14
Dic
07

Los hinchas

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Se acerca ya el clásico Barça-Madrid y esa es una de las citas que más nos pone a los que nos gusta el fútbol sobre todo si, como yo, eres de uno de esos equipos. ¿Alguien duda de qué equipo soy yo?

Ser hincha de un equipo de fútbol es un acto irracional absolutamente necesario para mantener la cordura. No hay lógica que soporte la decisión de identificarse con uno u otro club de fútbol, más allá de ser de una determinada ciudad o de la influencia familiar. En mi caso, lo de la ciudad desde luego no fue el elemento determinante.

La pasión por el fútbol es muy especial. A lo largo de nuestra vida, variamos la orientación de nuestro voto, trabajamos en distintas empresas, decidimos cambiar de casa y hasta de pareja. Sin embargo, nos mantenemos fieles al club de nuestros amores por muchos disgustos que nos acabe dando. Mis amigos del Atlético de Madrid (qué lujo de temporada estáis teniendo, amigos) son un claro ejemplo de ello.

Existen muy pocos terrenos en la vida en los que seamos capaces de dar vía libre a la pasión. Nuestra vida se apoya en múltiples pequeñas renuncias, sobre las que acabamos construyendo nuestra felicidad, con justificaciones a posteriori que intentan convencernos de que somos lo que hemos decidido ser. La razón nos conduce en cierto modo a la resignación y en ella somos capaces de acomodarnos.

Para que ese entramado funcione, para que no acabe pesándonos como una losa, necesitamos terrenos para dar rienda suelta a la pasión, a la irracionalidad, a comportarnos de tal forma que nos extrañemos de cómo somos si nos vemos reflejados en el espejo. El amor es uno de ellos y, por estúpido que parezca, el del fútbol es otro. El fútbol nos permite dar rienda suelta al lado irracional de nuestra personalidad, al de las emociones más primarias y eso nos facilita después mantener un cierto equilibrio, con una ventaja añadida: compromete muy poco de nosotros mismos.

Aunque esa necesidad es común a todos los hinchas, sin embargo podemos encontrarnos con tipologías muy variadas. A continuación, describiré distintos tipos de forofos con los que me he encontrado en los campos de fútbol. No es una lista cerrada y, con vuestra colaboració, seguramente la podremos ampliar. Se trata, por tanto, de un primer apunte para ir desarrollándolo.

Uno de ellos es el hincha a la contra. Es el típico personaje que hace todo lo que está en su mano para intimidar al equipo contrario. Insultará, tirará cosas al campo, explotará la menor debilidad de un jugador contrario, proferirá cánticos cuyo único ánimo es el de descentrar, poner nervioso, y, a ser posible, desquiciar al enemigo.

Existen también los hinchas sufridores. Son los que siempre creen que su equipo está en peligro, que cuando gana cuatro a cero piensan en la remontada del contrario, que no miran como se lanza el penalti por si lo fallan. Sólo se siente liberado ante la certidumbre que supone que el árbitro pite el final con ventaja de su club. Al minuto siguiente pensará que este año no van a ganar la liga.

Hay también hinchas contra el orden establecido, contra la jerarquía. Estos sólo se centran en el árbitro, a quien ponen a parir preventivamente antes de que empiece el partido convencidos de que hasta ese primer insulto se lo merece. En efecto, es tal su fijación con el del pito, que se cabrean hasta cuando favorece a su equipo. “¿Veis? Si ya os decía yo que este no tiene ni pu… idea”

Luego está el hincha que sólo de escucharle te los hincha. Hay pocos, pero insufribles. Se trata de uno que parece ser de tu equipo, de hecho has comprobado que tiene carnet de socio y que coincide con el de la foto, pero que se pasa el partido poniendo a parir a sus jugadores, al entrenador, al presidente y hasta al utillero. Acumula tal especie de resentimiento, que, a veces, le molesta hasta que marque un gol su equipo.

El resto de hinchas comparten su pasión, disfrutan y sufren colectivamente sabiendo que tanto las alegrías como los  penas son efímeras , y que, a la semana siguiente, tenemos otra cita con ese par de horas en las que sólo nos importa el fútbol. ¡Qué paz!


9 Responses to “Los hinchas”


  1. 1 Banyú
    Viernes, 14 diciembre, 2007 en 1:33 pm

    Buen análisis. Me has recordado un post que escribí el día que mi equipo, el Sevilla, se iba a enfrentar al Middlesbrough en la final de la UEFA de 2006. Ese día, antes de que se abriera la Puerta de la Gloria para nosotros, escribí esto:

    “(…) el fútbol no es sólo un deporte. Para la gente que no lo entienda: lo siento. Sólo puedo decir eso. Y me explico… Hay una parte irracional en cada uno de nosotros. Algo que no entiende de razones, ni de motivos para obrar de uno u otro modo. Hay una parte de nosotros que, simplemente, se conforma con dar sin esperar nada a cambio. No hace cuentas, no calcula, no mide ni pesa. Sólo da. Y siente, vaya que si siente. Cuando es para bien, la felicidad estalla y no sabes ni cómo explicar cómo de algo tan “absurdo” puede emanar tanta felicidad. Cuando es para mal, te puede destrozar. Y ahí es cuando viene el “sólo es un juego”, etc… perfectamente comprensibles, por otra parte. Pero cobardes. Cuando las cosas van bien, abres las defensas y a disfrutar y a saborear al máximo. Cuando van mal, te proteges. Eso, con el fútbol, con la religión, con los amigos, con la familia, con tu pareja… no seáis lacras. Esta vida hay que vivirla al máximo. No os protejáis. Sentid todo al máximo. No seáis cobardes. Seréis los más felices del mundo, y los más tristes. De eso se trata. Los otros… los otros son los miserables.”

    El post completo (un poco ladrillo para los no sevillistas):

    http://banyuken.wordpress.com/2006/05/10/hoy-me-acuerdo/

    Saludos.

  2. Viernes, 14 diciembre, 2007 en 1:41 pm

    Yo creo que todos buscamos un vía de escape para nuestras pasiones, en España la mas extendida es el fútbol, pero otros nos desfogamos con otros deportes o con otras pasiones. Creo que no nos viene mal ir a un estadio a desfogarnos y así no hacerlo en otros ámbitos.

  3. 3 Trini
    Viernes, 14 diciembre, 2007 en 2:45 pm

    Anecdotario personal-familiar: Yo conozco dos tipos peculiares, de la misma quinta (aún no han salido de la infancia, aunque les va quedando poco): uno, barcelonés de generaciones, es madridista porque le da una lástima enormísima de que nadie (de los que él trata, claro, pero para él eso es el mundo) sea de ese pobre equipo; el otro lo es porque no le quedaba otro remedio, visto el carácter y los ancestros que tiene y la tierra de tercos que le vio nacer: por llevarle la contraria al resto de su familia. A mayores, podría hablarle de dos consuegros culés, capaces de discutir hasta el hartazgo… después de un Barcelona-Madrid ganado por el primero.

  4. Viernes, 14 diciembre, 2007 en 6:51 pm

    Capi, me ha dado un pálpito.

    Creo que te hubiese gustado mucho ser una estrella del futbol profesional.

    A mí, al menos, si. No ya por el dinero y la fama, que también. No es tu caso, afortunadamente para ti.

    He jugado toda mi vida de aficionado y no me ha importado dedicarle tiempo y dinero.

    Así que si hubiese llegado a ser profesional me ocurriría aquello que dicen del poquer ; Jugar me chifla. Si además gano,entonces ya es la repera.

    Saludos.

  5. 5 José Ramón
    Viernes, 14 diciembre, 2007 en 8:43 pm

    Qué raro: Tenemos nuestros problemas y agobios, y de pronto todo se suspende porque juegan unos chicos jóvenes, que son los que se lo pasan bien y los que ganan dinero. Por un par de horas ya no tenemos aquellos problemas ni aquellos agobios, porque nos entregamos a esos chicos, a su partido de fútbol.
    Nuestro equipo gana y somos felices, o pierde y somos desgraciados.
    Al cabo de un rato vuelven nuestros problemas y agobios. Aquí no ha pasado nada.

  6. Viernes, 14 diciembre, 2007 en 9:02 pm

    Yo soy aficionado del tipo “Va a fallar el penalti, lo va a fallar, lo va a fallar… ¿¡lo ves!? lo ha fallado” y mi padre es del tipo “Por tu culpa, cenizo!!!” 😉

  7. Viernes, 14 diciembre, 2007 en 10:04 pm

    Yo, como Banyú -precioso post el tuyo-, también soy sevillista y lo que llevamos vivido estos dos últimos años es algo inenarrable. Capi, estoy de acuerdo contigo es que por mucho que los equipos se conviertan en sociedades anónimas y funcionen como empresas, nosotros, los aficionados, hablamos de sentimientos, de amores a unos colores que nunca cambiamos por muy malos momentos que se pasen -y eso que tú nunca has olido la 2ª división-. Los que sí hemos vivido esos momentos y otros igual de malos disfrutamos el doble la consecución de algún título, algo que mi equipo sevillista ha conseguido en 5 ocasiones en sólo 15 meses desde el 10 de mayo de 2006.
    Muy bien descritos los distintos tipos de hinchas. Yo desde luego me encuadro en el último grupo: “El resto de hinchas comparten su pasión, disfrutan y sufren colectivamente sabiendo que tanto las alegrías como los penas son efímeras, y que, a la semana siguiente, tenemos otra cita con ese par de horas en las que sólo nos importa el fútbol. ¡Qué paz!
    ¿Y vosotros?

  8. 8 syncho
    Sábado, 15 diciembre, 2007 en 7:26 am

    Esto del deporte, en mi caso también el fútbol, es un asunto interesantísimo y que muy pocas veces me he puesto a pensar, sobre todo, tras leer en el post, sobre el cambio de novia o trabajo, pero no de cambio de equipo. Curioso e interesante a la vez. Yo creo que esto no tiene explicación lógica, más allá de que hayas nacido en una tierra y dicho equipo lo represente. Pero entonces pongo mi caso, cómo es posible que yo siendo del Málaga hasta la médula, me apasione también el R. Madrid hasta niveles inusitados? La respuesta radica en qué? En una educación desde pequeñito en la práctica del deporte mayoritario? En la transmisión de esa pasión ya latente en nuestros tutores? Qué hace de que tantas personas hablen el lunes en el bar y comenten todo lo sucedido el domingo? O que se peleen? O que se formen las grescas malolientes de Italia, por poner un ejemplo?

    De lo que no tengo la más mínima duda, es que algo tiene, una chispa, y eso lo hace tremendamente peculiar y/o especial.

  9. 9 Sita K
    Sábado, 15 diciembre, 2007 en 12:01 pm

    Me ha encantado esta reflexión, y me ha hecho mucha gracia el comentario de Jose, ¡qué divertido ver un partido contigo y con tu padre!.
    Creo que existe otro tipo de forofo, o mi caso forofa, la que antes de tener novio era del Madrid sólo en los Madrid-Barsa y después de casarse no puede pasar una sola jornada sin ver a su Madrid del alma, he de reconocer que los Zidanes, Vaan Nistelroys, Raules y Béckanes (por ese orden) influyen mucho en el placer de ver fútbol.
    Y Capi, sí hay algo por lo que se cambia de equipo: por amor. Una gran amiga mia, en época de Facultad era la mayor hincha del Madrid (no quiero decir con esto que entonces tuviera las facultades mentales intactas y ahora no), durante los partidos se metamorfoseaba en camionero; pues bien, se casó con un chico del Betis y ahora no puede ni ver a esos “chulos” del Madrid.


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