22
Sep
08

Relámpagos de la infancia

Estamos en días de tormentas y no me refiero a las financieras, económicas ni políticas, sino a las tormentas de verdad, a las del viento anunciador, los nubarrones que cubren el cielo, las relámpagos que iluminan a fogonazos y la lluvia de gota gruesa. Desde pequeño me han fascinado las tormentas, me parecen un maravilloso espectáculo de la naturaleza, a pesar de que sus consecuencias son muchas veces fatales.

 

Mi gusto por las tormentas me viene de pequeñito. Mis padres tenían una casita cerca de la Colonia Güell, ese lugar que tiene una maravillosa cripta de Gaudí de la que ya he hablado en alguna ocasión. Frente al porche de la casa, además de algún barrio de arquitectura de dudoso mérito, se divisaban los montes a cuya otra ladera se extiende Barcelona. Ese era el escenario en el que normalmente aparecían los nubarrones de tormenta, sobre todo en este mes de septiembre, en el que no era raro que se dieran precipitaciones torrenciales e inundaciones. Asomado en aquel porche, el panorama del recorrido de los relámpagos y la espera a la llegada del trueno resultaba sobrecogedor y fascinante. Nunca me dieron miedo, tal vez porque desconocía algunos de sus peligros y tormenta que había tormenta que disfrutaba.

 

Igual que el espectáculo de los rayos, las nubes, los truenos y el agua, me reconfortaban los momentos después de las tormentas. El olor del campo después de la lluvia, los rayos de sol que se descomponían en colores con el agua pulverizada, el rumor del agua en busca de su descanso… Después de la tormenta solía coger una bolsa e irme en busca de caracoles. Recorría los campos cercanos a la casa y en las zonas de piedras que contenían las tierras o en algunos miniacueductos que servían para el riego y que recuerdo vagamente encontraba a los caracoles que salían a retozarse al sol. Cogía bastantes, para alegría de mi padre, a quien siempre le gustaron mucho. Al llegar a casa los depositaba en una cesta grande de mimbre, con tapa, donde pasaban unos días antes de su tránsito a la cazuela previa limpieza en profundidad. 

 

Espero que en la casa de campo (a la que le queda un mesecito para el fin de obra) pueda disfrutar también del espectáculo de las tormentas, con esos montes de Gredos que sirven de anfitriones a las nubes. y espero disfrutar de las tormentas como cuando era pequeño. Sólo renunciaré a lo de los caracoles, porque mi padre ya no está aquí para poder degustarlos. Pero seguro que me acuerdo de él en las tormentas por venir.  


14 Responses to “Relámpagos de la infancia”


  1. Lunes, 22 septiembre, 2008 a las 7:53 pm

    Ciertamente, el rayo es un espectáculo maravilloso. Es como disfrutar de fuegos de artificio (o de una “mascletá”) que nos brinda la Naturaleza.

    Por cierto, en estos enlaces de youtube pueden verse los rayos a “cámara lenta”. Lo cual les dota de aún más belleza, si cabe.

    http://es.youtube.com/watch?v=2XwFF5idD_0&feature=related
    http://es.youtube.com/watch?v=Skv3nTvNMDU&feature=related

    Curiosidad: contrariamente a nuestra intuición, muchos rayos van “del suelo al cielo”:

    http://es.youtube.com/watch?v=NnIStJ7OY6w&feature=related

    Un saludo cordial de un asiduo lector.

  2. 2 ELECKTRA22
    Lunes, 22 septiembre, 2008 a las 8:27 pm

    Hola Capi!, te felicito por esa casita de campo y por esas vistas en los montes de gredos. como deseo tener mi finquita en el campo (que todavía no se donde ponerla), para disfrutar de las maravillas de la naturaleza. eso si, cuando haya tormentas eléctricas, yo estaré dentro de casa, por que me dan mucho yu-yu las tormentas. lo se, soy una CAGICA, PERO NO ME IMPORTA. :s

    2 BESOS CAPI Y UN SALUDO PA’ LOS DEMAS.

    p.d. nos enseñaras a todos tu casita, por lo menos esas vistas, que seguro serán HERMOSAS.

  3. 3 Sonia
    Lunes, 22 septiembre, 2008 a las 9:08 pm

    Querido Javier: yo también pienso anclada en el recuerdo de una casa que poseían mis padres cerca de Barcelona, en todas esas sensaciones de las cuales hablas: en la lluvia, la tormenta y esos relámpagos que me parecían mágicos cuando estaba resguardada pero tanto asustaban al perro mestizo que alguien abandonó en el bosque, que acogimos y a quien tanto quise. Él me recordaba que cuando se vivía a la intemperie, esos ruidos e iluminación que a mi tanto me gustaban podían convertirse en una monstruosidad para todos aquellos que no habitaban o habían habitado en su infancia o en su vida en un lugar tan bonito como el mío entonces. Me embriagaba el olor a tierra mojada y la búsqueda de esas setas llamadas rovellons que se escondían bajo las hojas y el musgo (es uno de los pocos entrañables recuerdos que conservo de mi padre). Jamás he vuelto a sentir esa sensación aunque viva en un país donde llueve casi cada día; la verdad es que añoro mi vocación de detective bajo la túpida hojarasca en esos montes de mi niñez y adolescencia. Me alegro por ti, amigo, y sé que encontrarás en Gredos esa reminiscencia de otro tiempo. Besos para ti, para daniel y un saludo a los demás.

  4. Martes, 23 septiembre, 2008 a las 8:40 am

    a mi tambien me encantan las tormentas pero la pasada noche despues de tener el pasillo de micasa y casi todas las habitaciones iluminadas por una consecuencia de rayos (durante 3/4 de hora aproximadamente) lña verdad esque estaba ya nerviosa de tanto rayo…..jiji yo tambien deseo que seas muy feliz en tu casa nueva y espero esas fotos con tus maravillosas vistas……besos

  5. 5 aurorafiguero
    Martes, 23 septiembre, 2008 a las 12:36 pm

    Hola Capi: Compruebo con placer, que eres un romántico empedernido, cómo yo,, sólo, que no tenemos apenas tiempo, con esta vida tan achuchada, de escribir, cómo no sean críticas, a todos los acontecimientos, que no nos da tiempo a digerir. Es muy bonito todo lo que dices, y me ha recordado, a mi infancia, que fue casi igual, con años de antelación, y con mi padre de protagonista también. Era aquí en Madrid, en un hotelito que vivíamos en el paseo de Extremadura, A mí, tampoco me daban miedo las tormentas, y veía los múltiples rayos, contando , cómo me enseñó mi padre, para segun tardase, cuando iba a caer el rayo; y el estampido.Él estuvo en la guerra de Cuba, no le tenía miedo a nada, y cuando la lluvia torrencial, levantaba algunas tejas, cogía una escalera enorme que tenía, se subía, y silbando, las colocaba, para que no hubiese goteras. Y silbando, se bajaba, me echaba la mano por los hombros, y entrábamos en casa, donde mi madre y hermanas , se metían el la cama, entre el somier, y el colchón, porque decían, que así, si caía un rayo, te librabas de morir. y yo, me reía, y estaba orgullosa de haber visto un espectáculo, único..Luego nos íbamos él mi hermano un poco más mayor que yo, y yo, misma, a coger los caracoles, que traíamos y mi padre, con mucha sal, y vinagre limpiaba, a base de bien, y se ponían todos las botas, porque a mi era a la única que no gustaban. Y tambien cogíamos berros para ensalada, y collejas, para que mi madre hiciese unas tortillas, que te chupabas los dedos. Así, que cómo tú, de vez en cuando, ahora que con la capa de Ozono o lo que sea, las lluvias y las tormentas escasean, cada vez más en Madrid, Cuando hay alguna, me aprovecho, para recordar, esa fase, quizás la más hermosa de mi vida, y desde la ventana, ver a las fuerzas de la naturaleza, y sentirme minúscula, ante su grandeza. En esto, sí que estamos de total acuerdo Capi. Besos para todos y para tí. Mañana más. AURORA:

  6. 6 Malos Pelos
    Martes, 23 septiembre, 2008 a las 5:29 pm

    Joder, qué bueno te ha salido este post, en serio. He disfrutado leyendo.

  7. 7 aurorafiguero
    Martes, 23 septiembre, 2008 a las 6:32 pm

    PD: Capi: Si entras al principio, de mis memorias, que puse las señas en este blog, verás que en uno de los capítulos pongo, lo de las tormentas y mi padre. Siento, que el tuyo, tampoco esté; cuando te faltó, te di el pésame cuando llevaste a Jorge a su casa, en el porche de la misma, y te dije, que te admiraba, pero tú, no te acordarás, porque no estabas para gaitas.Es natural.Y ójala, que en su recuerdo, veas muchas más tormentas, y huelas el ambiente, y el perfume húmedo, y limpio, que queda, después. Aurora

  8. 8 Trini
    Martes, 23 septiembre, 2008 a las 9:30 pm

    Mi madre tampoco está: pero su nieta tiene asociadas las tormentas a la abuela, las velas y los rezos con las que las pasaban si estaban juntas; a la niña le gustan, a mí también (excepto en un avión).

  9. 9 aurorafiguero
    Miércoles, 24 septiembre, 2008 a las 11:51 am

    Trini: Comprendo perfectamente, que no te gusten en un avión. No serías normal. Es cómo si te encanta pasear por el campo, y pisas un matorral de espino, o mirando una palmera en un paseo, te cae un coco en la cabeza. Yo, las he pasado en una barca en el mar, y ni te cuento. Cuando la Madre Naturaleza se encabreita, reza, lo que sepas. Besos. AURORA:

  10. 10 pedroeatworld
    Miércoles, 24 septiembre, 2008 a las 7:02 pm

    Hola, soy Pedro de Surrender en http://callesdepapel.wordpress.com, te tenia enlazado en mi blogroll pero… GRACIAS A LA GRANDISIMA DEMANDA DEL CINE, SERIES Y MUSICA y por linkear a una web que tengo con unos amigos me han chapado el garito, despues de casi 300.000 visitas y mas de 1500 comentarios.
    Solo queria informar de que me mudo a http://callesdepapel2.wordpress.com y alli al igual que en el primero estais linkeados😉

    Gracias.

  11. 11 Trini
    Miércoles, 24 septiembre, 2008 a las 7:09 pm

    Aurora: sí, embarcada tampoco me harían mayor gracia; lo del avión fue lo más inmediato porque los cojo con cierta frecuencia, aunque volar me produzca un entusiasmo perfectamente descriptible (y que nadie me dé argumentos racionales, cada uno es cada uno y tiene sus “cadaunás”: bastante hago con mantener la dignidad y el tipo en el aire y no perderme un montón de sitios a los que sería poco práctico o directamente imposible llegar sin los alados aparatos).

  12. 12 aurorafiguero
    Miércoles, 24 septiembre, 2008 a las 8:12 pm

    Te entiendo muy bien Trini: No hay más cáscaras, que subirnos al avión, leer, si no puedes dormir, no ver que estás sobre un colchón de nubes algodonosas, y pensar en las cosas bonitas que vas a ver. Y esperar si no, a que construyan un carril bus, dentro de un oleoducto, para cruzar el Atlántico o poner en él, un AVE, supersónico, que nos transporte allí, , con una inyección sedante, que dure, lo que el viaje…..Y te despiertes en Brasil.¿A que sí?

  13. 13 victor
    Miércoles, 24 septiembre, 2008 a las 11:06 pm

    Hola, es la primera vez que te leo, no conocia tu blog, encantado.
    En mi infancia, yo “sufria” las tormentas en la casa de campo de mis padres en Ribarroja, Valencia.
    A mi madre le encantaban como a ti, pero yo, no se porque motivo, no podia (ni puedo).Al primer trueno empieza a centrifugarme el estomago y la visita al baño es inevitable.
    Quizas yo disfrutaba mas que tu cuando acababan, porque junto a la tranquilidad de saber que ya habia pasado, disfrutaba del olor de la tierra mojada y de las ultimas gotas, con el ruido de fondo de la tormenta ya lejos de nosotros.


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