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Feb
09

Combate dimisionario

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El fuego cruzado de las cacerías de Bermejo ha terminado. El Ministro ha dimitido. Hubo quienes pidieron una predimisión cuando se supo que le iba a nombrar Zapatero y, ciertamente, hay que reconocer que más que ministro de Justicia en muchas ocasiones recordaba esas escenas de niños que, tras lluvia, caminan metiéndose en todos los charcos. Empezó salpicando un poquito y ha acabado llenado de barro el traje de los compañeros de gabinete. Eso sí, pasará a la historia por ser uno de los pocos que ha dimitido y porque es el primer ministro de Justicia que ha tenido una huelga de jueces. Ahí es nada.

 Este gesto de Bermejo, que podría ser ejemplar, tiene como única objeción sus palabras, su propia explicación. No estamos ante alguien que dimite admitiendo que determinados comportamientos le impiden seguir con su responsabilidad. Antes al contrario, el argumento que ha dado el ministro es que no puede tolerar la “utilización” que se está haciendo de su encuentro con Garzón “en contra del proyecto del Gobierno del PSOE”. Es decir, que la culpa de que dimita la tienen unos impresentables que le roban las cartuchos de la escopeta para disparar contra el jefe. No es un “me he equivocado”, “he incumplido una normativa y, en mi condición de ministro de Justicia debería haber evitado ese hecho”, no, la razón para que se vaya es que se utilicen todo esos argumentos contra el gobierno.

 Sea como fuere, está bien que se vaya, al margen de las palabras con las que lo haya hecho, más que nada porque marca el camino que deberían seguir unos cuantos más. A tenor de lo que él mismo ha declarado, Pedro Solbes parece ansioso por transitar por la vereda dimisionaria. Las palabras de Solbes han sonado a las de Schuster diciendo “es imposible ganar en Barcelona” (al día siguiente le echaron). Solbes ha dicho que envidia a Bermejo “porque es ex ministro” (que suena a un “Presidente, que quiero irme”). Bajo mi punto de vista resulta de lo más inquietante escuchar al vicepresidente económico de España decir que tiene ganas de tirar la toalla. Y lo peor es que no sorprende a nadie. No sorprende porque más de uno tiene la impresión de que las decisiones económicas que se han tomado en los últimos tiempos no generaban mucho entusiasmo en él. Si nuestras sospechas son ciertas, cabría recordarle a Solbes que un tal Manuel Pimentel, quien era ministro de trabajo con Aznar, dimitió por discrepancias con algunas decisiones de su gobierno. Es más, alguno entendería que Solbes podría tomar esa decisión “en defensa propia”, no vaya a ser que tenga que cargar con un hijo en cuya concepción ha tenido que ver que pasaba por allí mientras otro…, bueno, ya me entendéis. Igual me equivoco y es el ideólogo de las medidas del gobierno contra la crisis, pero no sé yo, no lo veo. Es más, quién sabe si dentro de poco se va a pescar sin licencia a un río en un parque nacional y con artes prohibidas. “Me han pescado, me voy, dejo el gobierno, señora trucha”.

 Claro que lo más interesante es que, en el combate político que se avecina, después de la dimisión de Bermejo en directo al mentón, podemos ver cómo desde el partido de enfrente, en el que mantuvieron la distancia a base dimisiones y ceses menores, buscan golpear con una dimisión de gancho al hígado. Qué bonito y que sano sería un combate nulo de dimisiones, aunque, conociéndoles, lo más probables que ambos utilizaran dimisiones golpe bajo y acabaran descalificados. O lo que es peor, que al final se les escapara una leche y dejaran ko al árbitro, es decir, la ciudadanía.

 


9 Responses to “Combate dimisionario”


  1. 1 wallace97
    Martes, 24 febrero, 2009 a las 12:14 am

    Un tipo que un día dice, con toda la chulería de la que es capaz, que no va a dimitir porque está trabajando para su país, y al día siguiente presenta su dimisión, ¿qué dignidad puede tener?

    Y si es su jefe el que le ha ordenado dimitir, y después dice que no tenía ninguna intención de destituírle, ¿qué dignidad y qué credibilidad puede tener?

    Es bastante triste vivir en una sociedad en la que se nos llena la boca de palabras como democracia, libertad, justicia, transparencia, progreso, derechos humanos, honestidad, etc., etc., y sea absolutamente imposible saber la verdad de nada de lo que ocurre en los organismos que se supone que representan todos esos valores y a todos los ciudadanos.

    ¡Qué asco dan!

    ¡Sigamos votándoles, para que sigan teniendo coartada y nos la sigan metiendo doblada!

    ¡La risa que les debe dar cada noche al acostarse a todos estos sinvergüenzas!

  2. 2 Malos Pelos
    Martes, 24 febrero, 2009 a las 1:20 am

    No te amargues wallace: está bastante claro, desde hace tiempo, que la política española no es cuestión de principios, sino cuestión de ganar.

  3. Martes, 24 febrero, 2009 a las 4:50 pm

    Javier, análisis de crack. Tu faceta de analista político me gusta bastante.

  4. Miércoles, 25 febrero, 2009 a las 10:20 am

    me parece muy fuerte lo que esta pasando!!! para mi Solbes hace mucho que perdio mi credibilidad!! No lo veo capaz de arreglar algo de la crisis.. hace menos de un año mos prometian el pleno empleo y se supone que ya venia volando la crisis economica,,,pero bueno aun hay gente contenta!!!!! besos

  5. 5 cosechadel66
    Miércoles, 25 febrero, 2009 a las 6:42 pm

    Estoy de acuerdo en que las palabras de justificación del ahora ex ministro, lo único que confirmaron es porque tenia que dimitir. Echar constantemente la culpa a los demás de todos los fallos propios no denota demasiado sentido de la justicia. Es como si te sacam tarjeta roja por hacer un afalta y te quejas del árbitro…

  6. 6 daniel
    Jueves, 26 febrero, 2009 a las 7:20 pm

    He leido este artículo esclarecedor en el confidencial.com…para mí, lo mejor que he leido en meses y sin duda un artículo que traza un camino a la salvacion de este país.
    “”En vísperas de la invasión de Irak, Sadam Hussein sometió su liderazgo sobre la nación a un referéndum. Más del 99% de la población apoyó su continuidad. Obviamente ningún lector dio crédito a la naturaleza democrática de semejante plebiscito. Sin embargo, los líderes de los principales dos partidos de España tienden a ser elegidos por porcentajes superiores al 90% de los “compromisarios”, generalmente por el feudal sistema del “dedazo”, tan criticado en el México Priísta. La Constitución española obliga a que los partidos políticos tengan carácter democrático. Ahora bien ¿lo son en realidad o son tan democráticos como la malograda República Democrática Alemana?

    “Es fundamental pensar como nación, no como facción”, afirmaba en mi anterior columna como requisito previo para poder dinamizar la sociedad en búsqueda de soluciones ante las gigantescas proporciones de la crisis. En sus amables comentarios del foro, se han vertido dos críticas (individuales) contra mis contribuciones, a) que el articulista que firma esta columna “no se moja” y b) que muchas de las propuestas son “brindis al sol”, útiles pero impracticables por culpa de la inmovilidad en la que están inmersos los partidos políticos. En esta última saga de estas tres columnas dedicadas a la propuesta de soluciones ante la crisis intentaré hacer frente a estas dos críticas analizando el tema clave a abordar como elemento previo para iniciar la regeneración social y económica: la democracia interna de los partidos políticos.

    Primero: se establecerá una ley electoral que fuerce las listas abiertas como el mejor garante de la pluralidad y democracia en los partidos políticos, y como elemento necesario para la búsqueda del bien común por encima del interés partidario. “No hay una forma demócrata y otra republicana de recoger las basuras” decía un alcalde de los EEUU. De igual forma, no hay una política “socialista” o “popular” de educar a los niños, hace falta una educación de calidad, que ha brillado por su ausencia. Las listas abiertas forzarán a que el diputado que quiera ganar su reelección trabaje por este objetivo por encima de la lucha partidista, amén de disminuir el peso de los partidos bisagra en los acuerdos de gobierno.

    Segundo: los partidos tendrán una naturaleza genuinamente democrática. Esto implica un sistema de primarias como forma de elección de sus líderes y candidatos. El Tribunal Constitucional será garante de la democracia interna en los partidos, de forma que no sea “democracia sobre el papel”, con potestad de cerrar aquellos partidos que no operen democráticamente. Para evitar las presiones partidistas, los miembros del Constitucional serán nombrados hasta la jubilación.

    Tercero: en una época de sacrificios, el poder político no puede seguir inmune al común de la ciudadanía. Dado que ha sido incapaz durante casi treinta años de dotar de funciones efectivas a una cámara sin atribuciones prácticas como el Senado, se procederá a cerrarlo, de forma que el erario ahorre el gasto improductivo de su funcionamiento.

    Cuarto: en un régimen de listas cerradas, la estructura actual en la que los diputados tienen meses sin sesiones para “tomar contacto con los electores” es un insulto a la inteligencia (¿quién es capaz de nombrar a “su” diputado?). El Congreso de los Diputados tendrá un calendario de funcionamiento igual que una empresa privada: once meses, en jornadas de ocho horas de lunes a viernes. El cargo de diputado será incompatible con cualquier otra actividad de ámbito privado. Los diputados que se ausenten de las sesiones verán reducido su emolumento mensual y dietas proporcionalmente al tiempo no asistido a sus funciones, y a partir de ciertos mínimos, perderán su acta. El Congreso publicará en su web un listado de tiempo de asistencia e iniciativas legislativas por cada diputado, así como los salarios, dietas y beneficios (como fondos de pensiones) asignado a cada uno.

    Quinto: se prohibirán por ley las “cuotas” de los partidos en órganos clave de la nación, como el consejo de la CNMV, el Consejo General del Poder Judicial, la Comisión Nacional de la Energía, las Cajas de Ahorro o el consejo de RTVE. Para asignar las vacantes e volverá a acudir a un criterio de meritocracia como filosofía substitutiva del criterio de partitocracia.

    Sexto: se reformará por ley la financiación de partidos políticos, forzando la transparencia y regulación de sus ingresos y gastos. Sus cuentas deberán ser auditadas y públicas, accesibles en la web de cada partido.

    Séptimo: Cualquier administración pública estará obligada a publicar en Internet el destino último de cada euro que paga un contribuyente, sin agruparse en partidas opacas. También se publicará el volumen de deuda asumido por cada entidad, así como la garantizada en empresas no consolidadas, de forma que cada contribuyente pueda analizar no sólo el resultado de una gestión (como una obra pública) sino la deuda dejada tras de sí.

    Octavo: Una misma persona no podrá ocupar el mismo cargo público durante más de ocho años por precepto legal.

    Hace 200 años España vivía otra situación catastrófica que amenazaba su propia existencia. A pesar de semejante crisis que atenazaba a toda la clase dirigente, sumida en la inacción y en la inutilidad, unas palabras escritas por el alcalde de Móstoles sirvieron para movilizar al pueblo y dinamizar las energías necesarias para que se recuperara la soberanía nacional y se presentara batalla a la descomposición. Ojalá que hoy en día suceda algo similar y tanto pueblo como partidos, ante la gravedad de la situación, asuman que el bien común es una entidad sagrada muy superior a los cortijos de poder.

    Esas palabras fueron: “Vuestra patria está en peligro, acudid a salvarla”.””

  7. 7 aurorafiguero
    Viernes, 27 febrero, 2009 a las 3:58 pm

    Hola a todos: Estoy de acuerdo total, con Daniel. Nadie, podría haber expuesto mejor nuestra situación. Y ta digo, que es lo que yo iba a decir, entre otras cosas, Exigir auditorías constantes, en todas las empresas, y más en las que afectan directamente, a todo lo concerniente a todos los españoles, y así, no nos encontraríamos todos los días, con las sorpresas, de los escándalos financieros, sean del partido que sean. En nuestra guerra civil, entre unas cosas y otras, nuestro oro, se fue a Moscú, y a un montón de sitios más donde fueron los componentes de muchos políticos exiliados, y ahora el tiempo de Paz, se va a las Islas Caiman Suiza, y otros Paraísos fiscales, mientras los ciudadanos, nos quedamos sin un duro, y sin dejar de pagar impuestos. Eso, tiene que acabar, y los gobiernos, que se desangran en sus luchas intestinas, entre los distintos Partidos, que están o quieren estar en el Poder, se dejen de descalificaciones e insultos, entre sí, y hagan cómo el Alcalde de Móstoles: Salven a la nación, de una muerte prematura, y sin sentido para el pueblo. A ver, si dejan de robar unos u otros y de veras construyen una España, donde, la Democracia sea un hecho, y no un sueño, sin zancadillas, de unos a otros, y sin que La Ighlesia, nos esté diciendo a cada momento, lo que podemos hacer o no. Y que ellos también aporten a la causa de los Pueblos pobres, algo de dinero, del que tanto tienen, y han tenido durante milewnios. Y digo, que no hay derecho, a que un señor, viva, en el siglo XXI, en una casita, con once mil ventanas, y los niños muriendo de hambre a milloners. Y SOY CREYENTE. Besos Aurora.

  8. 8 daniel
    Sábado, 28 febrero, 2009 a las 10:24 pm

    Otro artículo revelador,espero q el capi no se enfade por llenarle el post de artículos:

    GENERACIÓN TAPÓN: si destacas, al rincón
    @Esteban Hernández.-

    Nunca llegarás arriba porque los que mandan, gente acomodada, gris y antigua, ejercen de barrera. Nunca llegarás arriba porque tienen miedo a las innovaciones, al talento, a que les quites el puesto. En síntesis, esa es la situación en que, afirman los implicados, vive la Generación Tapón, supervivientes de la segunda fila que Manuel Duarte, ex becario, ex contratado temporal y estudiante de un nuevo posgrado define como “profesionales de la fontanería”. No estamos hablando de ese becario que la empresa destina a llevar cafés y a hacer fotocopias; mas al contrario, “se trata de profesionales preparados que toman decisiones y hacen correctamente su trabajo pero que chocan con el muro insalvable que colocan los de arriba”. Y el problema añadido, asegura Duarte, de sufrir esa barrera, es tener que aguantar que quienes toman las decisiones “se apropien de nuestras ideas, proyectos y trabajos o se mofen de lo que producimos”.

    Sin embargo, desde ámbitos empresariales se ven este tipo de afirmaciones como producto del resentimiento y como prueba del fracaso de personas que carecen de paciencia o que no han sabido superar las pruebas de calidad que la vida les ha ido colocando. De modo que el primer asunto sería preguntarnos si existe de verdad una Generación Tapón o si ésta no es otra cosa que la invención de una mediocridad rencorosa. Para Augusto Zamora, profesor de Derecho internacional en la Universidad Autónoma de Madrid, no hay manera de ponerla en duda: “las estadísticas mandan y son muy evidentes”.

    Coincide el bloguero y periodista de La Voz de Galicia Nacho de la Fuente: “por supuesto que existe una Generación Tapón. Nunca hubo tantos profesionales tan bien preparados como ahora y con tantas ganas de progresar en sus trabajos y empresas. Y es algo que sucede en todos los sectores profesionales, pero especialmente en aquellos en los que hay mayor competitividad y donde la creatividad es un valor añadido”. Que son, además, aquellos en los que más patente se hace la distancia entre los discursos y las prácticas, entre lo que se dice y la realidad cotidiana. En España, señala de la Fuente “si alguien destaca en alguna faceta de su trabajo, lo normal es que sus jefes lo desplacen de forma sibilina para que no les cause problemas y para que no suponga un peligro para sus puestos. En otros países, como es el caso de Estados Unidos, al que destaca le aplauden y le recolocan para que sus habilidades vayan en consonancia con su puesto de trabajo”.

    Las consecuencias inmediatas de la existencia de tal barrera son de orden material. La situación típica sería la del treintañero mileurista y con hipoteca que malvive en los estratos inferiores de la empresa rogando no quedarse sin trabajo. También afecta, según de la Fuente, a quienes rozan o superan los 40 años, que están viendo cómo sus oportunidades se disipan con el paso del tiempo “porque encima de ellos hay una generación que no sabe o no quiere darles protagonismo”. Y sería también el caso de jóvenes que están en la frontera (por arriba y por abajo) de los 30 y a los que, asegura Duarte, “los términos mileurista e hipoteca les quedan demasiado lejos. Para muchos de nosotros, ochocientoeuristas/novecientoeuristas, adquirir una casa es más una utopía que una posibilidad real”.

    Hablamos, pues, de un sector de la población que creyó que los estudios les proporcionarían un trabajo acorde con su formación, que entendía las situaciones precarias como una inversión para el futuro y que no llegó a ver los réditos de tales esfuerzos. “Nos inculcaron la idea de la meritocracia e invertimos nuestros años en acumular títulos. De hecho, una gran mayoría sufrimos de “titulitis peterpaniana” intentando acumular diplomas y especialidades porque pensamos que de algo nos servirá el día de mañana. Pero el mañana llegó ya hace años”.

    Inmovilismo en las empresas

    Y es que no estamos hablando de un contexto de precariedad momentánea ni de un tránsito obligado antes de ascender en la empresa, sino de un escenario definitivo que afecta por igual a todas las edades. Se trataría de que tales barreras son parte de una estructura empresarial burocrática en la que, según de la Fuente, lo mejor para ascender es no destacar demasiado, no plantear problemas y hacer siempre lo que nos ordenan. “Después de hablar con mucha gente llegas a la conclusión de que cuando alguien mejora en su puesto casi siempre es porque ha realizado política de despachos y porque se somete a lo que le dictan sus jefes en cada momento sin tener un criterio profesional propio. Eso de aportar ideas nuevas o de cuestionar ciertas estrategias está muy mal visto, aunque de cara a la galería se diga lo contrario”.

    La génesis de esta situación tuvo lugar, según Augusto Zamora, en la época de la Transición, cuando gracias al proceso de fortalecimiento estatal hubo infinidad de plazas disponibles que eran inmediatamente ocupadas por quienes salían de la universidad. “Con las reformas de la España democrática en marcha y con una economía en transformación, con los funcionarios del franquismo jubilándose y con la llegada de nuevas necesidades para el régimen democrático, hubo un sin fin de oportunidades para la generación de los 70”. Desde entonces, según Zamora, nadie se ha bajado del sillón. Así ha sido en el Estado, “donde quien está aposentado en un puesto de trabajo vitalicio no lo suelta”, pero también en el mundo de la empresa, donde se ha consolidado un estrato dirigente formado por “ejecutivos con salarios obscenos que pueden ir sin problema de una empresa a otra”. Duarte coincide en cifrar la Transición como el momento en que surgió “una elite aburguesada que copó los puestos que el nuevo sistema político posibilitaba. Así, quien era director de algo ha podido ser director de todo y permanecer inalterablemente en su puesto de trabajo. Hoy siguen en esos lugares, taponando”.

    Y lo seguirán haciendo. Según Zamora, estamos hablando de una situación estructural, ya que hemos pasado de un contexto en el que el empleo quedaba asegurado mediante la formación universitaria a otro en el que una licenciatura es una fuente segura de desempleo. “En muchas carreras, el 80% de los egresados no trabajan en lo que estudiaron. Al estar todo ocupado, quienes salen de las facultades se tienen que quedar con lo residual, es decir, con los puestos con salarios que oscilan entre 700 y 1.200 euros”. Y el problema se agravará en los próximos años, en tanto, asegura de la Fuente, en estos tiempos de crisis “hay tolerancia cero a la hora de contratar nuevo personal. Por ello, los jefes seguirán siendo jefes y los subalternos perderán su oportunidad de escalar posiciones o que, al menos, puedan ser escuchados por sus superiores. Se consolida eso de “el que se mueva no sale en la foto”.

    Un inmovilismo que perjudicará a las empresas tanto como a sus trabajadores, en la medida en que se están perdiendo posibilidades de producir más y mejor. Así, asegura de la Fuente, “mucha gente no está en el puesto en el que podría ofrecer lo mejor de sí porque se tiene miedo a que destaquen a nivel profesional: los de arriba tienen miedo de que los de abajo les hagan sombra”. Además, prolongar esta clase de situaciones provoca la desmotivación de muchos profesionales, que no encuentran aliciente, más allá de lo puramente alimenticio, para realizar un trabajo “donde rara es la ocasión en la que se les escuche o, simplemente, se les anime. Cuando los reproches son habituales y los halagos se quedan en la excepción, es que algo falla”.””

  9. 9 luis
    Martes, 10 marzo, 2009 a las 1:22 am

    espero q a solbes no le de igual q a pimentel por arruinar empresas cuando deje el ministerio. ya estan arruinando suficientemente españa, uno como ministro de economia, y el otro ex ministro como “empresario”. esta visto q los q son politicos no sirven sino para eso, para vender humo. le deseo a solbes q se vuelva a la universidad q alli se esta bien en estos tiempos de “desaceleracion”.


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