Archivo para 22 enero 2009

22
Ene
09

Obama o El Pequeño Saltamontes

20090120elpepuint_51

Qué suerte tiene Obama de que exista Zapatero. Sin la experiencia de nuestro presidente, no cabe duda de que el pobre Obama estaría hoy absolutamente perdido, desorientado en el mar de preguntas en el que acaba de sumergirse, preguntas para las que sin un ejemplo a seguir seguramente no encontraría respuesta. No es lo mismo asumir el cargo de presidente de los EE.UU. sin alguien que te marque la senda (veáse el desastre de Bush) que hacerlo con un faro que te orienta en la noche de las dificultades que se nos vienen encima. Y si Obama tiene suerte por ello, en realidad, es el mundo el que tiene suerte de que tengamos a Zapatero, porque de todos es sabida la descomunal influencia de los EE.UU. en el destino del planeta.

 

Después de leer algunas de las frases que ha dicho Zapatero sobre el discurso de Obama, me lo imagino escuchandolo en compañía de su propio yo y asintiendo a cada frase del nuevo presidente norteamericano mientras se le escaba un “ves, ya lo decía yo”, “exacto, como yo digo” o “hay que ver este Barak, parece que me ha copiado el examen”. Da la impresión de que se siente como el maestro del Pequeño Saltamontes.

 

Según Zapatero, Obama ha hecho un discurso “nítidamente socialdemócrata” y una clara “defensa de lo público y de la acción del Gobierno”. Dice también que su visión de la crisis parte de la denuncia de la falta de regulación del mercado. La acción del Gobierno ya no es “parte del problema” como se consideraba en otras administraciones, sino “parte de la solución”. Ha destacado también la apelación de Obama al mundo musulmán. Así dicho, parece que efectivamente Obama bebe de fuentes zapateriles, pero ¿de verdad hay tanta coincidencia en el mensaje?

 

Empecemos, por ejemplo, por la causa de la crisis, que Zapatero siempre ha achacado a la codicia y a la falta de regulación de los mercados americanos. Obama ha hablado de la crisis  como una “consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era”. Es cierto que coincide en la primera parte con Zapatero, pero para mi lo relevante es la segunda parte de la frase, en la que menciona la inexistencia de la toma de decisiones difíciles para prepararse para una nueva era. Nunca Zapatero ha hecho una reflexión autocrítica de ese tipo, aunque sea una crítica colectiva, ni mucho menos en lo económico ha tomado ni una sola solución difícil hasta la fecha.

 

También ha dicho Obama: “no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo”. Mientras Obama afirma esto, nuestro Presidente nos sigue diciendo que para junio la cosa empezará a mejorar claramente. A no ser que para Zapatero el medio o largo plazo sean seis meses, el mensaje es igualico.

 

Y sigue Obama: “el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”. Igual que el mensaje que recibimos aquí, con esa monótona apelación al mantenimiento del gasto social que permitirá aguantar hasta que las cosas mejoren por arte de birlibirloque.

 

Según Zapatero, Obama ha situado la acción del Gobierno como parte de la solución. Y es parte de la solución, sin duda, si las cosas que se hacen tienen sentido. Obama habla de “sentar nuevas bases de crecimiento”. “Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos”, añade. Vamos, que Obama le da el mismo enfoque a la acción de su gobierno que Zapatero a los 8.000 millones que ha dispuesto para los ayuntamientos, que en su mayor parte se van a gastar en proyectos absolutamente intrascendentes (véase un ejemplo) cuyo único objetivo será parchear los datos del paro. Así, mientras nosotros nos gastamos los cuartos en repavimentar calles que tal vez ni lo necesitan, otros creen que sentar las bases del futuro es algo que pasa, por ejemplo, por invertir en líneas digitales. Más les valdría a los pueblos españoles pensar en esos términos, pero claro, para ello necesitamos de una clase política que entienda lo que  significa una apuesta de ese tipo.

 

“La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán” Obama dixit. ¿Nos ponemos a analizar así el gasto público en España? Molaría, ya lo creo que molaría. Es decir, no se trata de que el tamaño del gobierno o de lo público sea mayor, sino de que sea eficaz, productivo e incluso que con el mismo dinero se puedan alcanzar objetivos mucho más ambiciosos.

 

El inventor de la Alianza de Civilizaciones está encantado con las palabra de Obama dirigidas al mundo musulmán. Yo también, me gusta ese gesto. Ha afirmado Obama: “Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto”. Pero también ha dicho cosas como estas: “A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño”; “No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos”.

 

Para mi, el discurso de Obama, en lugar de llenar a nuestro presidente de autocomplacencia, le debería servir como serio punto de partida de una profunda reflexión. Yo no sé si Obama será capaz de poner en práctica lo que dice, lo que sí sé es que para apreciar su discurso hay que escuchar todo lo que dice y no sólo lo que le parece bien (o mal) a uno. Y miro en busca de alternativas y sigo sin encontrar nada. 

 

 

 

16
Ene
09

Imaginación contra la crisis

Imaginación, eso es lo que nos hace falta. Primero la imaginación y luego el dinero. Si no, pasa con ese fondo del gobierno para los ayuntamientos, que primero llega el dinero y luego se gasta sin un plan, sin un objetivo, gastar por gastar para crear parches de empleo temporal que no nos llevan a nada productivo. Creación artificiosa de puestos de trabajo y gasto en proyectos de dudosa rentabilidad social. Y si no, al tiempo.

El Ayuntamiento de Madrid, sin embargo, ha optado por imaginar primero, tal y como demuestra este titular de prensa.

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Debo reconocer que, al principio, pensé que los de El País habían metido de la pata y que donde debía poner “medidores” habían escrito “mediadores”. Así que abrí el enlace de la noticia y comprobé que no había error alguno y que lo que el Ayuntamiento pretende es crear la figura del mediador de ruidos. Según explica el artículo, los medidores se encargarán de advertir a los clientes que salgan de los establecimientos que el nivel de ruido del interior es distinto al exterior y que deben mantener el respeto a los ciudadanos que viven en la zona. Es de prever un éxito rotundo de la iniciativa. Ya me veo al mediador (esperemos que escoltado por la policía por si acaso) acercándose a un grupo de gente que ha bebido o que se ha metido en el cuerpo vaya usted a saber qué y explicándoles que su derecho a la diversión no debe colisionar con el derecho al descanso de los vecinos, motivo por el cual y con el máximo respeto, les ruega que se abstengan de pasar de 55 decibelios en los sonidos que produzcan para asegurar una convivencia ejemplar en las calles del distrito. Tan brillante idea podría completarse con un programa más amplio de nuevos empleos: disuadidores del aparcamiento en doble fila, fomentadores del uso de la papelera, brigadas antiecupitajos, cruzadores de calles para niños y ancianos, vigilantes de la recogida de la defecación canina, afeadores de la conducta por saltarse un semáforo en rojo, adevertidores de baches peligrosos para las motos, y otra pléyade de nuevas profesiones que redundarían en beneficio de nuestra sociedad. Sí señor, eso es pensar y abordar los problemas desde una óptica no convencional y desde la fe en la bondad del ser humano, que va a reaccionar con grandeza ante el afeamiento de cualquier conducta. Dentro de poco comprobaremos que un simple “pchsss” va a acabar con los problemas de ruido nocturno en Madrid. En fin, ahora me voy a poner a hablar en serio sobre el asunto. Aunque mejor pensado, yo creo que no hace falta, ¿verdad? Pues mejor lo dejamos.

12
Ene
09

Ciudadano ejemplar detenido

Empezó una lluvia extraña y lo raro es que no había nubes. Eran pocas las personas que la notaban y en un espacio reducido. Y no era agua pulverizada de las fuentes de la plaza. Tampoco había viento que pudiera impulsarla.

 

Y él siempre tan cumplidor con la norma. Su vida era un constante hacer lo que debía, pero lo que debía no pasaba tanto por lo que él creía cuanto por la norma establecida, por lo socialmente decidido. Y, aunque en contra de su voluntad, ahí estaba otra vez, cumpliendo con lo que le ordenaban. No lo comprendía, no alcanzaba a ver la razón que podía estar detrás de lo que le indicaban, pero se conformaba con pensar “algún motivo habrá”. Aunque muchas veces la verdad es que no hay ningún motivo.

 

La ciudad, la inmensa ciudad en un su centro, era el escenario de todo lo que sucedía. La inmensa ciudad que ya tolera casi todo se habitúa a lo extraño. Al fin y al cabo son tantos los que pululan por ella que lo insólito acaba asumiéndose como normal. De hecho, cuando él comenzó a subir algún curioso le siguió con la mirada. Puede que alguno pensara que formaba parte de una actuación, pero al no ver cámaras ni mayor seguimiento seguro que acabaron creyendo que era un pirado más. Mejor no mirarle, no vaya a ser que encimase ponga agresivo, que estamos tan perturbados… Hace algún tiempo no hubiera podido suceder: alguien le hubiera preguntado, parado o simplemente se hubiera preocupado por el peligro que iba a correr. Pero ahora, en este caminar ciego de la ciudad, eso y cosas mucho peores pueden suceder.

 

Nunca estuvo especialmente dotado para las pruebas físicas, pero en esta ocasión una necesidad física era la que le animaba a superar sus limitaciones. Absurdo, sin duda, era absurdo, había muchas alternativas y todas ellas más lógicas y sencillas, pero si esa era la norma había que cumplir. Los ciudadanos tienen que predicar con el ejemplo. Si tú no cumples, cómo vas a pedirle al resto que lo hagan.

A medida que subía el miedo era mayor. Un fallo, un pequeño desliz podía poner en peligro su vida. Se sentía bandera en busca del mástil, pero sin nadie que tirara de las cuerdas que le impulsaran hacia arriba. Y lo peor es que sabía que, cuando llegara al final, se enfrentaría a lo más difícil, él, que además nunca fue un exhibicionista. Confuso y exhausto llego a un final que requería habilidad de funambulista. Daba miedo mirar hacia arriba y ver la mínima plataforma que le esperaba. Daba miedo mirar hacia abajo y pensar en el error… así que se trataba de hacerlo con rapidez y precisión. En ese momento su cuerpo se convirtió en un gabinete de crisis que iba tomando determinaciones precisas. Sube esa mano, encarámate, mueve esa pierna de tal forma… En un momento, lo había conseguido, estaba ya coronando el tope de aquel mástil. Desde bajo parecía un conjunto escultórico extraño, desproporcionado y absurdamente alto. Nadie podía pensar que era una persona la que estuviera en aquel lugar, aunque lo cierto es que nadie miraba para arriba hasta que llovió.

 

Los que sintieron la lluvia, sorprendidos por su aparición, alzaron la mirada. Lo que hasta entonces les había pasado desapercibido se hizo presente. ¿Cómo era posible? No podía ser cierto, no podía ser que lo que ellos creían agua fuera producto de aquel enajenado que estaba allí arriba. Pero el gesto era inconfundible: las manos a la altura de la bragueta… ¡era un tío meando! Un loco, un provocador, un ser antisocial estaba meándose en la gente. Y, si empezaron mirando sólo los afectados, luego, por el contagio natural que se produce cuando alguien mira fijamente a un sitio determinado, eran diez, cien, trescientas las personas que dirigían su mirada a aquel individuo. Se arremolinaron en torno a la escena, la lluvia cesó en el tiempo que se vacía una vejiga, se acercó un policía que ordenaba presuntamente el tráfico y pidió refuerzos para controlar al demente que estaba allí arriba.

 

Él sorprendido ante la repentina notoriedad quedo paralizado, rivalizando con Colón, que estaba al otro lado de la plaza. “Quédese quieto, tranquilo, ya hemos llamado a los bomberos” le gritaban desde abajo. Y él, en su parálisis, siendo el centro de atención de una ciudad que hasta entonces miraba al suelo. Fueron unos minutos para el miedo y para el goce. Todos debían estar admirando su ejemplo de ciudadano comprometido con las normas por difíciles de cumplir que fueran. Al cabo de un tiempo de duración incalculable, aparecieron los bomberos con su escalera y se acercaron a él. Le hablaban en un tono extraño, como si fuera un perturbado y, cuando subió a la cesta, él simplemente dio las gracias: “no se tenían que haber molestado”. Al llegar abajo la policía le esposó. “¡Me esposan por cumplir la norma!”, gritó en un primer momento. La confusión se apoderó de la escena y él sólo acertaba a decir: “¿pero quieren hacer el favor de mirar el cartel?”. Nadie le hacía caso, todos pensaban que estaba ido tal vez porque había perdido el empleo por la crisis o por un disgusto familiar o simplemente porque había bebido. Se lo llevaron detenido en la misma plaza de Colón de Madrid, donde tanta veces se reúne gente para manifestarse y ser escuchada. Sin embargo, a él sólo le escuchó un niño.

 

Cuando todo acabó, el niño le dijo a su madre que quería ir al baño y ella le respondió: “espera que ahora buscamos un bar”. El niño, inocente ciudadano ejemplar, le dijo “mira mamá, si hay uno ahí arriba”, mientras señalaba el cartel que nadie más quiso mirar.

 

(Historia ficticia basada en señales reales. Véanse las fotos más abajo)

La señal

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 Abrimos un poco el plano

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 Lo abrimos del todo y comprobamos que el WC está en la punta de la columna que sirve de soporte a una cámara en plena plaza de Colón de Madrid

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 A que es genial. ¿Quién pondría esa señal ahí?

07
Ene
09

Caminar con los ojos abiertos

Caminamos tan atolondrados muchas veces que nos pasa la vida por delante sin que seamos capaces de fijar algunos momentos. Quiero traer al blog un par de instantáneas de las que se han cruzado hoy en mi camino. Al igual que yo, cientos o miles de personas han vivido ese mismo momento, pero estoy seguro que a una gran mayoría les han pasado desapercibidos, como me pasa a mi tantas veces, porque tenemos una fuerte tendencia a reducir el mundo a nuestro mundo, que muchas veces no existe más allá de nuestra cabeza. Y en ese caminar ensimismados se nos pierden muchos detalles tontos como lo que os traigo. 

El primero de ellos tiene gracia y os lo podéis encontrar en el barrio de Salamanca en Madrid, al lado del mercado de la Paz. Yo creo que no merece mayor comentario.

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El segundo inspira ternura. Es una lástima que la cámara del móvil no tuviera zoom, porque la expresión del protagonista de la foto era la definición perfecta de algunos sentimientos humanos… melancolía, desamor, añoranza. Supongo que cada uno de nosotros le atribuirá un significado distinto.

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Son las cosas que uno se encuentra cuando le da por caminar con los ojos abiertos.

06
Ene
09

Primeras noches en casa

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Han sido más de dos años desde que empezamos y por fin hemos dormido en nuestra casa de campo. El proceso ha sido largo, con los problemas que supone hacer una casa a casi doscientos kilómetros del lugar en el que vives, con aciertos, errores, en ocasiones te desesperaba que las cosas no avanzaran como esperabas, cuando parecía que todo estaba casi acabado los tiempos se dilataban… en fin, el proceso habitual en la construcción de una vivienda que sólo la ilusión que tienes depositada en ella te permite soportar.

La casa nos ha salido grande (algunas decisiones en la obra la han agrandado un poco más), pero creo que el resultado final es muy acogedor. Es una casa volcada al paisaje, a la contemplación de un entorno natural que nunca me canso de mirar, por mucho que lleve más de cuatro años observándolo. Da lo mismo que sea un día luminoso (como el de la foto) o que el día salga metido en niebla. Minuto a minuto va cambiando, matizándose, con la luz filtrándose de forma cambiante y siempre con el rumor de la garganta que baja del monte de fondo.

Aún quedan muchas cosas por hacer (ajuste definitivo del sistema de calefacción que funciona de forma provisional, remates de pintura en el exterior, ajustes de fontanería y electricidad, arreglar una persiana que ha optado por no bajarse… y sobre todo limpiar los alrededores de la casa y hacer unos movimientos de tierras para ajustar todo el entorno, ya que la finca tiene más pendiente de la que parece). Pero y se puede ir, cocinar, comer, sentarte a contemplar la chimenea, ducharte, dormir…

En los tres días que he estado la verdad es que he vivido hacia adentro, volcado, en colaboración con mi amigo Fermín, en el montaje final de unos armarios suecos. La edad empieza a pasar factura y el dolor de espalda al final de la jornada se ha hecho notar. Pero había que acabar con los suecos y lo hemos hecho: no sólo hay armarios, sino que ¡ya no hay decenas de cajas de cartón! Y eso empieza a dar una sensación de orden y de falta de provisionalidad reconfortante.

La noche es singularmente silenciosa, no sé si porque el silencio es tal o porque contribuye a ello  la carpintería exterior y su aislamiento. No he visto a los jabalíes que han levantado media finca en busca de lombrices (qué destrozo han hecho los muy) y por la mañana, a eso de las nueve, hay una legión de pájaros visitantes con un plumaje azulado, que todavía no sé qué son. En su compañía había unas cuantas perdices paseando tranquilamente en animada conversación. Me gustará contemplar si esa es una pauta más o menos fija, empezar a saber por dónde y cuándo entran los jabalíes, conocer el nombre de nuestros visitantes mañaneros, bajarme a la garganta a primera hora de la mañana… En definitiva, que ya está aquí el momento de empezar a vivir y a disfrutar de un proyecto que ha sido largo, y en el que Manolo (el constructor) y su equipo, Fernando y Pedro (que fueron los primeros en ir dando forma a una finca un poco dejada),  Honorio y Merche que nos descubrieron el lugar y que nos han acogido en estos años de visitas en su hotel , Carlos que llenó de proyectos de árboles una zona de la finca, Pedro (el arquitecto técnico), Fernando (el arquitecto), Antonio y su hermanos (los cerrajeros), los hermanos Nogal (los carpinteros), Julián y su equipo (que han hecho toda la carpintería exterior), Miguel (responsable de que tengamos chimeneas), Miguel Ángel (con sus fontaneros y electricistas) y otros muchos han colaborado con su saber hacer y con su excelente trato. 

Estas son sólo las primeras noches de muchas que nos esperan en casa. Ya sólo faltan las visitas de los amigos.

01
Ene
09

este va a ser “ni” año

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En 2009 no voy a dejar de fumar (además no he fumado nunca) ni voy a ir al gimnasio ni me voy a poner a dieta ni voy a dejar de beber vino ni me voy a apuntar a ningún curso para mejorar mi inglés ni voy a leer más ni voy a reducir mis gastos por la crisis ni voy a planificar mejor mis actividades ni voy a reservar más tiempo para asistir a actos culturales ni voy a ver menos fútbol ni voy comer más sano ni voy a pensar que tenemos unos políticos competentes ni voy a depositar mis esperanzas en Obama ni voy a pensar que es posible un mundo más justo ni pensaré que es posible que la crisis toque fondo este año ni dejaré de indignarme con los jueces ni pasaré menos tiempo delante del ordenador ni tantas y tantas otras cosas que se nos pueden ocurrir a todos. 2009 tiene que ser “ni” año, porque después del penoso 2008, que encima ha durado un segundo más por aquello de “¿no quieres caldo?, pues toma dos tazas”, lo mejor es no depositar ninguna esperanza en el año que acaba de empezar. No se trata de paralizarse, se trata de no marcarse objetivos que nos lleven a otro año de frustraciones individuales y colectivas. Se trata de no hacer ni puñetero caso a ZP cuando dice que esto ya va a empezar a cambiar, ni a nosotros mismos cuando nos decimos que esta vez sí iremos al gimnasio. Se trata de no esperar que el bueno de Obama resuelva el sólo los problemas de un mundo que entre todos hemos ido jodiendo en los últimos años, se trata de no creer que el Madrid puede ganar la Champions…

2009 nos lo tenemos que plantear de otra forma. Vamos a ir tirando, poniendo todas nuestras ganas en conseguir que mejoren las cosas, en dar un nuevo impulso a nuestros proyectos, pero sin que la ensoñación nos cambie la realidad. Y, a medida que consigamos logros, disfrutemos del momento y preparémonos para asaltar el siguiente. Este no es el año de ganar la guerra, sino de empezar a ganar batallas. Que ningún general con mando en plazo nos nuble la vista, porque nuestras fuerzas son las que son. Sólo si comenzamos con pequeños logros empezaremos a cambiar el clima, empezaremos a generar contagio. Por eso es “ni” año, el año de no engañarnos a priori ni con esto ni con lo otro. El año de empezar a andar despacito, sin fijar el momento de la llegada. Y si empezamos a dar pasos, seguro que los siguientes serán más ligeros y que otros se nos unirán en el camino. Pero que no nos llenen la cabeza de pájaros los que se creen que la mentira bobaliconamente optimista nos hace sentirnos mejor. Las realidades son las únicas que nos convencerán de que los objetivos que no nos hemos impuesto tal vez los encontremos en el camino. A disgustarse de a poquito y a disfrutar de a poquito. Se trata de que el fiel de la balanza se venza a nuestro lado despacito, sin saltos bruscos, poniendo granito a granito.

Así me he levantado este 1 de enero de 2009. Ni lo voy a releer. Lo cuelgo tal y como ha salido. Por cierto, este 1 de enero dormiré por primera vez en la casa que hemos hecho en el campo. A disfrutar de a poquito

PD. En la foto el paisaje en Polentinos (Palencia). El año empieza con nieves. A ver si el dicho es cierto




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