocasión la casua estaba clara: mi oxidación corporal. Hoy tengo un resto de incomodidad en el lugar que tanto me molestaba y algunas tensiones nuevas pero no importantes. De tal forma que, por rarro que parezca, recoger aceitunas me curó la espalda. Propongo que se acuñe mi experiencia como reclamo turístico para las zonas olivareras: aceitunas contra el dolor dorsal.

A eso de la tres y pico habíamos acabado con la recolección y llegó el momento de la comida. Un fueguito para asar unas chuletas y un imponente despliegue de chacina de la matanza de Fernando y Pedro. Tanto tiempo de abstinencia con el control del colesterol se fue al carajo bajo el sol templado de invierno, con el airecito puro envolviéndolo todo. El resultado ya os lo he comentado: un kilo y medio extra, que tardó un día en subir y tardaré varios días en bajar. Parte dl aumento de peso se debió a una tendencia patalógica a untar un pan casero que trajo en, como no podía ser de otra forma, aceite de oliva. Así que ayer trabajé para los kilos del futuro, cuando la almazara nos entregue convertidos en aceite nuestra cosecha de aceituna.

28
Dic
07

El día de la batalla

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Me están esperando, nos están esperando. No son más de cincuenta, pero sé que la batalla va a ser dura e intensa. Nosotros somos pocos, muy pocos diría yo. A última hora, Fermín, mi amigo cuyo enlace encontraréis en el blogroll, ha caído víctima de una gastroenteritis inoportuna. Y encima yo estoy lesionado, con una contractura en la espalda que me tiene dolorido desde hace un par de días. Y no tiene pintas de que vaya a mejorar para el duro bregar que nos espera.

Mi hijo, que es un roble fibroso, está intentando escaquearse el muy puñetero. Y el resto del equipo: mi mujer, mi hermana, su hija, su nieta de dos años y su yerno. Él está fuerte, la verdad, pero teniendo en cuenta que todos ellos viven la República Dominicana y que mañana estaremos a diez grados (frente a los 30 de su hábitat), me temo que juegen en un ambiente climático hostil.

Muchos se retirarían, pero nosotros no. Contamos con refuerzos locales,  Fernando y Pedro, la noche y el día. Fernando no para de hablar y Pedro es el silencio caminante. Trabajan juntos desde hace tiempo, son el complemento perfecto y, sin su ayuda, la derrota estaría asegurada.

Son fuertes, robustos, retorcidos, pero, a pesar de ello, les haremos freente. Hace dos años les ganamos en jornada y media de dura pelea. Pero en esta ocasión no las tengo todas conmigo. El año pasado ellos se batieron en retirada ofreciéndonos unas tablas. Nos ganaréis fácil, dijeron, pero no os merece la pena el esfuerzo. Y nos convencieron.

Pero ya que tenemos  cincuenta olivos, digo yo que habrá que varear y recoger la aceituna. Para los que somos de ciudad el esfuerzo es grande, acaba uno baldado, con agujetas para un par de días, pero merece la pena. Hace dos años cogimos unos mil kilos y el año pasado, por eso de que según me cuentan los olivos son veceros, la producción era muy baja y algún revés meteorológico hizo que nos mereciera la pena. Este año también ha habido alguno y creo que recogeremos muchos menos… pero que mas da. Luego el aceite lo valoras más. Me voy hoy viernes. A la vuelta os contaré cómo ha ido todo. ¡Ay, mi espalda!

27
Dic
07

El peligro acecha en Navidad

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Los periodos más o menos vacacionales, en los que pasamos más tiempo en casa, pueden ser muy peligrosos si no tenemos las ideas claras. Los fines de semana también, pero puede que un poco menos. No me refiero a que al pasar más tiempo en casa las parejas vivan más cerca del límite de la discusión, sino a otro aspecto de la actividad doméstica frente al que hay que tener especial prevención: las auto-chapuzas, algo que ahora han dado en llamar bricolage. Por cierto, ya que sale la palabra, no estaría nada mal que hubiera una directiva europea que prohibiera a las televisiones esos perniciosos programas de bricolage, que son una bomba de relojería para la convivencia familiar.

Yo soy un firme defensor de la división del trabajo. No valemos para todo y por eso uno debe dedicarse a lo que conoce y dejar lo demás a quienes saben de otros temas. Esa absurda tendencia que algunos tienen a intentar ser autosuficientes en determinados terrenos lo único que puede provocar es accidentes y una sociedad menos productiva. A nadie se le ocurre hacer una intervención quirúrgica si no es cirujano, ni dirigir los trabajos de una gran infraestructura si no es ingeniero, pero, en cuanto entramos en el ámbito de la chapuza doméstica, salen miles de voluntarios irresponsables levantando la mano y diciendo “yo lo hago”. Qué error, qué profundo e inmenso error.

Mi sentido de la responsabilidad, unido a mi herencia genética, hace que cuando hay que reparar algo en casa mi primera idea sea la de llamar a un profesional, aunque me cobre veinte euros por el desplazamiento. Digo lo de la herencia genética porque mi padre era muy voluntarioso para eso de hacer chapucillas en casa. Se ponía manos a la obra rápidamente, llevando siempre un martillo además de las herramientas realmente necesarias, y los resultados solían ser un calambrazo, un martillazo en el dedo gordo, un desconchón en la pared y que saltaran los plomos, que entonces eran más complicados de recomponer. Recuerdo especialmente el día que haciendo un agujero en la pared de la cocina de una casita que teníamos en el campo dio de lleno en una tubería (hacía falta puntería, creedme) y empezó a salir un chorro de agua que llegaba más allá de los cuatro metros. Un géiser horizontal espectacular, que inundó la cocina y obligó a contratar posteriormente a un fontanero y un albañil. Eso sí, hecho el desastre, después del enfado inicial, se reía de sus aventuras.

Esa imagen, que sigo teniendo presente a pesar de que yo tenía tan sólo siete primaveras, la reviví años después en mis propias carnes y nunca mejor dicho. Se estropeo un foquito, di rápidamente con el problema, conecté un cable que se había soltado y lo arreglé en un suspiro, pero… al bajar de la escalera golpeé con la muñeca en un destornillador que había dejado en el bolsillo con la punta hacia arriba. Lo hice con tal destreza que impacté justo en una venita del lado interno de la misma y, en ese momento,  reviví la escena de la cocina, sólo que esta vez el chorro no era de agua, sino de sangre, de mi propia sangre. Lo que podía salir de aquella venilla no se lo imaginan, tanto que, al llegar a urgencias absolutamente mareado, dejé de ver en color y pasé a ver en blanco y negro.

Lógicamente, no volveré a jugarme la vida ni por la electricidad, ni por la fontanería, ni por la reparación del mueble que se ha desvencijado. Sólo cuelgo cuadros y porque hago cálculos matemáticos. Así, por lo menos, si me mato que sea por amor al arte y con método científico.

La advertencia queda hecha y recordad que no hay nada en casa que no pueda esperar  a ser reparado un profesional pasadas las fiestas navideñas.

25
Dic
07

Carcajodas en días festivos

Ayer Figuerola y yo nos reunimos para grabar nuestras Carcajodas, pero como son días festivos y con gente de vacaciones, elmundo.es no las ha subido, no sé si por error mío en el envío o simplemente por eso, porque en estos días la prensa también descansa. Sea como fuere, no os queremos dejar sin ellas y por esa razón las subo al blog.

La primera Carcajoda es sobre el Barça-Real Madrid

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Por cierto, quien quieras ver el último hip hop que he hecho con Bernardo Schuster, no tiene más que pulsar aquí.

La segunda sobre la inauguración del AVE a Málaga

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Y la tercera es un discurso del Rey elaborado especialmente para La Carcajoda

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24
Dic
07

Antonio Gasset

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Yo no conocía a Antonio Gasset más allá de algunas de sus intervenciones en Días de Cine. Cuando hacíamos El Informal, alguno de los guionistas del programa tenía una cierta fijación con Antonio, lo que dio lugar a una parodia que hacía Florentino, quien utilizaba una pinza en la nariz para intentar aproximarse a su voz. Creo recordar que, en una ocasión, le mandamos a nuestra compañera Alicia para pedirle perdón por las parodias (era una sección del programa) y que recibió con elegancia la disculpa.

Cuando estábamos preparando con Olga Viza el programa de radio El Tranvía, queríamos hacer una sección de cine y pensamos que Antonio Gasset era la persona ideal, entre otras cosas porque nuestro programa era para RNE y él trabajaba en el grupo. Fui yo quien le hizo la llamada y en ella me argumentó porqué él no debería ser esa persona, pero no sé muy bien porqué acabó diciendo que sí, que se subía a nuestro Tranvía.

Con Antonio he compartido tres años de micrófono y debo decir que creo que los disfrutó mucho, algo que él mismo nos decía con frecuencia. Antonio es, sin lugar a dudas, un tipo complicado, con un humor tremendamente corrosivo, ácido y hasta destructor, pero, si consigues tener con él una cierta complicidad, resulta un magnífico compañero, especialmente con una copita por en medio.

En la radio nos hemos reído mucho, muchísimo. A mi siempre me decía lo a gusto que estaba cuando yo no aparecía por el programa, pero, en realidad, disfrutaba sobremanera cada vez que yo le intentaba pillar en un renuncio, conseguía que hablara bien de un actor que detesta o de una película española que no le acababa de llenar, porque entonces se crecía y aparecía el Gasset más pata negra, que podía acabar diciendo el mayor de los disparates, que en realidad ni era disparate ni llegaba a él sin querer.

Ahora Antonio, ese lujo imprescindible en los medios de nuestros días, se va, como se han ido tantos, en este proceso de descapitalización a marchas forzadas en el que se encuentra la radiotelevisión pública. No he podido hablar con él de los motivos, no sé si el ERE es la causa, si es su deseo, si no, pero sea como fuere me da una gran pena la forma en que se van los grandes profesionales de esa casa, sin hacer ruido, casi a escondidas y por la puerta de atrás. No discuto en modo alguno la necesidad del ERE, pero se han ido muchos que deberían continuar y continúan algunos que seguirán siendo una pesada carga para esa casa.

No estaría nada mal que RTVE se planteara hacer una gala de homenaje a tanto buen profesional que se ha ido. Qué bonito sería que la presentara Gasset, para asegurarnos una gala cañera y ácida lejos del baboseo habitual.


Cuánta razón tienes. En fin Antonio, que sabes que aquí tienes un amigo y, desde este huequito de la blogosfera, te deseo lo mejor. Si algún día tienes mono, me avisas, nos grabamos un podcast y recordamos aquellos días de tranvía y cine.

Como sé que siempre te han gustado las mujeres guapas, le he pedido a Papá Noel que te trajera esta foto con Ángeles Caso. Un besito para ella también.

23
Dic
07

Felicitaciones reales

El Mundo informa de que la Reina Isabel II de Inglaterra va a colgar su mensaje navideño en YouTube. En The Royal Channel podemos ver su primer mensaje televisado allá por 1957. Cincuenta años después la monarquía británica da el salto navideño a internet y el próximo martes utilizará el nuevo canal para felicitar a todo el que quiera conectarse.

En Nochebuena, los españoles tendremos la oportunidad de escuchar al Rey. La verdad es que nunca me ha interesado mucho su mensaje navideño, ni el suyo ni el de los presidentes autonómicos, ni el de ningún otro mandatario. A fuer de ser sincero, este año sólo me pica la curiosidad el que pueda lanzar Sarkozy una vez conocido su affaire con Carla Bruni.

Suelen ser más interesantes las fotos navideñas que envía la Familia Real para felicitar las fiestas.

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En 2007 los Reyes aparecen con sus nietos y, después de la polémica de los últimos años, parece que por fin han coordinado agendas y no han tenido que recurrir a montajes fotográficos como los que tanto han dado que hablar. Al menos eso han dicho desde la Casa Real.

Parece ser que la felicitación, no sé si porque la envió la Casa Real, por iniciativa de Aznar, por un desliz de Moratinos o simplemente porque sí, acabó llegando a Venezuela y más concretamente al líder de la República bolivariana Hugo Chávez. Como es lógico, don Hugo no podía permanecer impasible ante la llegada de esta postal navideña del señor Rey y se puso manos a la obra con sus asesores. El blog del Capi ha tenido acceso a la felicitación chavista, un claro ejemplo de la forma de ver la vida de Chávez, quien sabe que no puede confiar más que en sí mismo y que al mundo le iría mucho mejor si lo gobernara él solito o, acaso, algunos clones chavianos. Esta es nuestra exclusiva.

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21
Dic
07

El calentón del hielo

Después del proceso de “canonización” que hemos vivido todos en los últimos días y una vez nos hemos cercionado de que somos unos santos que aguantamos los cánones que nos echen encima, para enfriar el ambiente después del calentón vuelvo a mis añorados paisajes del hielo. Hace ahora un mes, en El calor del hielo, os comenté algunas de las sensaciones que he vivido contemplando los glaciares. En algún comentario, se mencionó la belleza de algunos de los otros glaciares que se pueden visitar, además del Perito Moreno, en el Parque Nacional Los Glaciares.

El Perito Moreno ofrece una oportunidad única: observarlo desde unas pasarelas situadas enfrente del mismo a escasos trescientos metros, lo que permite una contemplación serena, sosegada, larga… el Perito Moreno se puede disfrutar con un tempo delicioso, con el tiempo parado, la mirada sosegada y con espacio para aposentar las sensaciones.

Hoy os traigo otro glaciar, el Spegazzini. Al glaciar Spegazzini se aproxima uno tras una navegación entre témpanos por el brazo norte del Lago Argentino (dejo para otro día los témpanos que merecen también un capítulo especial). En el camino vas disfrutando de esas inmensas porciones de hielo a la deriva, que compiten en la belleza de sus formas y en los distintos matices del azul que nos regalan a la vista. A lo lejos habremos divisado el gigantón del glaciar Upsala, al que no pudimos aproximarnos porque su guardia pretoriana de témpanos hacía imposible la navegación hacia él. Luego, después de seguir navegando y de contemplar algunos glaciares en retroceso, cuya lengua ya no llega al lago, de repente te enfrentas al magno espectáculo del Spegazzini.

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La primera impresión es fuerte. Se trata de un frente no demasiado ancho, con la mancha parda que crea su morrena central como consecuencia de la unión de dos lenguas distintas que confluyen. Pero lo que impresiona es la altura de esas paredes. Ese frente de hielo que veis en la fotografía llega a alcanzar más de 100 metros de altura. Cuando el barco se aproxima un poco más y cambia un poco el ángulo de visión descubres una cascada hielo fascinante, un dramático descenso helado en busca del lago, un brutal impacto visual.

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El corazón altera su ritmo, la respiración se acelera y la excitación que te produce esa mejestuosa caída del hielo te permite remontarte por encima del frío intenso de esa mañana nublada. Vas pasando de la impresión de la altura de la pared al dramatismo del descenso vertiginoso del hielo, intentando dejar para siempre esas imágenes en tu recuerdo.

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Y vuelve a moverse la embarcación y descubres nuevas perspectivas… y el azul, siempre ese azul impregnándolo todo, más uniforme ahora que las nubes no dejan pasar los rayos del sol, pero no por uniforme menos fascinante. Y el contraste entre el hielo y la tierra a la que se agarra, a la que también desgarra en su lucha constante por buscar una salida.

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Así recuerdo el glaciar Spregazzini. Una experiencia de intensidad fuerte, de vivencias rápidas, de aprehensión a contrarreloj. El polo opuesto al disfrute del Perito Moreno, un aquí te pillo aquí te mato glaciar, el calentón del hielo.

Por conservar todo esto sí que deberíamos pagar mil canons.




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