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Mar
09

El año que murió El Tomate

invitacion

“Crónica Televisiva del año en que murió el Tomate”  (editado por Netbiblo) es el título del libro de Susana Aloseste (Chicadelatele) que mañana por la tarde (16 de marzo) presentaremos en Madrid. Allí estaremos Susana, Concepción Cascajosa (profesora de Comunicación Audiovisual de la Carlos III), Gonzalo Martín (especialista en nuevos medios audiovisuales), Jesús Moreno (Subdirector de contenido multimedia de Antena 3) y el que suscribe. Será a las 19.30 en el Aula Magna del IE Business School (María de Molina, 11, Madrid). Me tomo la libertad de invitar a quienes estén interesados, que deben llamar al teléfono que figura en la invitación.

Susana me pidió un prologo para el libro. Lo reproduzco a continuación para quien le pueda interesar (es mejor leerlo en el libro de Susana). 

 

“Cuando Susana me pidió que escribiera este prólogo acepté sin saber muy bien por dónde encauzarlo y, cuando finalmente me enfrenté a la tarea de redactarlo, me di cuenta de que no tenía nada claro su contenido, por mucho que la televisión haya sido una de las patas en las que se ha apoyado mi carrera profesional. Es evidente que, al igual que hace Susana en su blog, puedo dar mi opinión sobre lo que programan las cadenas de televisión, pero sería redundar en lo que ella nos ofrece en el libro y, por tanto, más allá de una valoración general, creo que no debe ser lo que yo cuente en este prólogo.

Sí me apetece comentar que mi consumo televisivo cada vez más ha quedado reducido a los eventos deportivos, algunas series que me gustan y, en menor medida, los informativos. Más allá de estos productos, cada vez me cuesta más ver un programa completo de televisión (por no decir imposible), algo que supongo que tiene que ver con la deriva que ha tomado el medio en los últimos años y que a mi, sinceramente, no acaba de gustarme. Estoy harto de reality shows, de ver la exhibición impudorosa de las bajas pasiones cuando no de las psicopatías, estoy harto de que en la televisión casi sea imposible ver a un  artista consagrado en tanto que se nos llena la pantalla de aspirantes a serlo llorando cada dos por tres, estoy harto de ver cómo la audiencia puede encumbrar a una gata maullando en detrimento de un verdadero talento de la canción, me canso de bailarines famosos, me resulta cada vez más irritante la pléyade de jurados que se mueven entre la humillación sinsentido y el sentimentalismo bobalicón, me aburre soberanamente el famoso de tercera desnudando su patetismo personal frente a un tribunal de presuntos periodistas que se mueven al olor de la impudicia, me parecen un insulto a la inteligencia presuntos programas de análisis y debate que han optado por el “patiñismo” como forma de conducir el diálogo… en definitiva, echo mucho de menos la apuesta por el talento, por el humor y por las personas que tienen algo que contar. Y, por si fuera poco, al contrario que el noventa por ciento de los españoles, no veo los documentales de La 2 ni los de National Geographic, a no ser que la casualidad me los ponga delante y me enganchen.

En consecuencia, dado que soy un profesional del medio, que este medio me gusta y que lo que se me ocurre decir sobre su presente no es del todo bueno, he preferido huir de un análisis más detallado de la oferta actual para intentar reflexionar un poco sobre el futuro, algo que tampoco resulta sencillo porque estamos inmersos en un periodo de cambio, con el apagón analógico a la vuelta de la esquina, la proliferación de canales en la TDT, el creciente peso de internet en la oferta de contenidos audiovisuales, variaciones en los patrones de consumo de la gente y, por si fuera poco, en mitad de una crisis económica que acaba extiendo sobre todo una pátina de pesimismo. Como profesional ando un poco desorientado, no acabo de saber hacia dónde nos encaminamos y no me siento capaz de hacer un ejercicio adivinatorio sobre cómo será el mapa televisivo de aquí a pocos años. Por esa razón, sólo me atrevo a apuntar algunas líneas para la reflexión, que tal vez nos puedan dar alguna pista del camino por el que dentro de poco estaremos transitando.

Un primer elemento a tener en cuenta es que los espectadores empiezan a no ser un grupo homogéneo. No me refiero a sus gustos televisivos ni a sus horarios de consumo televisivo, sino a su forma de aproximarse a los contenidos audiovisuales. Es evidente que hay una generación que seguirá viendo televisión al modo clásico, en el salón de casa o como mucho en la habitación, con el mando a distancia en la mano, esperando a que emitan lo que quieren ver, haciendo zapping durante los anuncios y utilizando su poder hipnótico para conciliar el sueño. Tan cierto como ello es que hay otro grupo de gente, entre la que me incluyo, que sigue consumiendo contenidos televisivos al modo tradicional y que, al mismo tiempo, empieza a buscar contenidos audiovisuales a través de la red, en un empeño (no siempre fácil) de no perder ese tren que acaba de arrancar y que, en breve, se va a convertir en un “ave” lanzado a plena velocidad. Al mismo tiempo, quienes tenemos hijos comprobamos que prácticamente han dejado de ver los canales tradicionales de televisión y que la mayor parte de su consumo lo realizan ya a través de la red, donde la conversación se entremezcla con los contenidos.

Es evidente que el mercado acabará generando oferta para todos. Pero si hoy esa oferta todavía está canalizada para atender básicamente a los dos primeros grupos, en breve asistiremos a una carrera para ofrecer contenidos a los que ya se vuelcan en internet, algunos de los cuales son productos tradicionales ofrecidos a través de este nuevo canal en tanto que otros obedecerán a una concepción específica para su difusión por la red, una red en la que convivirán los contenidos generados por los usuarios con una creciente profesionalización de la oferta.

Esto, que parece un ejercicio teórico, tiene implicaciones prácticas en nuestro día a día. La conversación sobre la televisión hace unos años era la típica del café en la oficina. ¿Viste ayer lo que paso en el tal programa? Unos lo habían visto, otros no, otros casualmente tenían una increíble puntería porque su zapping siempre les llevaba a los momentos más intensos… Ahora esa conversación con mucha frecuencia se desarrolla en internet y un link te permite ver ese justo momento porque el contenido ya está disponible para cuando tú quieras verlo, para cuando alguien te sugiera verlo. Podemos pensar en otros ejemplos del día a día. A mi me gusta Dexter, por ejemplo, y he programado un DVD con disco duro para no olvidarme de grabarlo y saltarme la publicidad cuando lo veo. Un día paso mi hijo por el salón se quedó un ratito y le gustó el personaje. Se fue y en los días siguientes vio la primera temporada de Dexter y la segunda, que era la que yo estaba siguiendo y que dejé de ver porque un día, con las obras del edificio, se fue la luz, se desprogramó el DVD y me perdí en la trama. Así que me toca seguir el sistema de mi hijo para reengancharme a la serie, aunque ello suponga hacerlo en la pantalla de mi ordenador.

Por tanto, esto no es un ejercicio teórico, sino que es ya la realidad. El peso que cada uno de esos grupos de televidentes signifique en el consumo y la importancia comercial de los mismos será lo que, a mi juicio, va a ir determinando la velocidad del cambio y la forma en que se provean los contenidos. Y junto a ello creo que iremos asistiendo a una nueva forma de  entender y de hacer  la publicidad que, al final, es la fuente de la que todos quienes participan en este negocio tienen que acabar bebiendo directa o indirectamente.

Estos cambios son de una importancia capital, por cuanto una primera consecuencia va a ser (es ya) la creciente fragmentación de la audiencia. Desde hace años, estamos comprobando cómo las grandes cadenas vienen perdiendo cuota de mercado y cómo los que antes sacaban la guadaña cuando se bajaba de un veintipico por cien, ahora suplican al señor para que les conceda algo por encima del quince. Y eso irá a más para las cadenas que van del uno al seis (para algunas un diez por ciento de share es ya una cifra soñada) y para las autonómicas. La gente va a ver esas cadenas, las de la TDT, las del cable o el satélite o las que le dan con  la oferta del teléfono y, además, lo que le dé la gana en internet. Y en la red se podrán ver los mismos contenidos que se ofrecen en los canales de toda la vida así como otros específicos desarrollados por canales online. Pero es que, además, la lógica nos hace pensar que quien quiera tener una presencia significativa en internet (medios de comunicación, empresas, instituciones…) van a tener que generar contenidos audiovisuales para resultar atractivos. Es decir, que la oferta se va a multiplicar por ene (sin contar con los contenidos de internet que generen los usuarios) en tanto que los consumidores se van a mantener más o menos estables.

En ese mercado fragmentado, parece lógico pensar que las grandes producciones televisivas para mercados internacionales van a seguir teniendo su espacio, aunque posiblemente tendrán que modificar sus esquemas de comercialización. Las grandes series americanas, por ejemplo, han visto como la red ha reforzado al producto, en la medida en que generan conversación, provocan que los internautas se reúnan en torno a su trama preferida, dan lugar a blogs dedicados a ellas… es decir potencian un producto que con la televisión convencional perdía parte de su potencial. Seguirán llegando a un mercado muy amplio aunque para ello tendrán que diversificar su forma de entrar en contacto con sus seguidores.

Fuera de ese tipo de producción, sin embargo, la fragmentación de la audiencia va a tener una consecuencia directa en la forma de entender la producción audiovisual. Los grandes presupuestos podrán existir para pocas producciones y el resto va a tener que ajustarse a un esquema de costes radicalmente distinto. Muy pocos canales van a poder soportar que el mero hecho de encender la parrilla de luces de un plató cueste lo que cuesta actualmente (por decirlo de una forma gráfica) ni tendrá sentido que para hacer cualquier programa sea condición sine qua non disponer de cinco cámaras y una cabeza caliente.

Algunos dirán, y no les faltará razón, que entonces vamos a una televisión de peor calidad. En alguna medida es cierto y no hay más que ver cómo se realizan algunos programas en los canales de TDT, con un look de cadena local pobretona que a veces provoca hasta una cierta ternura. De igual modo, es muy probable que veamos cómo se rellenan parillas con productos comprados a precio de saldo y cómo proliferan más si cabe esos cutreproductos vinculados a llamadas telefónicas. Lo anterior puede parecer desolador, es cierto, pero también creo que este cambio en el mercado ofrece interesantes oportunidades para hacer cosas nuevas.

Para esa generación que ya consume contenidos audiovisuales a través de internet, la calidad de una producción ya no depende de un alarde de medios técnicos. Evidentemente, una gran serie los necesitará, pero para ellos lo que es moderno es lo que ven en internet, contenidos en los que a veces no hay más que una cámara, algo que no es tan importante si la idea que hay detrás vale. Y no sólo vale para ellos, porque otro dato que de idea de la primacía del contenido sobre la forma, es el creciente recurso de las televisiones tradicionales a contenidos de internet, lo que da lugar a espacios con una calidad de imagen cuya emisión hace unos años hubiera sido considerada un pecado mortal contra el respeto a la profesión. Lo que es significativo de este hecho es que si la idea, si el contenido es bueno, la realización queda en un segundo plano. Dame algo que me interese y hazlo con la calidad que puedas, pero insisto, que me interese.

La ventaja de esta forma de pensar es que las barreras para el lanzamiento de nuevas propuestas cambia de forma significativa. El riesgo que asumía un canal al producir una idea novedosa al coste tradicional era alto y por esa razón tantas buenas ideas acababan sus días en un cajón. El riesgo de dar cancha a una nueva idea en un esquema de costes radicalmente distinto es mucho menor y, por ello, creo que el talento va a encontrar un campo mucho más amplio para desarrollarse que hasta ahora. Eso es, para mi, lo más alentador de los cambios a los que nos enfrentamos. Para añadir medios siempre hay tiempo si llegan los recursos. Y para un profesional resulta mucho más alentador ese panorama que la paupérrima tendencia a copiar formatos que funcionan en otros lugares o en otras cadenas.

Otra ventaja es que la tecnología viene al rescate. Quienes hemos hecho televisión online sabemos que podemos dar calidad HD en un pequeño plató con una iluminación ajustada y que nuestra sala de edición no es más que un ordenador. Lo mismo le pasa a un joven animoso e inquieto que decide probar una idea que le rondaba la cabeza para un corto que cuelga en Youtube. El cambio tecnológico va a ir a más y va a permitir una reducción muy importante de costes para quienes entiendan que hay que adaptarse a una nueva forma de producir. Cuando hacía El Noticiero en Mobuzz.tv, en alguna entrevista dije que éramos artesanos en el entorno de la alta tecnología, una tecnología que nos permitía hacer el producto con nuestras propias manos y sin depender de grandes estructuras.

El problema de todo esto es que, por ajustados que sean los costes, de algún lugar tiene que salir el dinero para alimentar la industria. La publicidad, que históricamente ha soportado la televisión, tiene que evolucionar en paralelo. Todavía se entiende que emitir un spot en un bloque de publicidad del que la gente huye es la mejor forma de realizar una campaña y de alcanzar notoriedad. Ese modelo tiene que evolucionar a un esquema distinto en el que publicidad y contenidos tienen que ir de la mano. Conseguir que el consumidor acepte la publicidad porque se le proporciona un contenido que le interesa es, bajo mi punto de vista, el camino. Además deberá tenderse a una planificación de campañas que, con la fragmentación de audiencias, permita mucha mayor puntería en los impactos publicitarios, que podrán dirigirse con más eficacia a los segmentos interesantes para una empresa.

De momento esto no son más que unas reflexiones de un profesional desnortado y quién sabe si lo que he escrito es tan sólo una pieza de prólogo-ficción. Los próximos años dirán si me he acercado algo al futuro de esta industria o no. El presente se encuentra en este libro, en la mirada certera de Susana, que en muchos de sus post apunta alguno de los temas de he apuntado en este prólogo. Por otra parte, habrá que hacer una loa de su santa paciencia, que le permite escribir día tras día de una televisión en la que conviven algunos productos de calidad con otros muchos que dan mucho que pensar sobre la condición humana. Y las conclusiones, por cierto, suelen ser un tanto desoladoras.”


8 Responses to “El año que murió El Tomate”


  1. 1 cosechadel66
    Lunes, 16 marzo, 2009 a las 1:38 am

    Me parece un lúcida aproximación al panorama actual de la comunicación audiovisual. Tan sólo indicar que, lamentablemente, en España se produce, a mi entender, una falta generalizada de comprensión de lo que está pasando a nivel empresarial. No sólo es importante que pretendan aprovechar las nuevas tecnologías, sino que sepan como hacerlo, algo que tiene que hacer que cambien radical su manera de entender el negocio, volcado al autobombo y al enfrentamiento con los demás medios de su entorno. No todo puede entenderse como causa para un amplio margen de beneficio, o como justificación ante unos accionistas que, no nos engañemos, son en principio los mismos siempre. El riesgo en el lanzamiento de nuevos productos, de nuevas propuestas, no debe hacerse de espaldas a esa audiencia que describes, cuando no criminalizandola. La gente no sólo se baja contenidos de Internet por su gratuidad, sino tambien por que ello les da el control sobre la imformación o el ocio que reciben.

    Un saludo, Capi

  2. 2 ELECKTRA22
    Lunes, 16 marzo, 2009 a las 3:16 am

    Hola Capi, ya me gustaría estar allí para la presentación del libro, pero me es imposible. Que pena que sea mañana, ya que lo tengo comprometido.😦

    Pero estoy de acuerdo con lo que has dicho. Yo apenas veo la televisión, por que me aburre muchisimo, siempre están los puñeteros programas de marujeo. No los aguanto. Así que me paso todo el día en el ordenador visitando tiendas, viendo vídeos, u oyendo la radio por la red.
    Y si aún así me aburro, me pongo un videojuego o escucho mis discos y paso el día mas entretenida. A no sea que alguna amiga me llame por teléfono para charlar. Pero de la tele, solo la veo para la la hora de comer o de cenar.

    2 BESOS CAPI Y UN SALUDO PA’ LOS DEMAS.

  3. 3 ELECKTRA22
    Lunes, 16 marzo, 2009 a las 3:20 am

    Por cierto Capi, en una de las fotos aparece Miguel Angel silvestre…..Ainnss….PERO QUE BUEENNOORROO ESTA MI DUQUE.🙂

  4. 4 aurorafiguero
    Martes, 17 marzo, 2009 a las 12:37 pm

    Lola Capi: Me alegra mucho tu participación en el libro, y el prólogo que has puesto. Querría haber podido ir y saludarte, pero me fue imposible, porque cuando lo leí, ya era tarde, y esperaba a mi nieto, pero te felicito por ello; debió ser muy interesante. Corroboro, todo lo que cuentas sobre la televisión, aunque sea uno de tus medios de vida. Esa Televisión, de los primeros tiempos, que fue nuestro solaz, y que nos dio tan buenos momentos, hace años, ahora, siento decirlo, pero salvando algún que otro programa, es pura y simple BASURA. La lucha por el share, a costa de lo que sea, los programas del corazón, me dan náuseas, (ya lo he dicho otras veces) , los telediarios, que muestran, este horrible mundo, de desastres muertes desgracias contínuas, sin un sólo atisbo de esperanza, incluídos los niños asesinos de maestros y compañeros, los concursos de cantantes, (Horror, se avecina la novena edición de OT, El gran hermano, y los que dirigen los castings, mofándose de los chicos, que no los dejan acabar ni una estrofa, y les atacan, cantando “A pelo” sin dejarlos terminar, en el mejor de los casos, y en el peor, humillándolos, los profesaores y jurados, cómo en FAMA, que no les falta a los pobres nada más que cuando les mandan dar un paso al frente, decir: !!!SEÑOPR; SÏ SEÑOR!!!! ocon una grosería sin parangón, a Risto, ponerlos a parir, mientras bebe los vientos por la finalista. No pienses, que yo veo más de un rato estos engendros, es que me avisan para ver un momento de ellos, porque saben el odio que me provocan. Y luego, si pasamos a la política, lo vergonzoso de todo lo que la envuelve; insultos, descalificaciones, culpas en vez de Las Cortes, parece una pelea de gallos, sólo partidismos, no, trabajo por el PUEBLO; sólo, por el poder. Sólo he visto con placer, los programas en los que puedes aprender algo útil, que siempre es bueno saber. Echo de menos los tuyos, y veo CIFRAS Y LETRAS, y algún otro que me enriquece, y no me aturde. pero para mí, la tele es sinónimo, de vergüenza y tortura, y prefiero un buen libro, o cuando puedo, una buena película, que no haya visto. Eso es todo. Suerte con el libro, y lo leeré. besos para tí y el personal.AURORA:

  5. 5 daniel
    Martes, 17 marzo, 2009 a las 7:00 pm

    Las crisis son buenas para casi todo, épocas de cambios, pero dudo que esta crisis desplace a los que deciden sobre los medios. Las mismas productoras serán las que decidan el escenario, los mismos equipos de guionistas plagiarán o harán esos cambios que ningún juez podría condenar, la publicidad la controlarán las mismas agencias, y la televisión, nuestra televisión seguirá pagando a los de siempre por hacer lo de siempre, contenidos.
    La crisis castiga al débil y beneficia al fuerte, pero ojalá me equivoque, y se produzca tu Utopía.
    Saldos a todos

  6. 6 wallace97
    Martes, 17 marzo, 2009 a las 9:51 pm

    Capi, ayer me pasé por la presentación del libro. Me interesaba escuchar las opiniones de los profesionales del medio que me tiene obsesionado. Quería confirmar de boca de los protagonistas los cambios que se avecinan, ver qué pensáis sobre el futuro de la comercialización publicitaria, etc…

    Desgraciadamente, los cambios se darán sólo en el envasado, pero no en el producto ni en la finalidad del medio. No es que esperase otra cosa, así que no salí decepcionado.

    Se habla del soporte de los contenidos, cuando el problema son los contenidos. En fin, sigamos soñando con la creatividad a la que tú apelabas como elemento imprescindible. Me gustó mucho una idea que allí se señaló, y que creo ampliable a todos los ámbitos de la vida: no es necesario hacer todo lo que se puede hacer.

    Tenía intención de haberte saludado, pero al final opté por no molestar, que es el primer mandamiento para con las personas de bien. Estabas en animada conversación con los ponentes y no quise interrumpir.

    Un saludo desde aquí.

  7. Miércoles, 18 marzo, 2009 a las 9:20 am

    bueno me hubiese encantado pasar por alli pero el curro es el curro… bueno a mi me gusta fama y house..pero para gustos los colores… suerte con el libro!! feliz dia

  8. 8 Malos Pelos
    Jueves, 19 marzo, 2009 a las 12:12 am

    Hola a tods,
    Bueno, yo he leído un poco por encima todo esto y os expongo mi opinión que más o menos está basada en lo que veo por mis amigos y conocidos. Lo que veo es que mucha gente lee las noticias en internet, sobre todo El Mundo; también se baja las series que les gustan con la mula y las ve por la noche en la pantalla del pc o en la tele si tienen una de las que ya empiezan a abundar a las que se les puede meter directamente el USB sin necesidad de andar grabando en DVD y todo eso que se hacía ayer. Capítulo aparte me parece el tema de la WII y de esos canales temáticos que tiene. Bueno, os explico, la Wii es una consola de juegos, como ya sabéis, pero a través de WIFI se conecta a internet y puede reproducir ciertos canales temáticos de contenidos muy básicos (noticias, tiempo, etc)…… pero eso era lo que se podía ver en internet hace pocos años y fijaros ahora en lo que se ha convertido. Ventaja de la Wii es que no se cuelga como lo hace un PC y que su manejo es completamente intuitivo, de modo que uno no necesita tener ni remota idea de informática ni de nada para poder ‘navegar’ por los distintos ‘contenidos’ que se ofrecen a través del aparatito en cuestión. Yo en eso veo un gran potencial, ya que a la gente lo que le tira para atrás en internet es que se necesite un ordenador para poder acceder, y consecuentemente ciertos conocimientos de informática básica. Si los contenidos de internet pueden llegar a través de este tipo de aparatos, llamémosles ‘consolas domésticas’, la cosa cambiaría de la noche a la mañana y creo que por ahí van a ir los tiros. Quien sepa verlo, pillará tajada. El primero que logre colocar un navegador (supongo que será el “google chrome”) en una de estas consolas o directamente en una tele, al igual que ahora se ofrecen con el TDT incorporado, se llevará el gato al agua. Entonces no se necesitará ya el ordenador si no es para crear contenidos… en fin… ya se verá…


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