Archivo para 28 abril 2008

28
Abr
08

Disparates del siglo XXI

Hace unos meses, cuando todavía erais pocos los que os acercabais por este blog, hice referencia al tema de los biocombustibles y las consecuencias sobre las que ya algunos alertaban del uso de esta alternativa energética.

Bajo el argumento de la lucha contra el cambio climático, muchos gobiernos han ido decidiendo la incorporación de biocombustibes en las mezclas que consumen nuestros vehículos, una idea que en principio podría parecer positiva, si no fuera por las consecuencias que al poco tiempo de implantarse está teniendo ya en los mercados mundiales.

En los últimos meses, asistimos entre asombrados e impotentes al espectáculo de unos precios que crecen exponencialmente y que afectan, además, a productos básicos en la alimentación humana. Según la FAO, en el último año el precio de los cereales, especialmente el trigo, ha aumentado un 130%; el del arroz un 74%, el de la soja un 87% y el del maíz un 53%. Estos incrementos tremendos precios son los ejemplos más dramáticos de cómo determinadas decisiones pueden acabar provocando el hambre a millones de seres humanos. Se entiende, por tanto, que en algunos países empiecen de modo incipiente ya algunas revueltas por la sencilla razón de que la gente pasa hambre.

En EE.UU., por ejemplo, el 10% del combustible debe provenir de los biocarburantes, lo que hace un tercio de su cosecha de maíz se utilice para producir bioetanol. Es evidente que la producción de estos biocombustibles ha tirado fuertemente de la demanda de estos productos básicos, lo que unido a prácticas especuladoras en los mercados ha llevado a esta insoportable situación que afecta de forma especialmente dura a los países más pobres.

La ONU intenta ahora esbozar un plan que reconduzca la situación, pero dadas los precedentes habituales de esta organización, mucho se teme uno que, de no implicarse los máximos dirigentes mundiales en la solución del problema, difícilmente cambiará el panorama.

Por si esto fuera poco, y como comentaba en aquel post, algunos científicos dudan también de los efectos beneficiosos de recurrir a los biocombustibles como forma de reducir las emisiones de CO2. Ados profesores de la universidad de Leeds han comparado las toneladas de CO2 que se emitirían a la atmósfera durante 30 años en el proceso de la transformación en etanol o biodiesel del maíz, la caña de azúcar o la remolacha, con las que se emitirían transformado tierras de labor en bosques durante el mismo periodo de tiempo y han concluido que la reforestación de un área equivalente de terreno es capaz de absorber de dos a nueve veces más dióxido de carbono, que las emisiones que se evitarían si esa área se dedicara a producir biocombustibles durante esas tres décadas. Si estos datos son ciertos, estaríamos ante uno de los colmos de la estupidez humana.

Lo que es evidente es que esta estrategia (que hoy más parece una acción destinada a reducir la dependencia del petróleo que a disminuir las emisiones) necesita de un replanteamiento a fondo, porque como ha dicho el relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler, “Hay que frenar el cambio climático, pero sin matar de hambre a la gente”.

24
Abr
08

Debatiendo sobre el canon

Ayer estuve en el debate de Canal Sur Mejor lo Hablamos, presentado por Mariló Montero, en el que nos dedicamos a hablar sobre el canon digital. Dos mesas, una frente a la otra, cuatro a a cada lado. En la que o estaba nos encontrábamos los que no estamos de acuerdo con la implantación del canon digital al tiempo que pensamos que el el autor tiene derecho a ser retribuido por su trabajo, como no puede ser de otra forma. Enfrente, se encontraban quienes defienden el canon, aunque es verdad que no todos los hacían con la misma intensidad. Cabe destacar a Manuel Pimentel, a quien le tengo un enorme respeto a pesar de que en este tema discrepamos. Manuel fue quien más intentó argumentar desde la mesa de enfrente, pero mi impresión es que le faltaba cierto convencimiento en lo que decía. Eva Orúe, periodista, aportó sus argumentos con tranquilidad y los razonó, aunque en general me parecieron un tanto retóricos y no muy sólidos. La mesa procanon la completaban Pilar Távora, quien entre otras cosas dirigió la película Yerma, y el autor musical Antonio Martínez Ares. Bajo mi punto de vista, los argumentos que expusieron ambos dejaron mucho que desear y tuve siempre la impresión de que cualquier reflexión nuestra la tomaban casi como un ataque personal, cuando lo único que hacíamos era aportar argumentos al debate.

A mi me acompañaban Ofelia Tejerina, en representación de la Asociación de internautas, David Bravo, perfecto conocedor de este tema y Anuschka, DJ que entiende que el negocio musical debe replantearse sobre unas bases distintas de las actuales. Con respecto a Ofelia, me sorprendió un tanto su postura con respecto a las descargas, a las que les llamó ilicito civil. David aportó, como es habitual en él -lo digo por lo que le he leído y por algunos videos que he visto de charlas suyas-, muchos argumentos al debate. Curiosamente, sus intervenciones alteraron sobremanera a Pilar y, sobre todo, a Antonio Martínez Ares, que en en agún momento llegó a perder los papeles.

Desde el lado de los creadores, pudimos escuchar frases un tanto sorprendente, como que les negamos 2 euros al mes para pagarles su trabajo, que quien no tenga dinero se aguante y no acceda a la música, o que la difusión de la cultura que supone internet es algo malo (porque no cobran por ello). En un momento dado hubo que decirles si les parecía mal que sus creaciones llegaran a la gente, porque esa era la impresión que daban esos que luego dicen que ellos se alimentan del aplauso del público.

Yo aporté argumentos que en ningún momento me fueron discutidos (e imagino que alguien con datos y preparación podría haberlo hecho). Dije que no se puede presuponer que las bajadas de internet sustituyen directamente a las ventas, porque creo sinceramente que muchas bajadas las hace gente que nunca se hubiera comprado un disco. Dije que me sorprende que un gobierno instaure un canon que favorece a un grupo muy determinado de personas y que gestiona una entidad privada sin ninguna transparencia, que si hay que subvencionar la cultura lo hagamos con impuestos y, esto no me dio tiempo a decirlo, que los presupuestos generales del estado detallen a quién va ese dinero. Que es lo que, por otra parte, deberían hacer con el canon. Tampoco pude hablar de la doble vía de financiación pública que pretenden. Pilar Távora, allí presente, hizo Yerma con subvenciones públicas. Pues bien, ingresa vía subvención, vía derechos, vía canon y esta por demostrar que haya sufrido las bajadas de internet con esa película (¿alguien se la habrá bajado?). La verdad es que ese es un panorama fantástico.

No negamos ni su derecho a ganarse la vida (y muy bien si es posible), no negamos que la tecnología haya hecho mella en sus ingresos (aunque la SGAE dijo ayer que en 2007 repartió entre ss socios un 14% más que en 2003), simplemente les decimos que los tiempos, las tecnología y los mercados cambian y que, en lugar de librar una guerra de trincheras contra el resto de la sociedad, lo que tienen es que trabajar en propuestas y modelos de negocio nuevos para su actividad. Les explicamos que internet les ofrece una oportunidad única: llegar directamente a quien “consume” sus creaciones, saltándose cadenas de distribución que añaden coste para el consumidor y no aportan remuneración para el autor. Pero para aprovechar las nuevas posibilidades hay que pensar, trabajar, probar… es más fácil que un gobierno me instaure un canon.

En fin, que no os aburro más con el tema, que si alguien quiere ver el debate (hay que prepararse mentalmente, dura un buen rato) aquí tenéis el enlace. Por cierto, considerad mis intervenciones copyleft, jeje, que chorra soy a veces.

21
Abr
08

Negocios misterio

Será porque no tengo alma de emprendedor para según qué cosas, pero hoy me he dado un paseo por Madrid mientras esperaba a que me cambiaran las ruedas del coche y me he ido preguntando cómo pueden subsistir determinados negocios. Paso por su puerta, miro lo que ofrecen y me pregunto si podrá alguien vivir del negocio que genere esa tienda.

Es cierto que en una ciudad hay gente para todo, con gustos de lo más diverso, que casi cualquier producto es muy probable que encuentre su comprador, pero a mi me sigue pareciendo un milagro la subsistencia de determinados negocios. Me parece sorprendente que alguien que vea uno de esos escaparates mal puestos, mal presentados, mal iluminados, con una oferta de lo menos apetecible, acabe entrando y no sólo eso, sino que acabe comprando. Y puedo entender que entre alguno por sus gustos especiales, alguno más por puro despiste, otros con curiosidad malsana, pero que luego compren… y que eso pase mes tras mes…

Igual me ha sentado mal el paseo y me ha llevado por esos pensamientos, pero imagino que muchos de vosotros tenéis en mente alguno de esos negocios-misterio. Sé que muchos de ellos tendrán una renta antigua, o que son una propiedad considerada amortizada por los propietarios, que puede ser un negocio familiar sin asalariados, que incluso tienen mercancía en depósito, pero aún así, escapa a mi entendimiento.

Estoy convencido de que me ofrecéis un magnífico inventario de ese tipo de negocios.

19
Abr
08

Estamos en manos de enfermos

El Mundo publica hoy un artículo realmente interesante bajo el título “El delirio de los políticos”. El artículo habla del “síndrome de Hubris”, un trastorno que afecta a dirigentes que llevan un tiempo en el poder. Alguno de los síntomas que mencionan son los siguientes: exagerada confianza en sí mismos, desprecio por los consejos de quienes les rodean y alejamiento progresivo de la realidad. El síndrome en cuestión ha sido definido por David Owen, neurólogo que, por lo visto, se dedicó durante algún tiempo a la política

En varias ocasiones yo he mantenido que entre los dirigentes políticos se extiende un tipo de patología que hace que su vida, su mundo y su visión de las cosas sea casi lo único que son capaces de percibir. En las pocas ocasiones que he tenido de hablar con extensión con alguno de los dirigentes de primera línea de nuestro país esa es la sensación que me han transmitido. Te escuchan poco, hablan mucho y hasta se extrañan si les das una opinión que no coincide con su visión de las cosas. En realidad te convierten en sustituto del espejo, porque en el fondo, lo que quieren es escucharse a sí mismos.

Esta impresión, que en mi caso nacía de unas pocas conversaciones, la he ido compartiendo con otras personas y he podido comprobar que muchos de los que tienen acceso a esos personajes y que pertenecen a un mundo distinto del de la política la comparten. Recuerdo una cena en la que pude hablar largo y tendido con un científico acostumbrado a ser recibido por altos mandatarios y cómo esa visión que yo tenía hecha a pinceladas el la tenía ya convertida en cuadro clínico.

Según David Owen, “la presiones y la responsabilidad que conlleva el poder termina afectando a la mente” y eso lleva a que, por ejemplo, tomen decisiones por su cuenta y sin consultar porque creen que están siempre en lo cierto. La patología es tal que, además y frente a la evidencia, nunca reconocerán la equivocación.

Yo, sin embargo, creo que el desarrollo del síndrome no tiene tanto que ver con la presiones y la responsabilidad cuanto con otro proceso que en ese mismo artículo define Manuel Franco, psiquiatra: “Una persona más o menos normal se mete en política y de repente alcanza el poder o un cargo importante. Internamente tiene un principio de duda sobre si realmente tiene capacidad para ello. Pero pronto surge la legión de incondicionales que le felicitan y reconocen su valía. Poco a poco, la primera duda sobre su capacidad se transforma y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. Todo el mundo quiere saludarle, hablar con él, recibe halagos de belleza, inteligencia… y hasta liga. Esta es sólo una primera fase. Pronto se da un paso más en el que ya no se le dice lo que hace bien, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaniaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible”.
Un proceso como el que describe el Dr. Franco acaba eliminando de una forma más o menos consciente a los elementos críticos del entorno. Aquellos que se atreven a opinar, a expresar una idea discrepante, poco a poco se van convirtiendo en peones incómodos que se van alejando del núcleo duro del dirigente afectado por el síndrome. Algunos simplemente mantienen sus opiniones y se van. Otros, muchas veces porque su modo de vida depende ello, simplemente van acomodando sus opiniones alo que el otro desea oír y finalmente, el círculo más cercano se acaba convirtiendo en un amplificador de lo que piensa el líder. Las críticas por detrás, en pequeños corrillos, en voz baja, sin que se noten.

Eso sería la consecuencia de lo que el Dr. Franco llama desarrollo paranoide: “Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales, que responden a envidias. Puede llegar incluso a la ‘paranoia o trastorno delirante’, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica y a, progresivamente, aislarse más de la sociedad. Y, así, hasta el cese o pérdida de las elecciones, donde viene el batacazo y se desarrolla un cuadro depresivo ante una situación que no comprende”.

Muy probablemente, en otros círculos distintos de la política, podamos encontrar cuadros similares. El mundo de la empresa o de los medios de comunicación podría ofrecernos también muchos ejemplos. En política, de todas formas, el ejercicio del poder hace que el riesgo de padecer el síndrome sea mayor y no sólo eso, sino que las consecuencias son mucho más graves. En fin, que puestos a buscar una forma de acabar este post no se me ocurre otra que decir que estamos en manos de enfermos.

P.D. Pongo una foto de Bush por no poner una de los nuestros. Seguro que encontráis alguno con síndrome entre los dirigentes españoles, ¿verdad? Bueno, unos cuantos.

18
Abr
08

Trasvase de palabras

La vida política española produce situaciones muy cercanas al surrealismo. Bien podría ser un guión de los Hermanos Marx lo que está sucediendo en los últimos días con el asunto de llevar agua desde el Ebro a Barcelona. La denominación de asunto no es voluntaria, yo utilizaría normalmente otra palabra, pero el uso de uno u otro vocablo equivale en estos días casi a definir la militancia política de quien lo utiliza.

Estamos enfrentados a un juego absurdo que consiste en que desde las filas socialistas hay que hacer todo tipo de malabarismos para no pronunciar nunca la palabra trasvase (si no es precedida de un “no”), en tanto que desde las filas populares se espera con ansiedad que algún miembro del Gobierno o del PSOE caiga víctima de un acto fallido y diga “trasvase”. Una guerra contra el diccionario que, ciertamente, está alimentando la imaginación de los propios políticos y de los que nos dedicamos a hacer coñas con su teatro del absurdo.

Expresiones como “préstamo del banco público del agua”, “derivación de recursos hídricos”, “decantación de caudales huérfanos”, “tuvase” (versión entubada del trasvase), “movimientos coyunturales de fluídos acuosos”, “acuificación puntual de zonas desecadas”, “humidificación preventiva de sequías potenciales”, etc., son algunas de la expresiones, algunas realmente utilizadas por nuestros políticos y otras inventadas por los maledicentes, para evitar el tabú del trasvase.

Tan ridícula obsesión de unos y otros puede tener su raíz en el debate de investidura. En plena discusión, Zapatero negó haber derogado el Plan Hidrológico Nacional y afirmó que lo único que se había derogado era el trasvase del Ebro. Y, claro, siendo que es agua del Ebro la que irá a Barcelona y que el trasvase está derogado, es evidente que la guardia pretoriana presidencial tiene vetada la palabra trasvase.

A mi me parece bien que vaya agua del Ebro a Barcelona y creo que España necesita un profundo análisis de sus desequilibrios hídricos que debe afrontarse desde la racionalidad y la solidaridad. Sería muy bueno que unos y otros se dejaran de zarandajas, de la defensa desde la trinchera de eslóganes electorales creados para las movilizaciones autonómicas y que nos creyéramos que somos un país en el que todos tenemos derecho al agua desde el uso racional del agua.

Triste espectáculo. Menos mal que esta noche llueve.

14
Abr
08

¿Vale?

Desde hace algún tiempo, mucha gente que trabaja en medios de comunicación tiene una exasperante tendencia a llenar sus exposiciones con “¿vale?”. Empieza a ser costumbre iniciar la exposición de un tema, para en seco y a continuación añadir: “¿vale?” Entonces y sin que nadie les responda, retoman el relato para, a las pocas frases, repetir el esquema del “¿vale?” y la continuación de lo que están contando. Esta nueva y ridícula moda está especialmente extendida entre quienes intentan hacer humor o algo parecido, de tal forma que una noticia o una anécdota no puede ser contada si no se salpica de unos cuanto “¿vale?” por minuto. La expresión así usada, por otra parte, no acaba de tener mucho sentido. Entiendo que ese vale con tono interrogativo equivale a un “¿de acuerdo?”, pero siendo que te están contando algo sobre lo que tú manejas información y que, por otra parte, se dirigen a un público que no puede responderles, difícilmente cobra sentid

Lo que escribo a continuación, podría ser un ejemplo de la forma de narrar a la que me estoy refiriendo: “desde Australia nos viene una noticia de un hombre que se quedo cuatro días encerrado en el baño de una bolera. Resulta que el hombre va a jugar un domingo por la tarde, ¿vale? (Nadie responde) Pues cuando acaba de jugar le entran ganas de hacer pis y se va al baño, ¿vale? (Siguen sin responder, además que carajo vas a responder si no conoces la noticia). Total que cuando el tío está con el asunto en la mano, llega la hora de cerrar la bolera y no se dan cuenta de que está allí, ¿vale? Pues eso, que cierran. Pero la bolera de ese pueblo sólo abre de jueves a domingo, ¿vale? Resultado, que el tío no tiene móvil… y se queda cuatro días encerrado”. Pos vale. Fernando Ramos, actual colaborador de RNE, es un ejemplo de abuso del “vale narrativo” (por eso lo de la foto). Vamos, que le he oído esta mañana y me he dicho que tenía que escribir sobre esto.

Habría que estudiar a fondo el asunto, pero me atrevería a afirmar que la extensión del uso de esta pregunta que no busca respuesta proviene de los ya cargantes e insoportables monólogos que tanto han proliferado en televisiones y teatros. Ahora todo tiene que empezar con un monólogo (sólo los de Buenafuente merecen para mi la pena) y en el desarrollo de muchos de ellos está el origen del “¿vale?”. Un “¿vale?” que encima es contagioso y que empieza a escucharse ya en bares, oficinas, reuniones de amigos… v’ayase usted a tomar por saco, QUE NO VALE, ¿se entera?

Porque no ando sobrado de tiempo, pero lo de los monólogos daría mucho de sí. El uso de expresiones como “sí, sí, sí…”, “no, no, no…” de forma reiterada para enlazar por las interrupciones de las risas muchas veces compradas del público, el abuso del esquema “taco+silencio” para que la gente no se sabe muy bien arranque a reír sin sentido, son las primeras cosas que se me vienen a la cabeza, pero hay mucha más. Pero ya no os doy más la vara con las cosas que me irritan, ¿vale? Pues si estáis de acuerdo, me lo hacéis saber en los comentarios. Y si no, no vale.

11
Abr
08

Gigamemos

“Seamos todos sinceros, ¿para qué necesitamos todos una línea de ADSL de no sé cuantos gigas? ¿Para mandar e-mails? “. Hay veces en las que es mejor callarse o pensárselo dos veces antes de propiciar a la prensa que titule una intervención tuya con una cita que es una memez.

La frase en cuestión es de la Presidenta de la Academia de Cine, Ángeles Gozález Sinde, una mujer que me merece todo el respeto, pero que debería contratar a alguien para que le contara que los gigas no sólo son necesarios para bajarse contenidos como las películas que realizan sus académicos.

Si yo no tuviera no sé cuántos megas, no podría crear una obra como las Carcajodas y enviarlas a elmundo.es, ni colgar el Hip Hop de Schuster tres horas después de terminado el partido del Real Madrid ni, por supuesto, podría comunicarme con las personas que ven El Noticiero a diario. Es decir, doña Ángeles pretende que yo me vaya directamente al paro.

El argumento se lo debió chivar Teddy Bautista, que también se ha expresado en términos parecidos. Tal vez sería bueno inundarle a e-mails (debe ser lo único que utiliza) en el que le contemos para qué queremos millones de ciudadanos de ciudadanos en todo el mundo más megas en nuestro acceso a internet.

No quería hablar más del tema. Pero es que manda co… Os juro que dan ganas de empezar a utilizar los megas para lo único que ellos se creen que se usa. Qué aburrimiento, por Dios.




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