Archivo para 29 febrero 2008

29
Feb
08

Calladitos están más monos

Uno de los pequeños dramas de nuestra democracia es el papel que juegan nuestros dos últimos presidentes una vez abandonado el gobierno. Ninguno de los dos ha sabido digerir la forma en que salieron del mismo, creen ser víctimas de una injusticia en la valoración de sus personas y eso hace que pasen los años pero sigan supurando por esa herida.

Los dos ex presidentes, Felipe González y José María Aznar, comparten síndrome y con su incapacidad para vencerlo le hacen un triste favor al país. A mi no me cabe duda de que sus períodos de gobierno fueron importantes para el desarrollo de España. El salto que ha dado nuestro país en las dos últimas décadas es indudable y en eso tuvieron su cuota positiva de responsabilidad. Los dos, asimismo, tuvieron el tremendo error de no saber salir del gobierno. Felipe González manchó sus años de gestión con su falta de decisión para hacer frente a la corrupción que empezó a aflorar en los últimos años de su gobierno y con su incapacidad para entender el mensaje que los ciudadanos le enviaron en las elecciones del 93 (a las que tal vez no debería haberse presentado), por mucho que él dijera haberlo entendido. Aznar, por su parte, que podría haber tenido una salida más que digna con la limitación a ocho años de su mandato (y dejando a su partido en el gobierno, como él creía), pero se enfangó de una manera lastimosa, primero desoyendo también a la ciudadanía en lo relativo a la guerra de Irak y luego con una gestión penosa del shock del atentado del 11-M. Los dos pudieron pasar a la historia como dos estadistas que habían contribuido a que España diera un gran salto en la historia en tan sólo unos pocos años, pero por sus respectivas torpezas, por su alejamiento del terreno que pisan los ciudadanos de a pie, uno acabó siendo el presidente de la corrupción y otro el de la mentira. ¿Injusto? Puede que sí, pero merecido también.

El problema de esas marchas a trompicones es el mal sabor de boca que les ha dejado a ambos, lo que hace que nuestros ex presidentes, lejos de ser unas figuras con una autoridad moral indiscutible que pudieran aportar cordura en el debate político, se conviertan en unos personajes que destilan un poso de amargura que hace aflorar lo peor de ambos en sus intervenciones públicas.La intervención de Felipe González ayer en Málaga es un triste ejemplo de cómo perder la compostura alguien que debería ser un referente en la vida española. Aznar, por su parte, sigue erre que erre, con un gesto que hasta da miedo verle y con el monotema del terrorismo.

Para entrar así en campaña, sinceramente, mejor que se queden en casa. Que ya tenemos bastante con aguantar la campañita que llevamos como para soportar sus lindezas.

P.D. Siento actualizar poco en los últimos días, pero es que estoy metido en un nuevo proyecto que me está quitando bastante tiempo, pero que espero compartir con vosotros dentro de muy poco. Ya os contaré.

26
Feb
08

El primer debate Zapatero-Rajoy

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Quiero escribir mis primeras impresiones sobre el debate nada más terminado, sin escuchar a nadie para no estar condicionado. La primera conclusión es que no ha habido nada en él que me haya sorprendido. El principio aplicado por  Rajoy ha sido este: la crítica demoledora de todo lo que ha hecho Zapatero. Si la cosas han ido bien fue por la inercia de la herencia que le dejó el PP, todo ha ido empeorando, nosotros lo hicimos mejor, usted no ha hecho nada para atajar determinados problemas, encima ha creado otros que no existían y además nos ha mentido.

La tesis defendida por Zapatero también era de imaginar: ustedes lo hicieron muy mal mientras gobernaron, nosotros hemos tenido grandes logros en lo económico, lo social, hemos mejorado España y eso a pesar de su feroz oposición contra este gobierno. Han sido inmorales en su actitud, yo no he mentido y ustedes no pueden acusarme de hacerlo porque ustedes sí que mintieron.

Pues eso, lo esperado. Lo segundo ha sido la constatación de que los mismos números se pueden presentar de forma bien distinta. Así mientras Rajoy habla del paro en términos absolutos, Zapatero lo hace en tasa de paro. Los dos números son ciertos pero llevan a balances bien distintos. Rajoy insiste en que la economía va muy mal, y es verdad que ha empeorado mucho en los últimos meses, pero se olvida ha ido más que razonablemente bien en el global de la legislatura. Y Zapatero convierte en bajada del precio de la vivienda lo que es simplemente una disminución el ritmo de incremento de los precios, pero una subida muy importante para el conjunto de los cuatro años. Misma realidad, distinto foco, y lo de siempre: el color del cristal con que se mira.

No cabe duda de que Rajoy parte con un déficit inicial: es mucho menos telegénico. En eso la naturaleza le concedió una cierta venta al actual Presidente. Ha resultado en algún momento inquietante la tendencia de Rajoy a mirar hacia su lado izquierdo, lo que quiero creer que es una especie de tic. Zapatero no lo ha tenido y sólo el gesto extraño que adopta a veces en su boca rompe con una imagen más televisiva que la de Rajoy. Muy pocos errores de dicción y sólo uno un poco más notorio si lo he escuchado bien: Zapatero ha hablado de ampliar la gratuidad de la enseñanza a los niños de 0 a 3%, cuando lo que quería decir era de 0 a 3 años. El ajuste a los tiempos denota un notable trabajo previo e ilustra la inexistencia del debate. Zapatero ha interrumpido con más frecuencia que Rajoy. ¿Táctica deliberada?

El principio de al enemigo ni agua se ha aplicado en su grado más extremo. No se han reconocido mutuamente ni un solo acierto y se han dedicado durísimas acusaciones. No se caen muy bien. Asimismo, en realidad no se han contestado ni una sola pregunta. El debate ha tenido poco de tal. Más bien ha sido una retahíla continua de mensajes previamente trabajados que se han repetido hasta la saciedad. Creo que ningún argumento que no hayamos oído en los días previos a la campaña. Rajoy ha jugado a interpretar las inquietudes del hombre de la calle y Zapatero, en ocasiones, ha intentado el manejo de los sentimientos hacia determinados colectivos para que Rajoy pareciera un poco desalmado.

El mensaje final de Rajoy ha buscado un lenguaje más cercano, pero para mí ha quedado bastante naïf lo de la niña que nace en España. El de Zapatero me ha parecido antiguo con la constante reiteración del “yo les pedí el voto para…y…”, parecía el puedo prometer y prometo de hace casi treinta años.

Sólo me ha sorprendido una cosa: el final de Zapatero. Que el Presidente del Gobierno y candidato a volver a serlo se despida diciendo “buenas noches y buena suerte” me ha acojonado un poco. Se supone que si le elegimos no es para depender de la suerte. Vamos, digo yo.

Resultado: para los que tienen decido votar al PSOE, ha ganado Zapatero. Para los que tienen decidido votar al PP, ha ganado Rajoy. Para los indecisos: otra semana de dudas. Para los de otros partidos, qué más da, si parece que no existen.

25
Feb
08

Una entrevista

La gente del blog de plus.es me manda la entrevista que me hicieron en eventoblog. Como hablamos de algún tema relativo a la participación política, puede que sea oportuna. Aquí os la dejo para quienes me quieran soportar un poquito.

22
Feb
08

A por ellos

En más de una ocasión he expresado en este blog mi impresión de que los conductores más temerarios no son necesariamente los que exceden los límites de velocidad en algunos de los tramos controlados por la DGT, sino otros muchos que siguen poniendo en peligro con total impunidad la vida de otros sin que se les haya caído un punto del carnet. Digo esto porque todos sabemos de radares instalados en largas rectas donde circular a 140 no su puede decir que sea temerario, pero como controlar la velocidad es fácil, ese el recurso habitual de nuestras autoridades para decir que controlan la seguridad en nuestras carreteras. La falta de esos elementos en muchos de los puntos negros de nuestras carreteras ha sido denunciada en muchas ocasiones por las asociaciones de automovilistas. Está bien que se controle la velocidad, pero que se haga con un auténtico afán de contribuir a la seguridad y no de recaudar de forma sencilla.

Lo que es evidente es que conductas muy reprobables que todos vemos cuando circulamos por nuestras carreteras escapan al control de las autoridades de tráfico. Siempre he pensado que si la voluntad de perseguir a los conductores temerarios fue un compromiso serio, hace tiempo que la Guardia Civil de Tráfico tendría que haber desarrollado nuevos métodos para perseguirles, cazarles y sacionarles para tranquilidad del resto. Que es posible es evidente, lo que sucede es que generaría mucho más trabajo sin engrosar fácilmente las arcas de la recaudación.

Un ejemplo de que es posible me llegó ayer a través de meneame, que remitía al diariomotor.com. La noticia tiene que ver con un camionero que graba escenas de la carretera y luego las cuelga en youtube. Os aseguro que algunas de ellas son escalofriantes y os traigo un par de muestras.

Si Javier, que es como se llama este camionero, puede hacerlo, ¿no podría hacerlo la Guardia Civil? ¿No son los comportamientos de estos conductores como para quitarles el carnet e iniciar procedimientos legales contra ellos? En algunos casos, en los que las maniobras pueden ser legales (se adelanta en lugar autorizado, por ejemplo) a la vez que temerarias, no sé cómo son contempladas en la legislación, pero sería bueno que existiera base legal para poder perseguirlas. En fin, que tome nota el Director General de Tráfico. Si actúa en esa dirección, creo que nos hará a todos un enorme favor.

18
Feb
08

Los exhibicionistas del amor

Siempre me han parecido unos memos, por mucho que haya quienes defiendan este tipo de ceremoniales como maravillosas escenas de romanticismo. Me refiero a esa gente que necesita demostrar su amor de de una forma espectacular, con cuantos más testigos mejor, como si exponer públicamente los afectos los hiciera más fuertes. Para mi es todo lo contrario, una escenificación actuada, una representación de un papel y, sobre todo, una forma de presionar a la otra persona para que actúe como ellos desean. Si he llegado hasta este extremo, cómo se van a negar, cómo me van a decir que no.

Todo este rollo viene a cuento de una noticia que he visto en meneame. Se trata de una de esas espectaculares puestas en escena en la que un bobo de diseño decide pedirle la mano a una chica en mitad de un partido de la NBA. Así, con miles de testigos, para que quede constancia… de lo idiota que soy. Veamos las imágenes

El tipo arrodilaldo en mitad de la cancha y la chica superada por las circunstancias de la puesta en evidencia a que le está sometiendo no sólo en ese estadio, sino frente a los millones de personas que seguramente estarán viendo el partido. Uno de los comentaristas se imagina en esa situación “eso es bajo presión, ¿eh?” y especula con la posibilidad de que la chica diga que no, pero el otro le corta diciendo “pero tiene que decir que sí” y creo que añade que podría decirle que no al salir de la cancha. “Me parece que le dice no puedo hacerlo ahora”… ella se va y se escucha un clamor del público ante la mirada atónita de la mascota de los Rockets que ya se veía como padrino/madrina de la boda. Y el comentarista añade “oye, yo sólo estaba bromeando”. El bobo de él se va apesadumbrado, micrófono en mano, no le sirve ni el consuelo de la mascota… risitas entre los jugadores. Luego le cambian el micro por una cerveza (bebe para olvidar lo gil que eres, chaval) y las animadoras le saludan con sus pompones después de este bochorno público del que hemos tenido noticia ya en todo el mundo gracias a la red. Se ha lucido el pavo.

Yo me alegro. Siempre me han irritado este tipo de conductas: los que se declaran en un talk show o van pidiendo una segunda oportunidad a esos programas o los que para decirle a su chica/chico que quieren compartir su vida no son capaces de hacerlo en un entorno íntimo sin más ruido que el latir de sus corazones. A mi me ha dado pena ella, tener que pasar por ese trago… Él no me da ninguna pena. No me gustan estos exhibicionistas del amor.

16
Feb
08

¿No se pueden presentar otros?

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El uno se va volviendo más gris poco a poco y al otro se la va yendo el maquillaje con el paso del tiempo. Uno se llama Mariano y el otro José Luis. Y uno de los dos será el próximo presidente del gobierno. Qué poco me gusta ese panorama.

Hoy casi nos parece un alienígena aquel Mariano Rajoy que se manejaba con el sentido del humor, que a veces era ocurrente, que destilaba sorna gallega  y que se expresaba con mesura y con prudencia. El Vicepresidente que se comía todos los marrones era una persona que inspiraba más confianza que este aspirante a presidente de gesto tenso, hablar atropellado y aspecto de estar interpretando a contramarcha un papel escrito para uno que no es él. Alguien debió decirle que, para ganar las elecciones, hay que presentarse así ante los electores. Puede que enganche a algunos, pero a mi me gusta menos que el Rajoy de hace unos años, tal vez porque  no pertenezca al perfil del votante que buscan. Igual le cambió la derrota, igual le erosionaron sus capas de protección galaica los roces con el aparato del partido. No sé, pero da la impresión de que es un rescoldo permanente que se aviva fugazmente a base de aire de fuelle: el contrato con los inmigrantes, la ley del menor… Parece un mal actor en suplencia de urgencia y ojo, que esta es casi la mejor interpretación.

El otro entró en la política española desde la puerta de atrás. Aquel perfecto desconocido de ojos traslúcidos pasó a ser Secretario General del PSOE de la noche a la mañana y de ahí a presidente del gobierno de jueves a lunes. El gesto sereno, la cara de parecer que escucho, el manejo de la sonrisa y la prédica del talante y el respeto… Pero poco a poco se le va el maquillaje. Se le fue casi todo cuando, con la mayor tranquilidad del mundo, como si refundara  la ética política, le confesó al director del Mundo que nos había mentido tras el atentado de la T-4 cuando, una y otra vez, negaba contactos con los terroristas. Lo peor es que desde su partido les llamaban de todo a quienes lo insinuaban, tal vez porque no lo supieran y porque creían en la sinceridad del líder, y ojo, que esta es nuevamente la mejor interpretación. “La gente lo comprenderá, cómo no lo van a comprender” ha llegado a decir ZP en alguna ocasión.

Yo no lo comprendo, como no olvido el engaño miope con el que quiso manejar el gobierno de Aznar los días posteriores al 11-M. “Que les engañé unos meses, pero da igual, que soy el presidente y sé lo que tengo que hacer”.

También fue muy revelador el final de su entrevista con Gabilondo, con ese “nos conviene la tensión” y ese “empezar a dramatizar un poco, pero nos conviene mucho, si no la gente”… Así habla de nosotros, como de esa manada de bobos necesitados de carnaza para movilizarnos. Pero, para mi, lo más revelador es cómo Zapatero pasa de Iñaki en esa conversación, cómo en el fondo, cumplido el objetivo de la entrevista, pasa de él, algo que demuestra el hecho de que se fuera sin ni tan siquiera acabar la frase, en una huída en puntos suspensivos. “Para qué escuchar, si yo ya sé… este Iñaki”… y puntos suspensivos en la huida.

Así está para mi el panorama.

14
Feb
08

Jorge Alberto

(HOY SIN FOTO, PARA NO OFENDER)

Desde hace muchos años, hago a un personaje llamado Jorge Alberto, un mega-rico, mega-pijo insoportable, con teorías de lo más mezquinas sobre la vida y la sociedad. Con la típica forma de hablar de un pijo de antes, Jorge Alberto me ha acompañado en la radio, en eventos de empresas, etc., siempre con su concepción del mundo: ricos vs. pobres. Lo menciono porque el otro día el Duende de la Radio insistía en que debía incorporar al presonaje a un nuevo proyecto en el que andamos trabajando, pero me da un poco de pereza tener que dedicar parte de mi tiempo a desarrollar argumentos tan vergonzantes como este que os ofrezco como ejemplo:

“La envidia, ese sufrimiento que le produce a algunas personas lo que otros tienen o disfrutan, es algo verdaderamente mezquino. Se trata de un sentimiento típico de la clase media, de esa gente que, comparada con los verdaderamente ricos, no son más que unos pobres engañados por los gobiernos,  que les han convencido de que en lugar de pobres son clase media para mitigar cualquier tendencia revolucionaria.

En ese engaño, la gente de clase media cree poder llegar algún día al estatus del rico y eso es lo que abona esa envidia tan mezquina. El pobre sabe que es un sueño, una quimera; el de clase media cree en su ignorancia que puede llegar a ello.

Pero, además, ¿qué envidian de los ricos? ¿El dinero, los bienes materiales? Hay que ser corto de miras y tener ganas de complicarse la vida para sentir envidia de nosotros, porque, para los ricos, la vida es un proyecto lleno de dificultades que ellos nunca se va a encontrar.

La gente de clase media tiene la fortuna de enfrentarse con limitaciones a lo hora de tomar cualquier decisión en su vida. Por ejemplo, a la hora de comprar una vivienda, un rico tiene miles de opciones más entre las que elegir. Ellos no, saben que por encima de determinado dinero es inútil buscar, no porque no se atrevan a afrontar más riesgos, sino porque el banco les pone en su lugar.  Deben tener en cuenta aspectos tan tontos como la proximidad del metro, el número de habitaciones, los metros cuadrados, los gastos de comunidad… Nosotros, sin embargo, tenemos que elegir entre todas las opciones posibles, porque todas son viables, porque podemos comprar cualquier cosa en cualquier lugar del mundo. ¡Dios, qué angustia!

Si de lo que se trata es de ir a comer a un restaurante, en primer lugar, los ricos (normalmente conocidos) carecemos de intimidad. Se nos conoce, tenemos que charlar con el maitre, nos sacan aperitivos que igual ni nos apetecen… un incordio, vamos. Por otra parte, los restaurantes a los que nosotros vamos exigen un alto conocimiento de gastronomía. Platos con nombres muy largos, términos franceses, conversaciones con el somelier sobre el vino adecuado. El cocinero suele venir a preguntarnos, con lo que estás obligado a pasar una especie de examen sobre lo que has comido. Por otra parte, nosotros tenemos que comer con educación, ser capaces, por ejemplo,  de comer marisco con esas extrañas herramientas que te dan o pelar los langostinos sin usar los dedos.  ¡Quién pudiera elegir entre tres primeros y tres segundos y entrar y salir sin que nadie se fije en él!

Los coches son otro ejemplo de lo complicada que es nuestra vida. En primer lugar, tenemos que decidir cuál de los coches que tenemos vamos a utilizar, lo que te obliga a empezar el día con ciertos niveles de estrés. En segundo lugar, nuestros coches no son fáciles de manejar como los utilitarios que usa la clase media. Nada más sentarnos empieza el checkcontrol a testar todo el coche (normalmente lo hace en inglés o alemán), tenemos que aprender la usar el ordenador de a bordo, el climatizador, los controles electrónicos de los asientos, el navegador GPS… y, además, tenemos que ser capaces de conducir mucho mejor: un pobre, desde que ve algo raro hasta que llega con su coche tiene 10 segundos para reaccionar; nosotros diez décimas.

¿Y el amor?  Un pobre puede creer en el amor. Sabe que si una persona quiere estar con él es simplemente por eso: por él. Nosotros nunca lo sabremos. Siempre tendremos la duda razonable de si nos quieren por cómo somos o por lo que tenemos, si ligamos una noche por nuestra labia o por los asientos de cuero del deportivo. No podemos creer en el amor y tenemos que limitarnos a creer en sociedades.

Que tenemos las mejores casas, los mejores coches, que viajamos en las mejores condiciones a lugares de ensueño, que ganamos dinero aunque no queramos, que nuestras chicas son atractivas, que nuestros niveles de colesterol están provocados por dietas inimaginables de productos exquisitos… está bien, todo eso es cierto, pero, ¿quién en su sano juicio puede envidiarnos?”

Repugnantillo, ¿no? Pues existen, no con tanta pasta con Jorge Alnberto, pero existen.




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