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El desprestige de la justicia

 

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La sentencia del Prestige chapapoteará en nuestra cabeza y durante mucho tiempo. Que la sentencia llegue once años después del accidente es un dislate. A ninguno se nos han olvidado las imágenes de la desolación de aquellos días, las playas teñidas de negro, los animales muertos, los voluntarios eliminando aquella viscosidad pegajosa con sus propias manos, envueltos en un olor que no olvidarán jamás, los pescadores expulsados del mar de su vida, la tristeza de los vecinos ni la solidaridad de los ríos de gente que fueron a dar a la orilla del mar. Once años que no han podido borrar el amargo recuerdo, que hoy amarga más por una sentencia que se puede resumir en tres frases: “así es la vida, qué le vamos a hacer”, “si es que el mar es lo que tiene” y “¡jo, mira que hubo mala suerte!”. Impotencia es lo que sugiere la sentencia que sintieron todos los que pudieron hacer algo en aquel momento (es que no había nada que hacer, oiga), e impotencia es lo que sentimos los ciudadanos abochornados ante una decisión judicial que no alcanzamos a comprender.

¿Para esto hacían falta once años? Porque la sensación que uno tiene ahora es que cada año que ha pasado la tomadura de pelo ha ido aumentando de tamaño. ¿Once años de espera para la nada? ¿Once años para que la culpa la tenga el mar y sólo el mar? ¿Once años para que se nos diga que lo único que se hizo mal fue demorar tres horas el remolque del barco por parte de su capitán? ¿Once putos años? Yo no sé de derecho, ni sé de leyes, ni sé de ingeniería naval, ni conozco los protocolos (si existen) de actuación en caso de un accidente de este tipo. Lo que sí sé es que si esto sucedió fue porque alguien hizo algo mal, aunque sólo sea que esa chatarra flotante remozada surcara los mares con un cargamento tan potencialmente peligroso. Y, a partir de ahí, podemos añadir otros errores más. No hay responsabilidad penal, no hay responsabilidad civil, es decir, no hay responsabilidad. Eso es lo más triste, que no hay responsabilidad y no pasa nada. Y que si mañana el mar se ceba con su mala intención en otro Prestige habrá que darse por jodidos, porque así es la vida y el mar es lo que tiene.  Ahora hay que prepararse a oír argumentos de todo tipo, entre los que habrá muchos que hablarán de una sentencia perfectamente fundamentada, ya lo veréis. Como la de la doctrina Parot y otras muchas. Pero cuando hay tantas sentencias tan bien fundamentadas que nos indignan, igual lo que hay que cambiar son los fundamentos de la justicia.Hoy es un día más en el desPrestige de la justicia. Que alguien lo pare, por favor.


1 Response to “El desprestige de la justicia”


  1. Jueves, 14 noviembre, 2013 a las 9:33 am

    Hay otra posibilidad.Que los absueltos ayer no tengan efectivamente culpa de nada -aunque la condena al capitán que se quedó hasta el final a bordo es de lo más cínico visto nunca- y que no tengamos forma de juzgar a los verdaderos culpables, la petrolera bien protegida por el nohayderecho internacional y los políticos “al mando” de entre los cuales a uno nos pareció bien darle la presidencia del desgobierno.


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