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LUIS FIGUEROLA-FERRETTI

captura_de_pantalla_2015-11-25_a_las_13.18.29Cuando se va el compañero de tu vida, la persona a quien comprendías al primer atisbo del gesto, con quien vivías en una provocación constante a su talento en la seguridad de que siempre te sorprendería, cuando pierdes a quien siempre reía contigo, sientes la pérdida de lo que fuimos: una unidad de dos. Pasan los días, pero da igual. Vuelves a él todos los días. En cualquier momento, no importa en lo que estés ocupado, salta un recuerdo, la añoranza y el enfrentamiento a la triste realidad de que ya nunca podrán conversar los personajes que en ti habitan con los que moraban en él. Y la seguridad de que ya no habrá más anécdotas (de esas que sólo le pasaban a Luis) que incorporar a la mochila de los momentos inolvidables. Así que uno vive en un estado de emoción melancólica que siempre deriva en una sonrisa acogedora, porque cualquier recuerdo de Luis acaba alegrándote el alma.

Todos los que nos conocieron saben que teníamos una relación peculiar. No éramos unos simples compañeros de trabajo ni unos amigos que compartieran su vida. Teníamos una relación de apariencia distante, un insinuado desapego que nos permitió estar juntos tanto tiempo. Pero, más allá de esa puesta en escena, nuestra relación se construía sobre dos pilares fundamentales: la admiración y un enorme cariño. En eso y en el convencimiento de que juntos éramos mucho más que una suma de talentos individuales. Nos hacíamos crecer mutuamente y jamás competimos por brillar el uno más que el otro. Antes al contrario, lo que hacíamos era cedernos el testigo para, juntos, seguir creciendo. Por eso y por los momentos que me hizo vivir tengo que estarle eternamente agradecido.

Conocí a Luis en 1985, cuando yo era becario venido a más en el Instituto Nacional de Hidrocarburos y se presentó con su agencia a un concurso para una campaña de publicidad. Una creatividad magnífica presentada como solo Luis era capaz de hacerlo, es decir, quitándole importancia a su idea al tiempo que afirmaba que eso de la publicidad era un engañabobos. Yo pensé: qué forma más rara tiene este hombre de vender su campaña. Tal vez como consecuencia de ello, no la consiguió, a pesar de que, para el becario, la suya era la mejor creatividad. Pero la venta, así entre nosotros, creo que nunca fue uno de sus fuertes.

Meses más tarde nos juntó en la Cadena SER Julio César Iglesias. Nos sorprendimos mutuamente, porque yo no sabía que él hacía personajes ni él que yo fuera capaz de recrearlos. Y nació una pequeña sección radiofónica en la que su Manuel Fraga se enfrentaba a mi Felipe González sin más guión que lo que surgiera en el momento. Aquella sección acabó derivando en La Verbena de la Moncloa, un aquelarre radiofónico en la que llegamos a juntar más de 40 personajes en dos horas radiofónicas de pura y dura improvisación. Y, partir de ahí, veinte años contemplaron nuestras travesuras.

Siempre me sorprendió el contraste entre el Luis metido a personaje, siempre seguro y nada dubitativo, y el Luis-Luis, un ser despistado, curioso, culo inquieto, contradictorio, pero siempre genial y, sobre todo, distinto. Luis era esa persona que se aburría yendo al colegio todos los días por el mismo camino y que decidió que, para entretenerse, lo que mejor que podía hacer hacer era leer los rótulos al revés. Y tanto debió practicar el nuevo entretenimiento que mantuvo durante toda su vida una espectacular capacidad para hablar a la inversa.

Después de tantos años de convivencia, llegué a entender que Luis siempre se repartía entre dos mundos: el que acontecía a su alrededor y ese otro al que él viajaba constantemente y en cualquier circunstancia. Tras un arduo esfuerzo de recopilación de datos, llegué a la conclusión de que Luis prestaba atención al 50-60% de lo que estaba pasando y que el 40% restante lo pasaba atendiendo a lo que acontecía en su otro mundo. Lo que debo confesar es que nunca supe distinguir el momento en el que me estaba haciendo caso de aquel otro en el que, aunque te mirara, estaba preguntándose vete tú a saber qué cosa. Así que ibas a una reunión con él y se enteraba de menos de la mitad de lo que se hablaba. El resto tenía que completárselo yo, para su sorpresa, en conversaciones posteriores.

Son muchas las anécdotas vividas con Luis y, como la memoria es traidora, temo que, con el paso del tiempo, algunas de ellas se me vayan olvidando. De tal forma que, antes de que eso suceda, quiero compartir con quien lo desee esos momentos vividos, muchos de ellos contados y reídos en la radio y en reuniones de amigos. Porque, además, Luis contaba con toda naturalidad las cosas que le sucedían.

La primera anécdota que quiero traer es una de la que me enteré el mismo día del fallecimiento de Luis. Me llamó un amigo común para compartir nuestro pesar y me dijo que hacía unos meses, después de mucho tiempo sin verse ni hablar, le había llamado Luis por teléfono. Debo decir aquí que las llamadas de Luis solían empezar por un saludo acompañado de un momento de silencio que desconcertaba las primeras cien veces, luego ya un poco menos. Llegué a la conclusión de que él utilizaba esos segundos para recordar por qué te había llamado en un viaje relámpago de regreso de su mundo. Volviendo a aquella llamada, reproduzco a continuación como fue:

  • ¿Javier? (también se llama Javier el amigo común)
  • Hola soy Luis Figuerola-Ferretti.
  • Hombre Luis, qué alegría.
  • (Silencio) ¿Te acuerdas de un reloj que tenía yo que te gustaba mucho?
  • Sí, creo, que sí.
  • Pues se me ha estropeado (silencio).
  • Vaya, pues lo siento mucho (con un poco de desconcierto matizado por el hecho de que quien llama es Luis).
  • Y he pensado que me invites a comer un día.
  • Bueno, bien, hace mucho que no nos vemos…
  • Y te lo regalo. Eso sí, la reparación te la pagas tú.
  • Bueno, vale, me parece bien.
  • Bueno, pues me llamas y lo organizamos, adiós.
  • Adiós, Luis.

Para tristeza de nuestro amigo, no acabaron organizando esa comida y no pudo ver a Luis antes de que se lo llevara la enfermedad. Así era Luis y estoy convencido de que quienes le conocían no se sorprenderán por una llamada un tanto surrealista como esta.

Pretendo, de vez en cuando, compartir con vosotros las cosas de Luis de las que yo me acuerdo. Sirva esta primera entrega para recordarle con todo el cariño y para volver a expresar el dolor por esta pérdida tan injusta. Un abrazo fuerte, genio, amigo.


15 Responses to “LUIS FIGUEROLA-FERRETTI”


  1. 1 Vivians
    Domingo, 27 diciembre, 2015 a las 11:38 pm

    Capi, tú que siempre me haces reír, acabo de leer tu nota y tengo los ojos llenos de lágrimas.
    Pero una sonrisa en los labios.
    Empezaré el año ilusionada con tu promesa.
    Mil gracias, Capi.

  2. 2 Viviana
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 1:18 am

    Hola Capi, nuevamente yo, para comentarte que, aún con lágrimas, se me dió por darle a “ANTERIOR” y anterior y anterior y de pronto pe topé con otras lágrimas, las de Julio Cesar Iglesias.
    Había llegado al fatídico mes de Agosto del 2007. El mes que terminaron de dejarnos huérfanos del todo. O casi, el último mazazo fue el final de Clásicos Populares, casi un año después, y también medio camuflado por el verano y las vacaciones en una época en que no era todavía común seguir los programas en podcast.
    En fin, no sé por qué estoy contándote todo esto, quizás por quitarme algo que tenía guardado sin poder decírselo, al menos, a uno de ustedes. Fue muy triste para mí dejar de oír sus voces, voces que primero unas, después otras fui descubriendo y me fueron acompañando desde 1997, año en que llegué a vivir, por fin, a un país donde se hablaba mi lengua.
    Gracias Capitán. Y en ti, gracias a todos.

  3. 3 Viviana
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 3:12 pm

    Anterior a ese comentario te había escrito otro sobre lo que sentí cuando leí lo que nos contabas de Duende, espero que lo hayas recibido. Nuevamente, muchas gracias por estar aquí. Y aprovecho para decirte que fue una gran alegría que volvieras a Rne.

  4. Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 3:44 pm

    Me divierte muchísimo constatar cómo amigos y profesionales tuvisteis que lidiar con los dos mundos paralelos de El Duende, igual que nosotros hijos y familia.

    Te envío a sus seguidores, desde su blog, para que puedan leerlo de primera mano.

    Abrazo fuerte.

  5. 5 Figueretti
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 8:58 pm

    Gracias Javier un certero y cariñoso retrato. Un fuerte abrazo,

    Guillermo

  6. 6 Bête en sauce
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 9:02 pm

    Magnífica semblanza, Javier, que sólo podías hacer tú que le conocías como pocos, y como nadie en lo profesional. Me quedo con esta frase: “cualquier recuerdo de Luis acaba alegrándote el alma” . Aunque todavía se nos humedezcan los ojos cuando lo recordamos.

  7. 7 lola
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 9:18 pm

    Es estupendo recordar a El Duende, lo echo de menos en la radio y en su blog. Sois una pareja estupenda, sigo escuchando La Carcajoda y disfrutando de ella con una gran sonrisa. Geniales los dos.

  8. 8 Isabel
    Lunes, 28 diciembre, 2015 a las 9:48 pm

    Gracias por tus cariñosas observaciones Javier! Qué bien conocías a Luis!

    • 9 Chita
      Martes, 29 diciembre, 2015 a las 3:50 am

      Querido Javier . ! Que buena semblanza de Luis y con que cariño escrita!
      Recuerdo con nostalgia y también con mucho cariño aquella Verbena de la Moncloa inolvidable y tantos programas con vosotros de emisora en emisora.
      Yo también me quedo con aquello de que cualquier recuerdo de Luis te arranca una sonrisa.
      Un gran abrazo!

  9. 10 Chita
    Martes, 29 diciembre, 2015 a las 3:35 am

    Que buen retrato de Luis y cuanto cariño y compenetración destila Javier! Recuerdo con nostalgia y también con mucho cariño aquellos años en la radio con vosotros. Contigo y sus duendes podremos creer que no se ha ido del todo. Gracias!

  10. 11 Chita
    Martes, 29 diciembre, 2015 a las 4:30 am

    Qué bien le conocías Javier! Y con qué cariño hablas de él! Yo recuerdo con gran nostalgia aquella inolvidable Verbena de la Moncloa ! Y las risas de emisora en emisora con vosotros , cuantos buenos momentos!
    Hablar de Luis o recordarle es volver a sonreír. Que razón tienes!
    Un gran abrazo!

  11. 12 Palinuro
    Martes, 29 diciembre, 2015 a las 3:01 pm

    Es curioso, Javier, tengo la convicción de que llegaste tu a conocer los mundos de El Duende mejor que yo que, al fin y al cabo, formaba parte de su entorno familiar mas cercano. Me estás haciendo descubrir múltiples facetas de su variopinta personalidad que yo había sido incapaz de detectar a lo largo de casi setenta años de “fraternidad”. Es lo que tiene trabajar juntos durante un largo período – muchas horas juntos de toma y daca – frente a las reuniones familiares de rigor de una parentela cuantiosa en las que acababas muchas veces con tan solo un saludo protocolario y un intercambio de frases sin mayor enjundia. ¡Cosas de las familias numerosas!
    Muchas gracias, Javier, por traernos a la luz tu perspicaz retrato de Luis, evitando así que nuestro conocimiento de él se quedara en un simple esbozo de su personalidad. Espero con impaciencia las entregas sucesivas que nos prometes.
    Un abrazo.

    Pablo

  12. 13 Julia Yturriaga Matarranz
    Martes, 29 diciembre, 2015 a las 4:26 pm

    Con el programa de Julio César Iglesias y los personajes de Luis y de Javier, me arreglaba cada día tan contenta para irme a trabajar….Y fueron muchos años…..irrepetibles!!!!

  13. 14 wallace97
    Domingo, 17 enero, 2016 a las 12:49 pm

    U recuerdo muy especial para El Duende en el día de hoy, aniversario de su nacimiento. Un fuerte abrazo para sus familiares y amigos.


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