05
Ago
11

Una historia sin final

El mar estaba embravecido y le arrastró la ola. Después de perder la orientación consiguió encontrar el suelo y ponerse en pie. Había sido un error de cálculo. Sólo había que concentrarse un poco más y lanzarse contra la ola en el momento adecuado. Así pasaron cuatro o cinco y nuestro amigo creía que ya todo estaba resuelto, que este iba a ser un día divertido de palya, hasta que se confió y le arrastró otra ola. Volvió a desorientarse y esta vez, cuando consiguió recomponerse y alzar el cuerpo, tenía otra encima que se lo volvió a llevar. Y así varias veces. Nadie en la playa se atrevía a ir a por él, las olas eran muy grandes y la resaca tremenda. Sólo quedaba la esperanza de los socorristas, pero la crisis era muy grande y este año la playa no los tenía. No me han contado el final de la historia, no sé si al final se lanzó alguien a por él ni si logró salvarse. Pero tenía mala pinta.

La situación de la economía española se puede representar con una historia como la de arriba. Pasan los meses y aumenta la desesperanza. Pasan los meses y los problemas económicos regresan con más intensidad. Son los mismos de hace algún tiempo, agravados porque avanza el tiempo y cada vez resultan más difíciles de solucionar. Nos movemos en un círculo vicioso: se duda de nosotros, no resolvemos las dudas, como consecuencia de ello cada vez nos resulta más caro financiarnos y, si ya generábamos dudas, teniendo que hacer frente a intereses más altos se “reduda”  porque la carga adicional de ese mayor coste es una losa más que pesa sobre nuestra credibilidad. Y vuelta a empezar. Se han tomado decisiones mal y tarde, aparecen grietas nuevas como la deuda de las comunidades autónomas, nos esperan unos meses de interinidad y nos movemos sobre el alambre con el riesgo de caer en cualquier momento.

Es posible que nuestros problemas estén magnificados por un sistema financiero global en el que algunos ganan mucho mediante la especulación. Es posible que las agencias de calificación acentúen el circulo vicioso de la duda-encarecimiento-más duda-más encarecimiento. Es cierto que la Union Europea es lenta y no está a la altura de las circunstancias, así como que la moneda única limita la capacidad de actuación en momentos como esté. Es posible y cierto todo ello, pero igualmente lo es que el panaroma de la política interna resulta desolador.

Se nos avecinan años difíciles, no sólo por cómo pueda acabar esta crisis de la deuda, sino porque tenemos un diseño de estado que no podremos pagar, que hace agua por muchos sitios y que necesitamos reformar a fondo. Hemos llegado hasta aquí aupados en la cresta de la ola de un crecimiento económico con fecha de caducidad, pero se nos olvidó mirarla y de repente nos quedamos compuestos y sin crecimiento ni empleo ni superávit ni dinero para afrontar el monumental coste del estado, los miniestados autonomías y los miniestados ayuntamientos.

Decía que el panorama político reulta desolador porque nadie da un paso responsable al frente, deja de lado los cálculos partidistas y electorales y se va al de enfrente a decirle: amigo, o achicamos agua juntos, o la barca se nos hunde. Me sorprende y casi me escandaliza que en estos días de agosto no hayamos asistido a una reunión Zapatero-Rajoy o, si me apuran, Zapatero-Rajoy-Rubalcaba con el objetivo de pactar un paquete de medidas extraordinarias para hacer frente a la grave situación en la que estamos, aceptar el coste político que eso pueda suponer todos juntos, y dar una imagen de país unido y decidido a los famosos mercados. No parece que haya habido ni tan siqiera un amago.

Pero más allá de esta crisis de agosto, lo que debemos entender todos es que necesitamos años de consensos para sentar las bases del futuro de nuestro país, para racionalizar un entramado institucional lleno de duplicidades, sobrecostes, irresponsabilidades, absurdos… El próximo gobierno deberá tomar la iniciativa, pero necesitará del acuerdo de la oposición para poder llevar a cabo reformas muy profundas que deberán afontarse al principio de la legislatura para que los siguientes cálculos electorales no las vuelvan a aplazar sine die. Ya no hay más aplazamientos posibles si no es que lo quereremos sea aplazar el futuro de España, el nuestro y el de nuestros hijos. Este es un momento para gente que no sé si tenemos.


3 Responses to “Una historia sin final”


  1. 1 Santi
    Viernes, 5 agosto, 2011 a las 1:08 pm

    Tienes toda la razón Capi.
    Tenemos un modelo de estado que no se sostiene y un sistema político que está hecho a medida de este sistema dañino.
    Más grave aún que el sistema que tenemos, es que en los partidos políticos el objetivo número 1 es el llegar al poder, y muy por detrás de este objetivo está el bien común.
    Añadiría, que en estos cuatro últimos años ha sido mucho peor la irresponsabilidad y la falta de altura de miras del PP que el mal gobierno del PSOE.
    Pero claro que se puede esperar de un partido que, cuando el destino le planteó la mayor tragedia humana de la democracia y con 200 muertos aún calientes encima de la mesa, sólo pensaba en no perder las siguientes elecciones.

  2. Viernes, 5 agosto, 2011 a las 3:18 pm

    Qué curioso es leer un artículo y lamentar estar de acuerdo con él. Pero así es.
    Estamos en una época de cambios. Los políticos pretenden hacernos creer que esto no es más que una crisis pasajera, que antes o después todo volverá a ser como antes. Pero no es así. Este juego absurdo de PP-PSOE no nos va a sacar de nada, y no va a poder durar mucho más. A Europa le espera un futuro difícil, América (ojo, toda América, no sólo EEUU) y Asia van a dirigir el mundo por los próximos tiempos, y el viejo continente no tiene mucho que ofrecer. El crecimiento sostenido o la dependencia del petróleo son pilares de nuestra economía a todas luces caducos, y antes o después la población se dará en las narices con una realidad desde la que ya no se puede volver a “lo de antes”. Es época de cambio. Confiemos en que, antes o después (y me temo que no el 20N), surjan los líderes adecuados.

  3. 3 Daniel
    Viernes, 5 agosto, 2011 a las 3:51 pm

    Cierto, Javier. El panorama es desolador. Tenemos unos políticos que no se arremangan y solo piensan en ponerle trabas al otro. No se dan cuenta que quien paga el pato somos los humildes ciudadanos que no tenemos culpa alguna. Los especuladores, brokers y los políticos han jugado con nosotros como si fueramos titeres. Es una verguenza y un escándalo. No se mira por el ciudadano. Se mira por la pela. Sincieramente opino que El gobierno (este y el anterior) han sido unos inútiles por las tropelerías que han hecho y por su falta de previsión y falta de actuación. Es lamentable


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