Archivos para 24 febrero 2016

24
Feb
16

Y si…

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En la vorágine de noticias sobre la posible formación o no de un gobierno, acostumbramos a no mirar mucho más allá de lo inmediato. Lo inmediato de hoy ha sido la firma del acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. A continuación nos espera el aluvión de declaraciones de políticos y de quienes, a través de las tertulias, quieren influir más que aquellos en nuestros pensamientos y decisiones.

Es obvio que los dos partidos no “suman”. Y, como ni Sánchez ni Rivera son tontos, no hace falta que se lo recordemos constantemente. Ya lo saben. La cuestión es si, ante el panorama de la repetición de elecciones, quienes no han firmado el pacto están dispuestos a sumarse o a abstenerse, porque al fin y al cabo este acuerdo lo que obliga es a retratarse a cada cual ante algo que es mucho más concreto (con todas las ambigüedades que contenga) que unas negociaciones.

En un panorama político tan volátil o más que la bolsa, nadie tiene muy claro qué podría pasar en caso de repetirse las elecciones. Del primer vaticinio de que eso sólo favorecería a PP y Podemos, se ha pasado a un todo más o menos igual e incluso a algunas encuestas que prevén un retroceso de PP y de Podemos. ¿Qué pasará en junio? Absolutamente difícil de aventurar. Pero hagamos alguna suposición. Visto lo sucedido en diciembre, no parecería muy aventurado imaginar que Podemos intente confluir todavía más y que, esta vez sí, se intente un acercamiento con Izquierda Unida con la idea de superar al PSOE. Quedaría por ver si su actitud en estos meses (en especial la del “vicepresidente”) les puede penalizar algo o no, pero, aunque así fuera, sería posible un crecimiento en esa izquierda. En una situación como esa, la única opción que le quedaría a los socialistas es intentar crecer con un voto algo más moderado lo que, de algún modo, puede responder a la filosofía de su acuerdo con Ciudadanos. Queda por saber el efecto que la actitud de Rajoy y lo nuevo conocido en materia de corrupción pueda tener sobre su electorado.

En esa tesitura, con un acuerdo ya firmado, ¿es descabellado pensar en una posible coalición electoral PSOE-Ciudadanos si se repiten las elecciones? Si proyectamos los resultados de diciembre, esa coalición se situaría ya por encima de los 130 escaños actuales y es razonable pensar que, ante lo sucedido (llegaríamos allí por negativas de PP y Podemos). Si sumarían más apoyo o si sus bases electorales penalizarían esa opción es algo sobre lo que tal vez las encuestas deban empezar a preguntar.

Si se da esta situación, es posible que el PP deba replantearse su postura, porque igual dejarían de ser la fuerza más votada, con lo que perderían el sustento de su argumento político actual con el que niegan a Sánchez legitimidad para encabezar un gobierno.

Todo esto no son más que conjeturas de un tipo que va en el AVE. Va tan rápido que te hace fabular sobre el futuro. Seguramente, sin el menor fundamento. ¿Conclusión? Ninguna, sólo quería aportar mi granito de arena a la confusión.

09
Feb
16

Luis escritor

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Todos los que habéis leído el blog de El Duende de la Radio conocéis bien la capacidad de Luis para la escritura. De tal forma que a ninguno nos resulta extraño que un día le diera por escribir un libro. Luis, en consecuencia, se embarcó en la aventura de escribir sobre uno de sus personajes más conocidos: Doña María.

En gran medida, escribir sobre Doña María no era muy complicado. Se trataba de trasladar al papel las innumerables historias que durante tantos años de radio había ido creando alrededor de aquella mujer “gruesa de los nervios”. Es más, muy probablemente la mayor complejidad del trabajo no era tanto la escritura como el cribado de las historias de la gladiador del hogar.

Desconozco el método de trabajo de Luis, pero imagino que se dedicó a escribir historias sueltas en el ordenador con el que tan mala relación tenía y que, una vez recopìladas las que fueran necesarias para componer un libro, las juntó y las releyó.

El problema de Doña María es que tenía un universo amplio. El próximo, el de su marido, Oscar Luis, Tatianita, Petra Mari y Rubén estaba bajo control. El problema es que las anécdotas de Doña María se movían entre otros muchos personajes y es ahí donde apareció el problema.

Un día recibí una llamada de Luis…

  • Hola, Luis (al ver que era él quien me llamaba)
  • Javier, soy Luis (a continuación ese silencio habitual de Luis a pesar de que fuera él quien te llamaba). Quería preguntarte una cosa
  • Tu dirás
  • Mira, es que estoy con el libro de Doña María y quería saber tu opinión.
  • Mi opinión sobre qué
  • No… bueno, que si tú crees que es importante que los personajes se llamen siempre igual
  • (Ante lo raro de la pregunta) ¿Te refieres a que si es importante que te refieras a ellos siempre con el mismo nombre?
  • Sí, es que he visto que en un capítulo les llamo de una forma y luego de otra y no sé
  • Pues, Luis, es importante si quieres que el libro se entienda. Si no…
  • Vaya, eso me imaginaba, gracias (y colgó)

Supongo que Luis necesitaba una cierta confirmación de que era necesario realizar un trabajo que no le apetecía nada hacer. Eso de revisar le debía resultar tedioso. Si no recuerdo mal, creo que fue alguno de los hijos quien se encargó de la labor de hacer coherente el libro, pero serán ellos quienes puedan confirmarlo.

Vamos, que este post lo podría haber iniciado contando que Luis decidió escribir un libro sobre Doña María y que, cuando Adolfo acabó de escribir las historias, Antonio se dio cuenta de algunas incoherencias en los nombres de los personajes, de tal forma que Fernando me llamó para preguntarme si eso me parecía importante.

El libro, afortunadamente, se publicó.

08
Feb
16

De los pactos

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El lío que montamos los electores con nuestros votos en las pasadas elecciones de diciembre lo están magnificando los elegidos, incapaces hasta el momento de haber ido un metro más allá de la línea de salida en la que les dejamos los ciudadanos.

Por fin empiezan a producirse los primeros movimientos, aunque no sabemos si, más allá de echar un ojo a izquierda y derecha, alguien ha sido capaz de coger el mínimo impulso de ánimo como para ir hacia adelante.

La situación, para “divertímiento” de quienes participan en las tertulias políticas (esa gente en la que muchos han delegado su capacidad de pensar para luego repetir en bares y oficinas sus mantras), da para mucho comentario, pero la otra situación, la del país en que vivimos, merece que valoremos lo que de verdad nos estamos jugando.

Venimos de una crisis perversa, de un terremoto económico al que le vienen siguiendo réplicas de mucha intensidad que vuelven a regar de miedo los mercados, los países y a los ciudadanos. Este inicio de 2016 es un claro ejemplo de ello. Y, con el temor a la siguiente réplica, ni tan siquiera podemos decir eso de “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, porque nuestro “estar” no es aceptable en un país en el que el paro sigue siendo brutal y en el que la pobreza es la triste realidad de mucha gente. Es cierto que nuestra situación económica ha mejorado en los últimos dos años, pero lo que tenemos ante nosotros es el reto de seguir avanzando hacia una situación más próspera y justa frente al riesgo de volver a la pavorosa casilla de salida. Ese debe ser nuestro objetivo, algo que sigue siendo difícil por el entorno en que vivimos. España, para levantar las persianas, necesita que nos sigan prestando ingentes cantidades de dinero. En nuestra mano está generar la confianza necesaria para que eso suceda (podemos ser un polo de atracción en un panorama internacional sombrío) o una desconfianza que puede meternos en un lodazal del que nos cueste mucho salir.

Este mundo globalizado que nos ha tocado vivir ha roto los equilibrios clásicos entre el poder económico y el político en detrimento de este último, con el consiguiente recorte en la capacidad de decisión de los gobiernos.  Como debemos mucho, vivimos en parte supeditados a los mercados, a que nos refinancien la deuda existente y la nueva. Y vivimos también bajo la supervisión de los organismos europeos. Vamos, que la soberanía existe, pero ya no es lo que era cuando las ligas se jugaban en casa. En este contexto es en el que se enmarcan nuestros deseados pactos y, también en este contexto, deberíamos valorar si lo que nos prometen unos y otros es o no viable.

Las elecciones las ganó el Partido Popular, como desde ese partido se repite una y otra vez. Liderado por un hombre experto en esperar, parece que esta vez se está esperando a sí mismo y no se acaba de encontrar, motivo por el cual no ha hecho el menor esfuerzo que sepamos por constituir un gobierno. Rajoy apuesta su éxito al fracaso ajeno, sin darse cuenta de que corre el riesgo de que ese sea su propio fracaso. Pero la cuestión de fondo es si el PP puede liderar un gobierno en las actuales circunstancias. En mi opinión, va a resultar muy difícil incluso en el caso de que consiguiera los apoyos necesarios. En los próximos años el PP va a estar expuesto a un rosario de juicios por las tramas de corrupción ya conocidas, que puede hacer la situación insostenible para el propio partido y para quienes pudieran apoyarle. Hasta ahora el PP ha aguantado el tirón apoyado en su sólida mayoría absoluta. ¿Se puede aguantar lo que se le viene encima con 123 diputados? Cuanto menos, esta situación convertiría en inestable cualquier gobierno presidido por Rajoy, que no sabemos si podría ser suficientemente fuerte.

Frente a un Rajoy que parece dispuesto a gobernar si no queda otro remedio, nos encontramos con un Pedro Sánchez que no tiene más remedio que gobernar dada la situación en la que se encuentra en su partido. Sus alternativas son pocas y difíciles de poner en pie, más aún si tenemos en cuenta que las primeras reacciones de sus posibles socios excluyen la posibilidad de un pacto con Podemos y Ciudadanos, lo cual, dada su concepción de la sociedad es bastante fácil de entender.

La opción de un acuerdo con Podemos, que necesitaría de otros apoyos (por lo menos en forma de abstención) parece arriesgada. Dada la manifiesta intención que tiene Podemos de acabar ocupando el espacio del Psoe, cualquier acuerdo nacería bañado con una pátina de desconfianza. Podemos manejará una estrategia de comunicación en la que lo que crean bueno se habrá conseguido gracias a ellos y en la que lo que no se haga será sin duda culpa de estos socialistas que ya no son lo que eran. Para Podemos, dejar caer ese gobierno siempre será una opción una vez crean que el desgaste del Psoe les pueda permitir conseguir su objetivo. De algún modo, es la tesis que Iglesias y los suyos están abonando ya ante una posible repetición de las elecciones (prefieran pactar con las derechas). Y en esa hipótesis no debería descartarse un acuerdo con IU que haga que, esta vez sí, el Psoe no pueda mantenerse como segunda fuerza política en el país. Tal vez los ofrecimientos de Podemos sean sinceros, pero también es legítimo pensar que son una mera estrategia para no alcanzar un pacto y cargar sobre la espalda del Psoe la responsabilidad del fracaso.

La otra opción que tiene el Psoe es el acuerdo con Ciudadanos, aparentemente más viable por la correlación de fuerzas y por su actitud de partida. Como socio, parece que Ciudadanos no plantea los riesgos comentados en el caso Podemos, aunque indudablemente el partido de Pablo Iglesias tatacaría al Psoe con el ya comentado pacto “con las derechas”. La forma de evitar ese riesgo de “contaminación” estaría vinculada a la acción reformista de ese gobierno y al componente social de sus políticas, algo en lo que creo que es posible consensuar con Albert Rivera y su equipo.

El problema es que no suman y que necesitan alguna suerte de apoyo del PP para que eso pueda salir adelante, algo que, en este momento, parece poco probable. Y, de nuevo, aunque ese apoyo se diera en la investidura, estaríamos frente a un gobierno con una débil base parlamentaria expuesto a una crisis que en cualquier momento podría provocar el PP situándose en su contra. Lo cual, de nuevo, es un importante riesgo para los socialistas.

Finalmente, nos queda la opción que a día de hoy parece más inviable, la de una gran coalición PP-Psoe-Ciudadanos. Parece difícil, en primer lugar, por la mera confrontación de programas. Lo es también por los riesgos que supone para los partidos de cara a su electorado, mayor seguramente en el caso del Psoe. Por otra parte, da la impresión de que, tras el debate electoral, la relación entre Rajoy y Sánchez quedó bastante tocada y la política tiene también un componente de de entendimiento personal que puede favorecer o dificultar acuerdos. ¿Qué formación presidiría este gobierno? ¿La más votada con lo que le espera en los juzgados? ¿El Psoe con menor respaldo electoral? ¿Ni los unos ni los otros? Complicado.

Esta opción, seguramente la preferida más allá de nuestras fronteras, necesariamente debería contemplar grandes acuerdos nacionales, porque, de no ser así, carecería de sentido. Por otra parte, si fueran capaces de consensuar grandes pactos que reformaran en profundidad la sociedad española para actualizar el pacto constitucional, el bipartidismo ganaría tiempo para lamerse las heridas y dejaría en la oposición (donde a veces hace mucho frío) a un Podemos al que se le cambiaría el paso en el manejo de los tiempos. Puede que Ciudadanos sufriera en esa hipótesis (para qué hace falta un tercero si entre los dos grandes han llegado a acuerdos), pero de su habilidad política y de comunicación dependería la capacidad de salir airoso de esa situación. ¿Y cómo saldrían los grandes del experimento? Eso dependería de los resultados de la acción ese gobierno, de la capacidad de convencer a los ciudadanos de que pusieron los intereses de país por delante los partidarios, aunque todos sepamos que estos últimos siempre estarán ahí. Muchas incógnitas, sin lugar a dudas.

Hay quienes contemplan esta solución sin Rajoy ni Sánchez, con una presidencia que recaiga en alguien con un prestigio internacional importante, con una agenda de reformas ambiciosas, el apoyo de los tres partidos y una legislatura relativamente corta. ¿Política ficción? Lo que estamos viviendo ahora lo parecía hace tan solo un año. Así que vaya usted a saber.

PD. Aliñemos todo esto con las decenas de encuestas que nos van a servir (intención de voto, valoración de pactos, pactos preferidos, valoración de líderes…), un poco de Cataluña, nuevas redadas, titiriteros, filtraciones… ¡Qué baberidad!

(Fotografía: MARISCAL EFE)



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